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Os Areeiros, Elisa Ruibal y Roberto da Lufiña conquistan el palmarés de la Festa do Viño de Vilaboa

El alcalde, César Poza, reivindica la protección del campo y el mar frente al cambio climático en una edición que ratificó la consolidación del evento

Asistentes, este domingo, a la décimo tercera edición de la Festa do Viño de Vilaboa.

Asistentes, este domingo, a la décimo tercera edición de la Festa do Viño de Vilaboa. / FdV

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Bajo la sombra protectora del viaducto de Riomaior, Vilaboa volvió a demostrar que su identidad se escribe con el sudor de quien mima la vid. La XIII edición de la Festa do Viño fue más allá de una suma de cifras y galardones para revalidarse como el triunfo de una forma de entender la tierra, un fin de semana donde el cristal de las copas devolvió el brillo de un sector que, pese a las incertidumbres, se resiste a perder su esencia.

El ambiente en el recinto fue un pulso constante de alegría, un rumor de conversaciones cruzadas que solo se detuvo cuando el humor de Sobria e Serena tomó el escenario. Con un pregón que diseccionó con maestría y retranca la realidad cotidiana de este rincón rural, lograron que el público se viese reflejado en el espejo de la risa, en una jornada en la que brilló el reconocimiento al esfuerzo callado de todo un año.

En el corazón de la cata, donde los matices de la IXP Ribeiras do Morrazo dictan sentencia, la bodega Os Areeiros se alzó como una de las grandes protagonistas de la jornada, logrando un equilibrio envidiable al llevarse la plata en blancos y el oro en tintos. No se quedó atrás la pericia de Costas de Exportación, que amarró el oro en blancos, mientras que Ardán completó el cuadro de honor de las bodegas con una meritoria plata en la categoría de tintos. Ellos confirmaron que Vilaboa no solo produce vino, sino que esculpe piezas de colección con nombre propio.

Foto de familia de los premiados.

Foto de familia de los premiados. / FdV

Pero si algo define la herencia de este municipio es el trabajo de sus viticultores, esos colleiteiros que mantienen vivo el paisaje. Este año, los nombres de Elisa Ruibal y Roberto da Lufiña quedaron grabados en el palmarés de la excelencia. Elisa lideró el podio de los tintos, seguida de cerca por Roberto da Lufiña y Martín Torres. Roberto demostró su versatilidad al conquistar también el primer puesto en blancos, en una reñida competencia con Antonio Juncal y Manuel Collazo Fernández, que se coronaron respectivamente con el segundo y tercer premio.

Brindis del alcalde con los asistentes.

Brindis del alcalde con los asistentes. / FdV

El ambiente en el recinto fue un pulso constante de alegría, un rumor de conversaciones cruzadas que solo se detuvo cuando el humor de Sobria e Serena tomó el escenario

El alcalde, César Poza, flanqueado por su equipo de gobierno, no ocultó su orgullo ante lo que definió como un escaparate consolidado de la identidad local. Sin embargo, entre brindis y felicitaciones, hubo espacio para la memoria y la advertencia. Poza lanzó un mensaje nítido hacia las administraciones: el campo y el mar, esos dos pulmones de Vilaboa, necesitan protección real frente a la amenaza de un cambio climático que ya no es una teoría, sino una realidad que golpea las cosechas.

Mientras la música de Mallou ponía ritmo a una sesión vermú que desbordó todas las expectativas de la organización, quedaba en el aire la certeza de que esta fiesta es mucho más que un evento gastronómico. Es el día en que Vilaboa se mira al espejo y se reconoce en el brillo de un vino que sabe a tradición, a familia y, sobre todo, a un futuro que se defiende trago a trago.

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