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Fisterra salda una deuda histórica con Ramón Marcote, impulsor de la teoría del Colón galego

La localidad natal del emigrante y autodidacta se prepara para reconocer su legado con el nombramiento de hijo predilecto y la edición conmemorativa de su obra cumbre

Comité pro Colón galego de La Habana, presidido por Ramón Marcote, sentado en el centro de la imagen, quinto por la izquierda.

Comité pro Colón galego de La Habana, presidido por Ramón Marcote, sentado en el centro de la imagen, quinto por la izquierda. / Asociación Colón Galego

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Hay vidas escritas con la tinta de la superación y el salitre de la emigración. La de Ramón Marcote es una de ellas, aunque durante décadas su nombre habitara en ese rincón de la memoria donde el tiempo suele acumular olvido. Ahora, el viento de Fisterra sopla a favor de su historia. Su tierra natal, esa que dejó siendo un joven analfabeto para buscarse el pan en Cuba, se prepara para saldar una deuda histórica: el Concello ha previsto declararlo hijo predilecto a título póstumo y colocar una placa en la casa que lo vio nacer.

La figura de Marcote es, ante todo, la de un hombre que se construyó a sí mismo entre estanterías y libros. Al llegar a La Habana, las escuelas nocturnas para gallegos fueron su refugio. Allí, donde la morriña se combatía con letras, pasó de no saber leer a convertirse en el bibliotecario del Centro Gallego de capital cubana, un cargo que ostentaría hasta su muerte y desde el cual ejercería una influencia cultural sin precedentes.

Para Eduardo Esteban Meruéndano, presidente de la Asociación Colón Galego, Marcote es una pieza clave en el puzle de la identidad gallega. «Fue un impulsor de la creación de la bandera y del himno; de hecho, el Himno Gallego se estrenó por primera vez en La Habana, promovido por él», recuerda. Su labor no se limitó a la gestión documental; Marcote era un activista de la galleguidad que entendía que los símbolos son el pegamento de un pueblo disperso por el mundo.

Pero si algo apasionó a Marcote fue la defensa de la galleguidad de Cristóbal Colón. Desde su atalaya en Cuba, fundó y presidió comités «Pro Colón Español» (entendido como gallego) no solo en la isla, sino en países como Bolivia, Paraguay o Argentina. Logró incluso filtrar este mensaje en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, a pesar de la vigilancia de un Estado español que por aquel entonces miraba con recelo estas teorías.

Para Eduardo Esteban Meruéndano, presidente de la Asociación Colón Galego, Marcote es una pieza clave en el puzle de la identidad gallega. «Fue un impulsor de la creación de la bandera y del himno; de hecho, el Himno Gallego se estrenó por primera vez en La Habana, promovido por él», recuerda

El reconocimiento oficial vendrá acompañado de un hito literario: la presentación de la edición conmemorativa de su «Historia de Galicia». Marcote escribió esta obra pensando en los niños gallegos de la época, en los que detectaba una «deficiencia cultural» provocada por la falta de escuelas. Él mismo, que fue patrono de centros escolares en su parroquia fisterrana, quiso dejarles un legado donde se narrara el pasado de su tierra con orgullo, incluyendo, por supuesto, la tesis del Colón gallego.

Retrato de Ramón Marcote de 1919, con una dedicatoria a su madre.

Retrato de Ramón Marcote de 1919, con una dedicatoria a su madre. / Asociación Colón Galego

«Es una obra muy desconocida que ahora vuelve a ver la luz», explica el presidente de la asociación. La reedición forma parte de un movimiento cultural vibrante en Fisterra, impulsado por figuras como Modesto Fraga, que busca rescatar del silencio a los grandes nombres de la comarca.

Marcote no fue solo un historiador de nicho; fue un pensador del concepto de patria. Una de sus obras más filosóficas, titulada de forma contundente para la época, defendía la identidad española ante el distanciamiento de las repúblicas latinoamericanas. Curiosamente, su forma de titular ha resonado casi un siglo después; el escritor Arturo Pérez-Reverte celebró su III Ciclo de Letras en Sevilla bajo el lema «España. Mito o Realidad», un lema con el que el fisterrá había presentado una obra en a Exposición Iberoamericana de Sevilla y por la que fue premiado. Fue un guiño tal vez involuntario pero que demuestra la vigencia de la fuerza expresiva de aquel bibliotecario que salió de Fisterra sin saber escribir su nombre.

Con la placa en su casa natal y este reconocimiento institucional, Fisterra no solo premia a un intelectual, sino a un hombre que, desde la distancia del océano, nunca dejó de trabajar para que su tierra tuviera escuela, historia y una voz propia en el mundo. La cosecha de Ramón Marcote, noventa años después, por fin vuelve a casa.

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