Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Ciencia

Ponteciencia llena de pequeños científicos el campus de la UVigo

Más de 300 escolares y familias defienden en el Ponteciencia sus investigaciones ante el jurado en la feria científica de Pontevedra

Ponteciencia repite una nueva edición en el campus de la UVigo.

Ponteciencia repite una nueva edición en el campus de la UVigo. / Gustavo Santos / FDV

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Pontevedra

Los nervios se notaban antes incluso de empezar a hablar. En cada mesa había carteles, maquetas, botes, gráficos, muestras y niños preparados para explicar al jurado aquello en lo que llevan semanas trabajando. Ponteciencia 2025 arrancó su primer día de exposiciones con la escena de los escolares defendiendo sus investigaciones como pequeños científicos, entre la emoción de enseñar lo aprendido y la responsabilidad de hacerlo bien.

La Escola de Enxeñaría Forestal de Pontevedra se convirtió durante la mañana en un laboratorio abierto, lleno de voces infantiles, preguntas, observaciones y experimentos. Ponteciencia reúne 34 proyectos de investigación, con participación de centros educativos y familias, en una edición que vuelve a apostar por acercar la ciencia a edades tempranas. La organización calcula que hay más de 300 participantes directos, entre niños, docentes y familias implicadas en los trabajos.

La jornada echó a rodar con carreras de última hora, dudas sobre dónde colocarse, profesores buscando a sus grupos, jurados orientándose entre los puestos y alumnos repasando mentalmente lo que iban a decir. Saleta González, coordinadora de Ponteciencia, lo resumía así poco después del arranque: «La sensación es una mezcla de alegría y de estrés, las dos cosas al mismo tiempo». A su alrededor, los alumnos de Primaria ocupaban ya sus stands. «Ellos están nerviosos porque van a exponer sus investigaciones al jurado, entonces te transmiten ese nerviosismo. Quieres que todo esté colocado en su sitio, que vayan a sus grupos, a sus stands, y luego tienes también el tema de jurados y actividades. Todo empieza al mismo tiempo», explicaba.

Pontevedra. Ponteciencia, actividad escolar de ciencias en el campus de la UVigo.

El puesto que ha investigado sobre Alfonso X El Sabio. / Gustavo Santos / FDV

Lo mejor, sin embargo, llega cuando los niños empiezan a hablar. Al principio con timidez; después, con una seguridad que muchas veces sorprende a los adultos. «Eso es lo más guay. Ver que están nerviosos, pero luego empiezan a contarte con pasión», contaba González. En los pasillos, esa pasión se traduce en explicaciones sobre el ciclo del agua, los microorganismos, la contaminación acústica en las ciudades, el compostaje o los bioplásticos entre otros proyectos.

También hay investigaciones muy pegadas a la vida diaria. Una de ellas, realizada por alumnos de un centro de educación especial, estudia las bebidas azucaradas y su efecto sobre los dientes. «Recomiendo ir a verla porque realmente te planteas volver a beber ciertas cosas», apuntaba la coordinadora. Otra de las propuestas analiza cómo el pH del suelo influye en el color de las hortensias, una pregunta sencilla en apariencia, pero con mucha ciencia detrás. También hay trabajos documentales, como uno sobre Alfonso X, nacido a partir de la curiosidad por grabar una cantiga en clase de música y que terminó derivando en una investigación con interpretación incluida.

Pontevedra. Ponteciencia, actividad escolar de ciencias en el campus de la UVigo.

El certamen reúne a más de 300 participantes. / Gustavo Santos / FDV

Ponteciencia no solo mira a los colegios. Una de sus partes más queridas es Ciencia en Familia, un formato que permite investigar en casa con madres, padres, abuelos, tíos o primos mayores de edad. «Es nuestra joya», defendía González. La idea es que cualquier niño pueda partir de una pregunta propia y buscar respuestas acompañado por su entorno más cercano. «Es una investigación muy chula porque nace de su curiosidad, de sus descubrimientos, y la hacen juntos», añadía.

La feria llega además con premios específicos, entre ellos el galardón a la mejor investigación en ciencias marinas, impulsado por el Instituto Español de Oceanografía, con el objetivo de reforzar la importancia del mar en la vida cotidiana y en el equilibrio de los ecosistemas. A ese reconocimiento optan varios trabajos relacionados con el medio marino.

Más allá de los premios, el fondo de Ponteciencia está en enseñar una forma de mirar el mundo. En tiempos de sobreinformación, la organización insiste en el valor del método científico como herramienta para distinguir hechos, opiniones y suposiciones. «Participar en esto significa enseñarles a pensar por sí mismos», resumía González. La coordinadora reconoce que despertar vocaciones científicas es una aspiración difícil de medir, pero no menor: «Uno no sabe nunca cuál fue la chispa que hizo que algo te llamara la atención».

Y quizá esa chispa esté estos días en una maqueta, en una pregunta sobre el agua, en una medición de ruido o en un experimento con dientes y refrescos. En Ponteciencia, la ciencia no aparece como algo lejano ni reservado a laboratorios inaccesibles. Se cuenta de pie, con cartulinas, nervios y orgullo, delante de un jurado y de cualquiera que le apetezca acercarse a escuchar.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents