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Pontevedra se viste de solidaridad con 250 voluntarios en la lucha contra el cáncer

Vecinos y Brilat se implican en la cuestación anual de la AECC

Veinticuatro mesas petitorias se reparten por la Boa Vila

Pontevedra se vuelca con la lucha contra el cáncer

Gustavo Santos

Bajo un sol que ha querido sumarse a la causa, Pontevedra ha amanecido hoy con un ritmo distinto, uno que no marcan los relojes de oficina, sino el tintineo de las monedas al chocar contra el fondo de las huchas verdes de la Asociación contra el Cáncer (AECC). En la plaza de A Ferrería, el aire se llena con el sonido de las gaitas y tambores de la Brilat, una banda sonora que rompe la rutina matinal para subrayar una jornada en la que la ciudad se mide por su solidaridad y el apoyo contra la enfermedad en cada esquina, en cada una de las 24 mesas petitorias repartidas por el mapa urbano.

Son 250 voluntarios los que han tomado las calles. Rostros conocidos, vecinos que saludan por su nombre y manos que llevan décadas sosteniendo la misma mesa. Entre ellos destaca Paqui Trujillo, firme en la mesa principal de A Ferrería, quien recibe a los viandantes con una sonrisa que desarma. Para ella, el objetivo es claro: «Planteamos que la gente colabore mucho para poder seguir adelante con todo lo que llevamos», explica mientras observa el trasiego de una mañana generosa. No se trata solo de recaudar, sino de sembrar conciencia sobre la prevención y la importancia de una vida sana, de dejar atrás el tabaco y abrazar el ejercicio.

El general de la Brilat con las voluntarias de la mesa de A Ferrería.

El general de la Brilat con las voluntarias de la mesa de A Ferrería. / Gustavo Santos

A pocos metros, la presencia del general de la Brilat, Andrés González Albarado, otorga al acto una solemnidad cercana. El Ejército no falta a su cita anual, prestando su apoyo logístico y el ánimo de su banda de guerra. «Es un honor», confiesa el general a unos metros del palio montado para la ocasión. Para él, esta contribución es vital porque la investigación oncológica «es un empeño que nos toca a todos, a ti, a mí, a cualquiera», y subraya el valor de ese pequeño gesto individual que acaba alimentando el esfuerzo colectivo de las instituciones y la sociedad civil.

Un vecino hace su donativo.

Un vecino hace su donativo. / Gustavo Santos

La solidaridad en Pontevedra no entiende de fronteras, pero sí de arraigo. Lo demuestra Chongné, una mujer de origen coreano que lleva 46 años viviendo en Pontevedra. Miembro de la Legión de María, acude fiel a la llamada de la cuestación porque, como ella dice con sencillez, hoy «toca apoyar». Es esa misma inercia de ayuda la que mueve a María Fernández, quien se desplaza desde Combarro para cumplir con una labor que siente como propia. «Es una enfermedad que nos toca a todos por desgracia y hay que ayudar como se pueda», comenta mientras asegura que, en un día como hoy, es capaz de llenar hasta dos huchas gracias a la respuesta de la gente.

Numerosos vecinos de la comarca recuerdan hoy que el cáncer no distingue de edades o clases sociales: la mitad de los hombres y una de cada tres mujeres lo padecerán a lo largo de su vida

Como ella, numerosos vecinos de la comarca recuerdan hoy que el cáncer no distingue de edades o clases sociales: la mitad de los hombres y una de cada tres mujeres lo padecerán a lo largo de su vida. Frente a la enfermedad, es vital la investigación y el apoyo a los enfermos, pero también la prevención, ya que los hábitos saludables que también están divulgando hoy los voluntarios ayudan a evitar hasta el 40% de los tumores.

Un grupo de voluntarias en el arranque de la cuestación.

Un grupo de voluntarias en el arranque de la cuestación. / Gustavo Santos

Y si de veteranía se trata, el nombre de Cuca Afar resuena con la autoridad de quien lleva medio siglo, cincuenta años exactos, siendo el rostro de la Asociación Contra el Cáncer en las calles. Ha visto evolucionar la cuestación, ha visto cambiar la ciudad, pero la esencia permanece intacta. Con una chispa de humor que aligera la gravedad del motivo, Cuca bromea sobre la generosidad de los donantes: «Los hombres nos dan más que las mujeres, no sé si será porque somos guapas o porque son más simpáticos», ríe, mientras reconoce que, aunque siempre se podría pedir un poco más, los pontevedreses responden con una nobleza que emociona.

Hoy, Pontevedra no solo ha puesto dinero en una hucha; ha puesto rostro a una lucha que se nutre de la investigación y del acompañamiento. Desde la mesa situada frente a la Subdelegación del Gobierno hasta el último rincón de Mourente o la Virgen del Camino, la ciudad ha demostrado que sabe ser estructura y refugio, y que, cuando el sonido de las gaitas de la Brilat se apague al final del día, lo que quedará será el eco de una sociedad que se niega a dejar a nadie solo en el camino.

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