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Ilusionismo

Yago Barral o la magia como profesión en Pontevedra

Un número de magia en la calle cuando era un adolescente cambió la vida del pontevedrés Yago Barral, que al verlo decidió dedicarse a esta profesión, una decisión difícil pero acertada, viendo su pasión al hablar sobre el ilusionismo

Yago Barral exhibe su magia para FARO.

Gustavo Santos

Pontevedra

A Yago Barral la magia le entró por los ojos en plena calle. Tenía unos 16 años cuando vio en Pontevedra a un mago realizar un número de esos inolvidables e inexplicables. No recuerda quién era aquel artista, pero sí el efecto que produjo en él. «Me impactó bastante», recuerda. Tanto, que al llegar a casa sintió la necesidad de buscar en internet cómo era posible aquello que acababa de presenciar.

Ese primer asombro fue el inicio de una vocación que, con el tiempo, acabó convirtiéndose en oficio. Hoy, con 31 años, Barral vive al cien por cien de la magia. Actúa en pequeños locales, participa en festivales dentro y fuera de Galicia y se ha especializado también en eventos privados, especialmente bodas, comuniones y celebraciones familiares.

Como suele ocurrir con las profesiones artísticas, la decisión de dedicarse a la magia no fue recibida en casa con entusiasmo. «Hubo un problemilla ahí», reconoce en una entrevista con FARO. Fue por eso que empezó una carrera universitaria, para no quedarse con la duda, pero pronto tuvo claro que su camino era otro. «Sin consentimiento de mis padres decidí dejar la carrera y continuar con la magia», explica. La decisión no sentó bien al principio. «Hubo algo de drama», admite. Con el paso del tiempo, la familia acabó entendiendo su elección y apoyándola.

La formación llegó en Madrid, en una escuela de magia que ofrecía un título superior de carácter universitario. Allí estudió durante cuatro años con profesores de referencia en España y también con docentes llegados de fuera. El programa no se limitaba a aprender trucos. Incluía cartas, monedas, mentalismo, iluminación, sonido, teatro, pantomima, hipnosis e incluso fakirismo.

El mago Yago Barral, en la Praza de San Xosé de Pontevedra.

El mago Yago Barral, en la Praza de San Xosé de Pontevedra. / Gustavo Santos

Tras el primer año ya empezó a actuar durante el verano. Cada curso le iban llamando para más funciones y, al terminar, ya podía vivir parcialmente de ello.

Ilusionismo de proximidad

El formato preferido de Yago Barral es el de proximidad. Así que no es raro que mientras se toma un café se ofrezca a realizar un truco a algún desconocido sentado en la mesa de al lado. «Lo mío no es tanto el gran espectáculo de escenario como las funciones reducidas, con grupos pequeños y una interacción directa con el público», resume. «Me siento cómodo en actuaciones íntimas, para unas treinta o cuarenta personas, en las que puedo ir de grupo en grupo y trabajar de cerca la sorpresa», afirma.

Esa cercanía es también una de las claves de sus actuaciones en locales. En Pontevedra ha ido construyendo una relación con un público variado, formado por familias, parejas, jóvenes, espectadores ocasionales... que se acercan a la magia desde la curiosidad. Para Barral, esa diversidad demuestra que la magia sigue teniendo capacidad de convocatoria. «Es para todos», sostiene.

Además de las funciones en locales, el mago pontevedrés ha encontrado en los eventos privados una línea de trabajo cada vez más importante. En las comuniones, explica, ya existe un mercado consolidado. Muchas veces son los propios niños quienes piden un mago para la celebración y las familias terminan contratando el espectáculo. En las bodas, en cambio, el sector está todavía en crecimiento. «La música, los DJ o los grupos en directo están plenamente normalizados, pero la presencia de magos empieza ahora a abrirse camino», Barral asegura que cada vez recibe más peticiones para este tipo de eventos.

«Me siento cómodo en actuaciones íntimas, para unas treinta o cuarenta personas, en las que puedo ir de grupo en grupo y trabajar de cerca la sorpresa»

Su actividad no se limita a Pontevedra. Cada año participa en tres o cuatro festivales en distintas comunidades autónomas. En los próximos meses tiene previstas actuaciones en Andalucía y en otros encuentros del circuito mágico.

En Pontevedra, sin embargo, Barral considera que «todavía queda camino por recorrer». Señala que hay algunas actuaciones puntuales, pero poca programación estable durante el resto del año. «Hay público que lo pide y lo demanda», afirma. Según explica, los locales se llenan cuando se ofrecen funciones, pero faltan magos profesionales en la ciudad que organicen actividades de forma continuada.

Con esa idea nació Abraioscopio, el festival de magia que se organiza anualmente en Pontevedra. La cita reúne alrededor de una treintena de actuaciones, entre funciones en bares y una gala de mayor formato, con una apuesta artística más ambiciosa. La próxima edición está prevista del jueves 17 al domingo 20 de septiembre, aunque este año llegará condicionada por el cierre del Teatro Principal tras la caída del falso techo. Esto obliga a buscar alternativas para la gala central. Barral trabaja con varias posibilidades, entre ellas el Pazo da Cultura. El resto de la programación mantendría el espíritu de cercanía que caracteriza al festival, con actuaciones en locales y espacios más reducidos.

Abraioscopio es, para Barral, «algo más que un festival». También es una forma de crear hábito cultural en torno a la magia. Su objetivo es contribuir a que Pontevedra tenga una programación mágica más activa y continuada, en línea con lo que ocurre en otras ciudades gallegas donde, asegura, «hay más profesionales y una presencia más destacada a nivel nacional e incluso internacional».

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