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Hostelería

El avance de las tarjetas y el descenso de las propinas

El auge del pago con tarjeta y contactless ha cambiado la forma de dejar propina en bares y restaurantes. La comodidad digital gana terreno mientras el efectivo se retira y, según el sector, también parte de esos pequeños gestos de agradecimiento.

La terraza del Nai Querida, en la Plaza de San Xosé.

La terraza del Nai Querida, en la Plaza de San Xosé. / Rafa Vázquez

M.S.R.

Pontevedra

La llegada de las nuevas tecnologías ha transformado la relación cotidiana con el dinero. La posibilidad de pagar sin efectivo, primero con tarjeta bancaria y después mediante sistemas como el contactless, abrió un abanico de opciones que han hecho que abonar una compra sea cada vez más rápido y cómodo. Hoy ni siquiera es necesario llevar la tarjeta física encima; basta con acercar el móvil o el reloj al terminal para cerrar una transacción en cuestión de segundos. En ese nuevo escenario, uno de los gestos que se ha visto damnificado es el de dejar propina.

La informatización del cobro en cafeterías, bares y restaurantes ha cambiado también la manera en la que los clientes agradecen el servicio. En muchos establecimientos, el datáfono registra ya más operaciones que la caja, y ese desplazamiento del efectivo ha provocado un efecto indirecto. Al no existir siempre una opción visible que permita añadir una cantidad extra al pago, ese plus que antes quedaba sobre la mesa o junto al ticket ha ido perdiendo presencia.

El regente del Nai Querida, con más de treinta años de experiencia en la hostelería, habla desde la perspectiva de quien ha visto cambiar los hábitos de consumo desde detrás de una barra. Durante décadas, la propina formaba parte de una rutina casi automática. El cliente pagaba en efectivo, recibía el cambio y, en muchos casos, dejaba unas monedas como agradecimiento. Ahora, ese gesto se ha ido diluyendo en una transición silenciosa hacia el pago digital.

El problema no es únicamente que el cliente quiera dejar menos propina, sino que muchas veces el propio sistema de pago no facilita hacerlo. «La tarjeta prácticamente no deja propina», resume. En establecimientos como el suyo, donde el datáfono no incorpora una opción específica para añadir una cantidad extra, el cobro se cierra por el importe exacto de la cuenta. «En nuestro caso, además, tampoco admitimos propinas a través del datáfono, así que eso influye bastante», reconoce.

La posibilidad de redondear o de dejar un pequeño agradecimiento desaparece cuando el cliente acerca el móvil o la tarjeta al terminal. La operación es rápida, cómoda y limpia, pero también menos propicia para la espontaneidad. Lo que antes dependía de unas monedas en el bolsillo ahora depende, en buena medida, de que el sistema permita incluir ese gesto dentro del pago.

Esta situación contrasta con algunos países de Europa como Dinamarca, Austria o Italia, donde es más habitual que, al pagar con tarjeta, el datáfono ofrezca la opción de añadir una propina antes de completar la operación. En muchos bares y restaurantes, la pantalla permite escoger entre distintos porcentajes, introducir una cantidad concreta o rechazarla. De este modo, la propina se adapta al nuevo sistema de pago y no queda limitada a quienes todavía llevan efectivo.

En España, sin embargo, esta práctica no está tan extendida. Para muchos negocios, incorporar esa función todavía no parece una prioridad. En el Nai Querida, al menos por ahora, no se contempla. Preguntado por si han valorado activar esta opción en el datáfono, el hostelero responde de forma directa. «De momento no. Por ahora no nos lo hemos planteado».

La propina sigue dependiendo de la voluntad del cliente, pero también de las herramientas que el establecimiento ponga a su disposición. La cantidad recaudada varía mucho según el día y el ritmo del local. «Depende mucho del volumen de gente y de la facturación del día. Puede variar bastante», explica. «Hay días en los que se recogen unos diez o veinte euros y otros en los que la cantidad es diferente. Va muy ligado al movimiento que tenga el negocio».

No se trata, por tanto, de una cifra fija ni previsible, sino de un ingreso irregular condicionado por el flujo de clientes, los precios y los hábitos de pago. La consecuencia es que el cambio tecnológico ha modificado una costumbre sin necesidad de prohibirla ni cuestionarla abiertamente. Simplemente, la ha hecho menos visible. Allí donde antes el cambio recordaba al consumidor la posibilidad de dejar algo más, ahora el pago digital reduce la operación a una cifra cerrada.

Para los trabajadores de la hostelería, esta caída no siempre supone una cantidad determinante, pero sí refleja una transformación en la relación con el cliente. Las propinas, aunque variables y nunca garantizadas, han sido tradicionalmente una forma de reconocimiento al servicio. Tras más de tres décadas en el sector, el regente percibe que ese gesto ha perdido fuerza. «Antes se hacía más propina que ahora», recuerda.

La rapidez y comodidad del contactless han ganado terreno en barras, mesas y terrazas. Con ellas, también ha cambiado una parte menos visible de la experiencia en la hostelería. El dinero en efectivo se retira poco a poco de la caja y, con él, también lo hacen esos pequeños gestos que antes parecían casi inevitables.

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