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La «semana de locos» del comercio local

Reservas agotadas y aluvión de compras por el Día de la Madre en Pontevedra

Ramos silvestres apilados, hornos a pleno rendimiento y carteles de completo en los restaurantes y tabernas de la ciudad. Pontevedra exprime al máximo el pulso económico del Día de la Madre

En la floristería Bambú se multiplican esta semana los pedidos, las llegadas de  mercancía y los horarios.

En la floristería Bambú se multiplican esta semana los pedidos, las llegadas de mercancía y los horarios. / Rafa Vázquez

Pontevedra

El Día de la Madre vuelve a traer una actividad frenética que se palpa en las zonas comerciales de Pontevedra. Hay un nerviosismo eléctrico en el ir y venir de los repartidores, en las persianas que bajan mucho después de que el sol se haya ocultado y en las agendas de los restaurantes, que a tres días del domingo ya cuelgan el cartel de «completo». No es para menos. La jornada se ha consolidado como un motor que lubrica los engranajes de la economía local, superando con creces a San Valentín o el perfil más bajo del Día del Padre. Es la semana en la que el amor se mide en ramos, en tartas de colores vibrantes o en el brillo de una joya de plata que busca contar una historia personal.

En la floristería Bambú, el cansancio se disimula con la pasión de quien sabe que está en medio de su particular «agosto». Olga, detrás del mostrador, no utiliza eufemismos: «es una semana de locos», constata. Las luces de su local en la calle Andrés Muruais permanecen encendidas hasta bien pasadas las once de la noche, un horario que se estira para gestionar no solo la marea de pedidos que no deja de crecer, sino el volumen ingente de mercancía que inunda el espacio. Aquí, la demanda no solo sube, sino que se cuadriplica esta semana.

No obstante, hay un cambio de tendencia que Olga observa desde la experiencia: la rosa ha cedido su trono a lo silvestre. El pontevedrés busca ahora el ramo que parece «recién cogido del campo», explica, composiciones desenfadadas con iris y flores frescas que huyen de la rigidez de antaño. Es un lujo natural, casi improvisado, que busca capturar la esencia de la primavera para llevarla al salón de casa.

La campaña del Día de la Madre es «maravillosa», constata Jorge desde la joyería Ferse.

La campaña del Día de la Madre es «maravillosa», constata Jorge desde la joyería Ferse. / Rafa Vázquez

Esa misma intensidad se respira entre los hornos de la pastelería Capri. Allí, la previsión se ha convertido en la mejor aliada de los clientes, que desde hace quince días saturan el libro de pedidos. Aunque la tradición sigue mandando con la milhojas y la tarta de nata con fresas, un nombre empieza a sonar con fuerza propia: la Red Velvet. Con su bizcocho de cacao rubí —ese tono rojizo que entra por los ojos antes que por el paladar— y su suave crema de queso mascarpone, se ha convertido en la estrella emergente de los postres familiares.

En la confitería Capri reina la previsión: las reservas saturan el libro de pedidos desde hace 15 días

A pesar de ser la homenajeada, muchas veces sigue siendo la madre la anfitriona que encarga el postre para todos, aunque «cada vez más hijos toman la iniciativa», refiere Menchu, la encargada, «sobre todo cuando se organizan las comidas fuera de casa». En ese caso «los hijos llevan las tartas al restaurante» para que ella, por una vez, solo tenga que disfrutar.

Con la milhojas y la tarta de nata con fresas, en la confitería Capri triunfa en estos días la tarta Red Velvet.

Con la milhojas y la tarta de nata con fresas, en la confitería Capri triunfa en estos días la tarta Red Velvet. / Rafa Vázquez

Y es que la celebración se desplaza cada vez más a los restaurantes. La hostelería pontevedresa vive estos días con la satisfacción de quien ve sus plazas agotarse con antelación. En la taberna del Museo, La Ultramar, las reservas ya alcanzaban el 90% a mitad de semana, una cifra que se replica en templos del buen comer como la Churrasquería Varela. Salir a almorzar fuera se ha convertido en el regalo estrella, una forma de liberar a las madres de la tiranía de la cocina, aunque ello suponga una carrera de obstáculos para quienes han dejado la reserva para el último minuto.

Esta campaña es una de las principales del año en la joyería Ferse, solo comparable a la de Navidad

Esa dualidad entre el ajetreo y la exclusividad se vive de forma especial en la joyería Ferse. Si en la calle Oliva el movimiento es un rugido constante de gente buscando piezas de plata o la última novedad de Pandora para grabar y personalizar, en la tienda de lujo de la calle Daniel de la Sota la calma es solo aparente.

Aquí, la campaña de la madre es la joya de la corona, «maravillosa», constata Jorge desde el otro lado del mostrador, comparable únicamente al frenesí de la Navidad. Los hijos se agrupan, suman presupuestos y buscan ese detalle duradero, desde unos pendientes hasta un anillo, a menudo bajo el mandato de un padre que delega la logística pero no el afecto. Al final del día, entre el aroma a flores silvestres, el sabor del cacao rubí y el brillo de una joya grabada, lo que queda es el esfuerzo de un comercio local que se deja la piel para que el domingo, en Pontevedra, nadie se quede sin su manera de decir «gracias».

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