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El héroe gallego de Australia

«Fue un pionero de la igualdad»

Venerado en las antípodas y olvidado en Galicia. El Museo de Pontevedra acogió ayer la presentación de «El mundo desde abajo», el libro con el que Valentín Carrera salda una deuda histórica con Rosendo Salvado. La obra desmenuza la vida de este explorador y eclesiástico que cruzó medio mundo para convivir con tribus aborígenes y luchó contra la esclavitud

Valentín Carrera, a la izquierda, ayer con Manel Loureiro.

Valentín Carrera, a la izquierda, ayer con Manel Loureiro. / Gustavo Santos

Pontevedra

En las antípodas, su rostro decora tazas de desayuno e imanes de nevera. Pero en Galicia, su tierra natal, su nombre apenas resuena en los márgenes de la historia local. Para saldar esta profunda deuda de memoria, el Edificio Castelao acogió en la tarde de ayer la presentación de El mundo desde abajo, un minucioso volumen firmado por el escritor Valentín Carrera, quien estuvo flanqueado durante el acto por el también autor Manel Loureiro.

La obra se propone rescatar del letargo la asombrosa odisea australiana de Rosendo Salvado, un hombre al que Carrera definió sin titubeos como una figura poliédrica y un pionero absoluto cuyo eco, incomprensiblemente, ha quedado silenciado en nuestro país frente a la veneración que le profesan en tierras oceánicas, donde multitud de personas peregrinan hasta la abadía de New Norcia a través del bautizado como Camino de Salvado.

La propuesta de Carrera huye la biografía académica tradicional para plantear «una invitación directa a la exploración», confiesa el escritor. Éste desafía al lector a calzarse los zapatos del propio Salvado, aquellos mismos que el misionero destrozó abriéndose paso a pie a través de la selva virgen. Nacido en Tui en 1814 y fallecido en Roma en el año 1900, la existencia de este gallego universal «atraviesa de punta a punta todo el siglo XIX», señala el autor.

Su verdadera dimensión, según disecciona el propio Carrera, se equipara a la de los grandes exploradores contemporáneos que configuraron el mapa moderno, situándolo a la misma altura de perfiles históricos como Stevenson, el Capitán Cook, Richard Francis Burton o Alexander von Humboldt.

La materia prima empleada para levantar este viaje literario es tan rica en matices como el propio personaje. Salvado era un relator incansable que dejó como herencia un millón de palabras impresas en decenas de diarios, una correspondencia inabarcable y dos libros de memorias completos. Todo este inmenso caudal documental ha servido a Carrera como brújula para dar forma a una crónica donde los hechos probados desbordarían cualquier intento de literatura fantástica. El escritor confiesa a FARO que, de haber intentado redactar una simple obra de ficción sobre el ilustre tudense, «jamás habría sido capaz de imaginar ni la mitad de las situaciones extremas que realmente jalonaron su biografía».

El peaje físico y logístico de su periplo vital resulta sobrecogedor para una época en la que cruzar el mundo era un cara o cruz con la muerte. A lo largo de sus años, el eclesiástico completó hasta diez extenuantes travesías marítimas entre Europa y Australia —cinco de ida y otras tantas de retorno—, además de recorrer exhaustivamente gran parte de Italia, Francia, Inglaterra y España.

Sin embargo, su principal legado no reside en las millas náuticas acumuladas, sino en su impacto humano. En su misión australiana convivió estrechamente con dos tribus aborígenes, integrándose en su tejido social. Como subraya Valentín Carrera, la figura de Rosendo Salvado arroja un testamento de total vigencia para nuestra sociedad actual: fue un «defensor pionero de la igualdad» entre hombres y mujeres, batalló de frente contra la maquinaria de la esclavitud y alzó la voz de forma implacable para blindar los derechos humanos de los indígenas.

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