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Economía local

A Peregrina, kilómetro cero de una ruta para quedarse helado

En torno al santuario de A Peregrina, Pontevedra concentra una singular ruta de cinco heladerías artesanas que atrae a niños y adultos. En solo tres calles, estos negocios combinan producto de calidad, materias primas de proximidad, sabores variados y una oferta que se amplía con gofres, crepes, batidos y café

Una empleada de la nueva heladería Desseo sirve a una clienta.

Una empleada de la nueva heladería Desseo sirve a una clienta. / Gustavo Santos

Pontevedra

En tan solo tres calles alrededor del santuario de A Peregrina, se encuentra la ruta ante la que sucumben niños y adultos: la de los helados artesanos que hacen que Pontevedra no tenga nada que envidiar a la bella Italia.

Son cinco establecimientos abiertos en la actualidad que pueden presumir de ofrecer un producto de calidad en un enclave privilegiado: Via Veneto, Bico de Xeado, Copacabana, Stromboli y Desseo. Esta última es la de más reciente apertura, a los pies de A Peregrina. Entre los socios está Isabel Álvarez, una cara conocida en Pontevedra, ya que es la repostera del restaurante italiano Il Piccolo, así como el chef Iñaki Bretal, de O Eirado da Leña.

«La idea es trasladar al cliente el disfrute y el mimo con el que se elabora cada producto. Este trabajo artesanal empieza en el origen de la materia prima, con leche procedente de una cooperativa de Mazaricos (en A Costa da Morte), y continúa en el obrador con un control minucioso de cada receta. Esto es nuestro niño mimado», resume Isabel Álvarez.

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Una madre y su hija comprando en Stromboli. / Gustavo Santos

Y prueba de ello es un tiempo de casi dos años para la búsqueda y acondicionamiento del local, en un edificio catalogado en pleno Camiño de Santiago y con vistas a la iglesia.

Desseo ofrece helados, gofres de receta propia y café, con una carta de sabores que irá rotando según la demanda y la temporada. Además de los clásicos, como chocolate, café o turrón, trabajan propuestas como chocolate blanco, tropical, natillas o frutos rojos. La exigencia sanitaria en el obrador, explican, es máxima, especialmente para evitar contaminaciones cruzadas con ingredientes como huevo, cacahuete u otros alérgenos.

Pero este tipo de negocios no solo venden helados, sino que han sabido adaptarse a los tiempos poniendo también en el paladar de los consumidores otros productos exquisitos como los batidos, gofres, crepes...

Una joven coge su helado en Via Veneto.

Una joven coge su helado en Via Veneto. / Gustavo Santos

Ampliar negocio

La elevada demanda, de hecho, es lo que llevó a Rubén Rodríguez a ampliar su heladería Stromboli hace ahora un año al local de al lado, cuando se quedó vacío. El negocio tenía previsto abrir sus puertas en 2020, pero la pandemia obligó a aplazar su inauguración unos meses. Desde entonces su actividad ha ido a más. Ahora, seis años después, su propietario solo puede hacer «un balance muy positivo», ya que la evolución ha sido progresiva.

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Dos turistas norteamericanas salen de Bico de Xeado. / Gustavo Santos

«Tenemos clientes tanto de aquí como de fuera. Durante todo el año los pontevedreses son fieles, mientras que a partir de la primavera ya se nota el turismo. Por supuesto, hay peregrinos todo el año», asegura el creador de «los Ravacholitos», unos pequeños cruasanes en honor al famoso loro pontevedrés.

Lo que caracteriza a estas heladerías es el producto de calidad y, sobre todo, de proximidad, lo que es muy valorado por los clientes. Tanto es así que durante el verano es habitual ver largas colas a las puertas de los establecimientos. Si cinco heladerías en una manzana son muchas no lo parece a la vista de la elevada cantidad de personas que cada día las llenan gustosas.

Una mujer observa el escaparate de la heladería Copacabana.

Una mujer observa el escaparate de la heladería Copacabana. / Gustavo Santos

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