Casi un rescate al día: el pulso más humano de la Policía Local de Pontevedra
La salud mental y la soledad acaparan buena parte de las llamadas a la centralita

Un coche patrulla de la Policía Local. / GUSTAVO SANTOS
El destello azul de la sirena recorta la quietud de la calle en la Boa Vila, pero al otro lado de la puerta no siempre hay un delito, sino una vida fracturada. El parte diario de la Policía Local es mucho más que multas de tráfico y ordenanzas de convivencia; es un termómetro directo de la vulnerabilidad urbana. Durante el pasado año 2025, los agentes municipales se enfrentaron a la realidad más cruda de la ciudad en 355 ocasiones, tejiendo una red incesante de auxilio, ayuda y rescate. Las estadísticas hechas públicas este sábado por el Concello dibujan una radiografía donde la angustia psicológica, la soledad de nuestros mayores y los accidentes cotidianos acaparan el grueso de las llamadas a la centralita.
Las intervenciones vinculadas a la salud mental y a la prevención de suicidios lideraron la tabla operativa con 72 registros a lo largo del ejercicio. No son meras cifras en un documento oficial. Son 26 intentos de quitarse la vida y 46 crisis o trastornos psiquiátricos donde la mediación policial fue la frontera entre la tragedia y la esperanza, un reflejo del malestar invisible que recorre la sociedad y que estalla, a menudo, en el silencio de una habitación o en medio de la calle.
A ras de suelo, la vulnerabilidad física toma el relevo. Las caídas en la vía pública motivaron 68 atenciones. El bullicio de las calles comerciales y urbanas fue el escenario de 48 de estos accidentes peatonales, mientras que los tropiezos en paseos fluviales, parques y escaleras motivaron 11 desplazamientos.
Las intervenciones vinculadas a la salud mental y a la prevención de suicidios lideraron la tabla operativa con 72 registros durante el pasado año
Por su parte las obras, parte del paisaje habitual de la ciudad, provocaron otros 9 incidentes. A esto se suman las 29 indisposiciones o desvanecimientos, la inmensa mayoría sufridos de forma repentina por viandantes o clientes en el interior de locales.
Pero es en el interior de los hogares donde la fragilidad humana se hace más patente, especialmente cuando las fuerzas flaquean. Los agentes realizaron 45 asistencias en domicilios, de las cuales 36 se debieron a caídas. En su mayoría, los protagonistas fueron vecinos vulnerables que se encontraron de bruces con el suelo de sus casas sin capacidad motriz para volver a incorporarse. La gravedad del encierro y el silencio obligó a las patrullas a forzar la puerta de entrada en 9 ocasiones.
Las caídas en la vía pública motivaron 68 atenciones
Esta desprotección se extiende también a la intemperie, con 22 personas mayores desorientadas que perdieron el rumbo y requirieron ayuda para regresar. En total, diez de las intervenciones del año sirvieron para dar apoyo de retaguardia a los servicios sociales ante casos de desamparo.
El registro anual actúa como un catálogo insobornable de la vida y también de la muerte. Hubo que certificar 17 fallecimientos, diez de ellos por causas naturales y cinco por suicidios consumados.
Los agentes también lidiaron con la otra cara del ocio en 24 ocasiones, atendiendo daños a vehículos o tropiezos de ciudadanos intoxicados por el alcohol y las drogas. E incluso en el protocolo de la calle, hubo que asistir a la indigencia en 11 ocasiones, cinco de ellas activando las medidas de alerta por frío.
Y hubo tiempo, finalmente, para las urgencias singulares. Los agentes protagonizaron ocho rescates que obligaron a sacar a cuatro personas encerradas en ascensores y a liberar a otras cuatro que habían quedado atrapadas en baños, en terrazas o, en el caso más inusual del año, hundidas en el lodo del muelle de las Corvaceiras. Episodios que completan la crónica de un cuerpo que, más allá de la placa, ejerce a diario de salvavidas vecinal.
Suscríbete para seguir leyendo
- A juicio en Pontevedra por apropiarse de la herencia de 400.000 euros de su hijo de 10 años
- La playa de Silgar: de las casas marineras a epicentro del turismo
- «Gallegos de mierda», «os voy a matar»: los insultos que acabaron en detención durante un control de alcoholemia en Pontevedra
- La nueva vida de Ana Paz en Nueva Zelanda: entre la hostelería y la creación de contenido
- El faro de Ons cumple cien años con un homenaje a sus últimos fareros
- Tres heridos, uno de ellos excarcelado, en un accidente múltiple en Marín
- Remontada de campeonato
- Marín estrena por fin su gran casa cultural tras décadas de espera