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Pontevedrada 2026

Pasos en la oscuridad que regalan futuro

Caminar hasta que las piernas pesen para aproximarse aunque sea de lejos al dolor de quien espera un órgano. Es la esencia de la Pontevedrada, que moviliza desde anoche a 1.400 caminantes solidarios

Una multitud se concentró en la salida en Montero Ríos

Una multitud se concentró en la salida en Montero Ríos / Rafa Vázquez

Pontevedra

El olor a fiambre y a pan recién cortado inundaba la mañana mientras el reloj acelera su pulso. Faltaban apenas unas horas para que la noche engulla el asfalto y el frenesí organizativo alcanzase su punto de ebullición. Desde primera hora, las manos se multiplican en una cadena humana para preparar 1.400 bocadillos. Es el combustible tangible para los caminantes inscritos que poco antes de caer la noche emprenderían la Pontevedrada, esa marcha nocturna que cose la distancia hasta Santiago de Compostela para arrancar a la sociedad un compromiso vital: concienciar sobre la importancia de la donación de sangre, órganos y tejidos.

Francisco Pérez-Mirás Miguéns, presidente de la Asociación de Amigos de la Pontevedrada (Asampo), asume el vértigo de los números y confiesa que prefieren que sobre alimento a que falte, calculando que habitualmente quedan poco más de un centenar de raciones sin recoger. Detrás de la marea de caminantes late un engranaje que no entiende de descansos. Cuando la marcha alcance en la mañana de este domingo la compostelana plaza del Obradoiro y resuenen los tres golpes —o «mazapanes», como los llama la organización— en la Concha de San Pedro, no se estará firmando un final, sino el inicio exacto de la edición del año siguiente.

La maquinaria vuelve a girar de inmediato: en octubre tocará subir al monte a buscar la madera que, tras pasar por el calor del pirógrafo, dará forma a los emblemáticos dorsales de la prueba. Es un ciclo continuo en el que hay que volver a estrechar la mano de quienes, edición tras edición, nunca la han soltado y siguen cediendo los espacios, el agua, los avituallamientos o renuevan su aportación solidaria de 10 euros por cada dorsal. En paralelo, en las sombras de la caminata también acecha el desconcierto.

El plazo de inscripción de este año estuvo abierto durante dos meses y se cerró de forma irrevocable el pasado día 14, un margen que la organización considera más que suficiente para medir el compromiso real. El reverso oscuro de esta ola de solidaridad lo encarnan quienes, con fina y dolorosa ironía, desde la asociación bautizan como «los donald». No son héroes que ceden vida, sino rezagados sin inscribir que irrumpen a última hora exigiendo su hueco con malas formas. «Es gente que hace lo que quiere, va donde quiere, le da la patada a la puerta y estorba», relata Pérez-Mirás, que no oculta que este perfil de participante inconsciente representa el peligro máximo para la supervivencia de la iniciativa.

Una multitud se concentró en la salida desde Montero Ríos. | RAFA VÁZQUEZ

Algunos participantes a su paso por la plaza de España / Rafa Vázquez

En este escenario, la instrucción para los voluntarios es clara: interceptar a quienes acuden a molestar, protegiendo así a la inmensa mayoría que sí acude con la lección aprendida. Porque la lección de la Pontevedrada es clara y directa: se camina para reivindicar la «segunda oportunidad», el mismo milagro físico y emocional que supone en realidad recibir un órgano.

Este año, los listados de dorsales reflejan una notable afluencia de gente joven, un dato que infunde al presidente de la asociación una mezcla de esperanza en la continuidad de la iniciativa mediante un relevo generacional y respeto ante el posible desconocimiento de la dureza del trayecto. Y es que sumergirse en 67 kilómetros de marcha por el Camino de Santiago durante la noche cerrada no es un paseo amable; es un espejo del sufrimiento ajeno. En medio de la madrugada, cuando las piernas pesan, la mente flaquea y el único deseo es volver a la cama. En ese momento, el caminante puede aproximarse, aunque sea de refilón, al desgaste de quien convive con una enfermedad o depende de una máquina de diálisis durante cuatro horas. En esa incomodidad, entre el firme del Camino, el frío y el agotamiento, la Pontevedrada deja de ser solo una ruta para recordar que una donación puede convertirse, literalmente, en una nueva vida.

La marcha hasta Santiago tiene el objetivo de fomentar las donaciones. | RAFA VÁZQUEZ

La marcha hasta Santiago tiene el objetivo de fomentar las donaciones. | RAFA VÁZQUEZ

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