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Bodas de plata de la SEC

25 años cuidando la flor de Galicia

La Sociedad Española de la Camelia (SEC) es una gran familia que suma 251 socios y que en sus bodas de plata festeja que la flor se ha convertido por derecho propio en un motor cultural, económico y simbólico de Galicia

Exposición de lotes en el interior del Palacete das Mendoza.

Exposición de lotes en el interior del Palacete das Mendoza. / Rafa Vázquez

Pontevedra

El jardín del Palacete das Mendoza respira este fin de semana con el ritmo pausado que solo logra el cuidado del tiempo. No huele a sasanqua —su fragancia intensa ya se ha despedido hasta la próxima temporada—, pero el espacio es un estallido visual donde las japónicas resisten el pulso a la primavera pontevedresa. Bajo la sombra de los árboles, entre el chocar de tazas de té y el murmullo de los asistentes, la Sociedad Española de la Camelia (SEC) celebra sus bodas de plata. Veinticinco años de historia que, más allá de la botánica, son la crónica sentimental de un grupo de amigos que convirtieron una pasión de invierno en un símbolo innegociable de las Rías Baixas.

Al frente de esta gran familia respira Carmen Salinero. Lleva el timón desde casi el primer suspiro de la entidad, tomando el relevo de pioneros como el pontevedrés José Arán. «Es un mundo tranquilo, de paseo, de otro sistema de vida», confiesa mientras observa la cuidada exposición de flor cortada en la sede de Turismo.

En los jardines pueden adquirise plantas y regalos inspirados en las camelias.

En los jardines pueden adquirise plantas y regalos inspirados en las camelias. / Rafa Vázquez

Atrás queda la época en la que rozaban los cuatrocientos miembros y el recuerdo ineludible de los que ya no están, pero el asombro sigue intacto en las distancias cortas, tiñéndose ahora de amarillo. Lejos de la inmaculada flor blanca que popularizó Coco Chanel en el siglo pasado, las exóticas variedades asiáticas de tonos amarillos son hoy el tesoro que fascina a los visitantes.

La SEC nunca se limitó a la mera contemplación de los pétalos, sino que su labor ha transformado esta especie en un motor cultural y económico tangible

Los visitantes también pueden adquirir joyas inspiradas en la flor emblema de las Rías Baixas o comprar bollería realizada con extracto de camelia.

Los visitantes también pueden adquirir joyas inspiradas en la flor emblema de las Rías Baixas o comprar bollería realizada con extracto de camelia. / Rafa Vázquez

A lo largo de estos días, el mercadillo y las exposiciones itinerantes —con la muestra dedicada a la flor de las gallegas y los gallegos como mascarón de proa— destilan el trabajo de un cuarto de siglo. Porque la SEC nunca se limitó a la mera contemplación de los pétalos. Su labor ha transformado esta especie en un motor cultural y económico tangible. Salinero traduce esa evolución a la vida cotidiana: la camelia es hoy el aceite que nutre la piel en la cosmética local, la infusión humeante que se sirve en la hora del té, y la inspiración de artistas y pequeñas empresas de joyería.

El programa del aniversario está diseñado como un abrazo colectivo sin prisas. Hay tiempo para la convivencia musical, con los acordes de Son das Corbaceiras previstos para esta tarde y la voz de Manoele de Felisa mañana a mediodía, pero sobre todo, hay espacio para la reivindicación de lo propio. En los coloquios y encuentros de estos días no solo se repasan anécdotas, sino los grandes hitos cincelados a base de tenacidad institucional. Momentos históricos como el día en que lograron que la Xunta nombrara oficialmente a la camelia como la flor de Galicia. O la creación de la Ruta de la Camelia, un recorrido único en el mundo y que no envidia a la ruta de los tulipanes holandeses ni a los cerezos nipones. Es el triunfo silencioso de quienes lograron que la flor más bella del invierno echara raíces definitivas en el alma gallega.

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