Primeras Comuniones
Nuevos extras, misma tradición
Trajes clásicos, salones reservados con meses de antelación y celebraciones cada vez más personalizadas dibujan en Pontevedra una temporada que cambia en los detalles, pero no en el fondo

La fotógrafa Merchy Gómez en su estudio. / RAFA VÁZQUEZ
Se acerca mayo y con él vuelve un ritual que resiste mejor que muchas otras costumbres. Las primeras comuniones entran de lleno en el calendario con la misma mezcla de ceremonia familiar, ilusión infantil y organización minuciosa de otros años. Cambian los adornos, se multiplican los extras y cada vez hay más margen para personalizar la fiesta, pero el esqueleto de la celebración sigue siendo reconocible. La tradición, en este terreno, triunfa.
Se nota en casi todo. En la ropa que se busca, en la manera de reservar los salones, en el tipo de comida que se contrata y hasta en la forma en que las familias empiezan a moverlo todo con meses de antelación. La primera comunión sigue siendo, para muchos hogares, una fecha señalada que se prepara con tiempo y se vive como un acontecimiento grande.
Ese peso de lo clásico se ve primero en el escaparate. En Pontevedra siguen funcionando mejor los vestidos de niña de corte tradicional y los trajes de marinero o de almirante para niño, con una horquilla de gasto que empieza en unos 200 euros y puede superar los 700, según el modelo, los complementos y el nivel de la celebración.
Así lo ven en Baúl de Veva, que el 18 de mayo cumple 25 años y ha comercializado ropa de comunión desde sus comienzos. Su propietaria, Estefanía Ruiz, asegura que el estilo que mejor funciona sigue siendo el clásico. «Llevamos todo este tiempo con el mismo estilo, algo tradicional, y es lo que mejor funciona;se vende bien».

Vestido de comunión en Baúl de Veva. | RAFA VÁZQUEZ / Rafa Vázquez
La demanda se mantiene estable en los últimos años, aunque este ejercicio nota algo más de movimiento porque han cerrado algunas tiendas especializadas en moda infantil. En diciembre empiezan ya a pedir cita para ver trajes y, desde mediados de enero, la agenda de comuniones está prácticamente completa. «Hoy en día se preparan casi como una boda, quieren lo mejor. Los niños hacen la Comunión con mucha ilusión y sus padres lo dan todo para que estén contentos», explica.
Otra de las grandes decisiones pasa casi siempre por la mesa. En Pontevedra y en su entorno sigue predominando la comunión de mediodía, aunque las celebraciones de tarde ofrecen mayor versatilidad. En precios, las referencias actuales sitúan el cubierto adulto en una franja que suele arrancar alrededor de los 40 o 50 euros y puede subir hacia los 90 o incluso más según la propuesta. Los menús infantiles suelen moverse entre los 25 y los 45 euros.
Ese patrón encaja con lo que observan en el Liceo Casino, donde hablan de un movimiento muy parecido al de todos los años y de fines de semana ocupados por comuniones entre mayo y julio. También aquí manda lo reconocible. Lo que más se pide son animadores y, en algún caso más excepcional, hinchables.
La comida la asume directamente la concesionaria del cátering, pero lo que marca la diferencia es la antelación con la que se cierran las fechas. «Cada vez reservan con más antelación. En cuanto las parroquias fijan las fechas de las comuniones, ya están llamando para reservar, porque no hay muchas opciones en Pontevedra con estas características», apuntan.

Nuevos extras, misma tradición
Junto al traje y al convite ha ido creciendo toda una segunda capa de celebración. No siempre es ostentosa, pero sí cada vez más visible. La comunión ya no se limita a vestir al niño o a la niña y sentar a la familia a la mesa. Alrededor aparecen la decoración, la animación, los rincones temáticos, los talleres y toda esa puesta en escena que convierte la jornada en un evento único.
Ese es el terreno en el que trabaja Magnolia Estudio, la decoración y diseño integral de eventos. Su responsable, Iria Viñas, define esta temporada como «bastante atípica» en general. Para 2027, explica, el ritmo parece más ágil, pero este año está yendo de una manera más relajada, algo que atribuye a una simple casualidad.
«Nos encargamos de todo, con especial atención en la decoración y las animaciones. Hoy en día hay muchísima diversidad de talleres. Algo que se lleva mucho ahora son los glitter corner de maquillaje, y todo tipo de cosas clásicas», relata. Ahí es donde la comunión actual enseña mejor su doble cara. Por un lado, sigue aferrada a una imagen muy clásica de sí misma. Por otro, se abre cada vez más a la imaginación del niño o la niña, que ya no solo participa en la ceremonia, sino también en la estética de la fiesta. «Nos entrevistamos con el niño o la niña para ver qué cosas les gustan y después intentamos sorprenderles con la decoración. Hacemos desde lo clásico de siempre, como las flores o los deportes, hasta la última moda como el kpop y los Saja Boys».
La fotografía completa ese retrato de una comunión cada vez más producida. Los reportajes se están moviendo en precios que, de forma orientativa, suelen ir desde unos 225 o 270 euros en packs básicos hasta 500 o 550 en opciones más completas. También aquí pesa la anticipación, porque muchas familias reservan con meses de margen para no quedarse sin fecha.
Eso es lo que observa Merchy Gómez. No aprecia grandes cambios en la demanda con respecto a los últimos años, para ella el punto de inflexión fue el covid;desde que se superó, todo está más estable. También confirma que la planificación se adelanta cada vez más. «Incluso llaman cuando todavía no tienen fecha».
Su impresión general coincide con la del resto del sector. «Creo que hay menos comuniones que antes, pero las que hay son casi como bodas». En su caso, una de las señas de identidad está en potenciar las fotos en exterior, sobre todo en la ciudad de Pontevedra, aunque también se desplaza a lugares en los que se potencia la naturaleza, como el Bosque de Aldán o San Vicente do Mar.
En ese contexto empiezan a asomar fórmulas más híbridas o celebraciones sociales sin ceremonia religiosa, todavía como una opción minoritaria. Aun así, lo que dibuja esta campaña en Pontevedra se parece mucho más a una continuidad que a una ruptura. Lo que ha cambiado no es el rito, sino todo lo que ha crecido a su alrededor. La comunión sigue siendo comunión, pero se celebra de una forma más pensada, más personalizada y más consciente de la puesta en escena. Mayo entra así en Pontevedra vestido, una vez más, de blanco, con mesa larga y álbum de fotos.
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