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Flashmob

Un baile colectivo por una educación para todos

Más de treinta jóvenes convirtieron la avenida de Montero Ríos en un escenario de reivindicación para defender la educación en emergencias y reclamar acceso equitativo a la enseñanza digital

Flashmob realizado este jueves ante la Diputación Provincial.

Flashmob realizado este jueves ante la Diputación Provincial. / Rafa Vázquez

Pontevedra

A ritmo de música y coreografía, más de treinta jóvenes convirtieron este jueves la explanada de la Diputación de Pontevedra en un escenario de reivindicación para defender el derecho a la educación en contextos de emergencia. El flashmob, impulsado por la Campaña Mundial por la Educación en Galicia junto a Piyopi, puso el foco en una realidad que sigue dejando a millones de niñas, niños y adolescentes fuera del aprendizaje cuando la guerra, la pobreza o una catástrofe lo quiebran todo.

La acción reunió a participantes de la Academia Pilé, que hicieron del cuerpo una forma de protesta. Hubo música, coreografía y una energía festiva que no ocultaba el fondo de la convocatoria. Lo que se puso en escena fue una denuncia contra todas las interrupciones que hoy expulsan a la infancia de las aulas, desde los conflictos armados hasta las emergencias climáticas, pasando por la desigualdad tecnológica.

El acto formó parte de la Semana de Acción Mundial por la Educación de 2026, una movilización internacional que este año quiso poner el foco en la continuidad del aprendizaje cuando todo lo demás se derrumba. No se trataba solo de defender la escuela en el sentido clásico, sino también de subrayar que, en plena era digital, quedarse sin conexión, sin dispositivos o sin recursos equivale también a quedar fuera del derecho a aprender.

Esa fue una de las ideas que sobrevoló el acto. La brecha digital ya no aparece como un problema secundario ni como una dificultad doméstica, sino como una nueva línea de exclusión que castiga con más dureza a quienes viven en situaciones de emergencia. La Campaña Mundial por la Educación recordó que más de 234 millones de niños, niñas y jóvenes necesitan apoyo urgente para acceder a una enseñanza de calidad en estos contextos. Detrás de esa cifra laten historias concretas de cuadernos cerrados, clases interrumpidas y futuros suspendidos.

El flashmob quiso también interpelar a las instituciones. La convocatoria reclamó acceso universal a la educación digital, una reducción real de las desigualdades educativas y un aumento de la financiación destinada a este ámbito. Al acto asistieron, además, el concelleiro de Educación de Pontevedra, Demetrio Gómez, y la coordinadora de Igualdad y Bienestar Social de la Diputación, Sandra Bastos, en una cita que buscó llevar la reivindicación más allá del gesto simbólico y acercarla al terreno de los compromisos públicos.

Aunque la movilización fue colorista y abierta, casi festiva, bajo esa apariencia ligera latía una pregunta incómoda: Qué ocurre con el derecho a la educación cuando una guerra obliga a huir, cuando una catástrofe destruye una comunidad o cuando la pobreza convierte internet en un lujo. La avenida de Montero Ríos respondió con una imagen sencilla y poderosa, la de un grupo de jóvenes alzando su presencia en mitad de la ciudad para recordar que aprender no debería depender nunca del azar ni del lugar de nacimiento.

Durante unos minutos, Pontevedra asistió a una escena que mezcló celebración y denuncia, alegría y conciencia. El baile no resolvió por sí solo la desigualdad educativa del mundo, pero sí consiguió sacar a la calle una demanda urgente y ponerle rostro, voz y movimiento.

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