Deporte y ocio
Una red de pádel a su medida
Lifepadel nació en Pontevedra como una fórmula flexible para organizar pachangas entre mujeres y, ocho temporadas después, reúne a 110 jugadoras en una liga amateur que mezcla deporte, ocio y comunidad

Partido de Lifepadel disputado el lunes en el Liceo Casino. / Gustavo Santos / Gustavo Santos
Lifepadel nació como nacen las buenas ideas, de una necesidad concreta y de la iniciativa de varias mujeres que buscaban una forma más flexible de jugar al pádel. Todo empezó hace ocho años, cuando varias jugadoras sintieron que la liga en la que participaban no cubría del todo sus expectativas y que hacía falta algo más abierto, más flexible y más suyo. Lo que en un principio fue una solución para poder tener más partidos ha acabado convirtiéndose en una pequeña red deportiva y social que mueve a 110 mujeres solo en Pontevedra.
El crecimiento habla por sí mismo. Si en sus comienzos eran apenas entre 20 y 30 participantes, hoy Lifepadel reúne a 55 parejas repartidas en siete categorías. No es una competición oficial ni federada, y precisamente ahí está su encanto. Funciona con otra lógica, más cercana al encuentro entre aficionadas que al rigor de un torneo al uso. Aquí no hay un calendario cerrado e inamovible impuesto desde arriba, sino jugadoras que se organizan entre ellas para decidir dónde juegan, qué día y a qué hora.
Esa libertad ha sido, seguramente, una de las claves de su éxito. En un deporte como el pádel, donde muchas veces el problema no es solo encontrar pista, sino también encontrar con quién jugar, esta fórmula ha servido para tejer vínculos entre mujeres que, de otro modo, quizá no se habrían conocido nunca. Muchas no pertenecen a ningún club y buscaban precisamente eso, una puerta de entrada, una manera sencilla de engancharse al deporte, de practicar y de tener siempre a mano una pachanga. Lifepadel ha llenado ese hueco con una estructura lo bastante organizada como para mantener el interés, pero lo bastante abierta como para no perder frescura.
También funciona como campo de entrenamiento. Aunque existe una clasificación y el sistema incluye ascensos y descensos, el espíritu no es tanto el de coronar campeonas como el de ofrecer rodaje competitivo. Para muchas jugadoras, Lifepadel es una antesala de las ligas federadas, un espacio donde medir fuerzas, ganar confianza y mantener el ritmo sin la presión de un circuito oficial. Después de cada partido, son las propias participantes las que envían el resultado a la principal organizadora, Ana Pavón, que se encarga de poner orden a todo ese caudal de información y convertirlo en una clasificación que da sentido al conjunto.
Como ocurre con cualquier iniciativa que crece, la espontaneidad inicial ha dado paso a ciertas normas. La flexibilidad, uno de sus grandes atractivos, también ha obligado a fijar límites en cuestiones como los plazos para jugar los partidos o los avisos cuando alguien no puede presentarse. Los fallos han sido mínimos, pero suficientes para recordar que incluso los proyectos más informales necesitan una base de compromiso para sostenerse. Este año, además, están probando la novedad de dividir cada categoría en dos grupos para facilitar emparejamientos y dar más dinamismo a la competición.
El mapa de Lifepadel también dibuja una manera distinta de entender el deporte local. Se juega en varios puntos de Pontevedra y su entorno, como el Club de Tenis, Monte Porreiro, Pádel Bao, El Tablero (Ponte Caldelas) e incluso en un club de Soutomaior; a estos se suman pistas privadas como las del Liceo Casino o el Club Militar, a las que algunas jugadoras pueden acceder por ser socias e invitar a otras. Esa circulación entre clubes, barrios y espacios distintos ha ayudado a que la actividad se extienda y a que las participantes sientan que forman parte de algo más amplio que una simple lista de partidos.
Ocho temporadas después, lo que empezó como una solución práctica para jugar más se ha convertido en una experiencia de ocio compartido, en una red de mujeres y en una prueba de que, a veces, las mejores ligas no nacen en los despachos, sino en las ganas de jugar. En tiempos en los que el deporte amateur se ha convertido en una forma de comunidad, Lifepadel ha demostrado que una idea sencilla, bien cuidada y adaptada a la vida real puede crecer hasta ocupar un lugar propio.
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