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Elecciones al Rectorado

Residencia, titulaciones y ampliación del campus de Pontevedra, retos de los candidatos a rector

Los tres aspirantes coinciden en un debate electoral en que la ciudad afronta una etapa clave, marcada por la necesidad de reorganizar instalaciones universitarias

Debate electoral celebrado en el campus de Pontevedra.

Debate electoral celebrado en el campus de Pontevedra. / FdV

Pontevedra

El debate que midió este martes en el campus de Pontevedra a los tres aspirantes al Rectorado de la Universidade de Vigo, Belén Rubio, Carmen García Mateo y Jacobo Porteiro, dejó algo más que un cruce de propuestas electorales. Sobre la mesa quedó, sobre todo, la idea bastante clara de que el campus pontevedrés afronta una etapa decisiva y necesita resolver varios asuntos pendientes si quiere seguir creciendo con orden y peso propio dentro de la institución.

Uno de los temas que apareció con más fuerza fue el de la residencia universitaria. La falta de alojamiento específico para estudiantes lleva tiempo sobrevolando el campus y vuelve a situarse como una de las grandes demandas de futuro. No solo por una cuestión de servicios, sino porque la vivienda se ha convertido en un factor clave a la hora de atraer alumnado y consolidar la vida universitaria en la ciudad.

Junto a esa necesidad, el debate también puso el foco en el problema del espacio. Algunos centros llevan tiempo funcionando con una sensación de estrechez que ya no se percibe como algo puntual. La discusión no gira únicamente en torno a levantar más edificios, sino a decidir cómo reorganizar el campus para que pueda crecer sin perder coherencia ni saturar lo que ya existe.

Esa falta de margen conecta de forma directa con otro de los retos que se plantearon, el de las nuevas titulaciones. Las candidaturas coinciden en que Pontevedra no puede limitarse a conservar su oferta actual. El campus necesita seguir ampliando estudios, pero hacerlo con una lógica clara, reforzando los ámbitos en los que ya tiene un perfil reconocible y evitando crecer de forma dispersa.

En ese punto aparece una de las preguntas de fondo que recorrieron el debate: Qué campus quiere ser Pontevedra. La respuesta no es menor, porque de ella dependen tanto las decisiones sobre infraestructuras como la planificación académica. La idea de especialización, ligada a áreas como la creatividad o las ciencias de la salud, volvió a salir como una vía para fortalecer su identidad y ganar visibilidad.

Otra de las cuestiones que asomó con fuerza fue la relación entre la universidad y la ciudad. El campus pontevedrés ha avanzado mucho en los últimos años, pero sigue existiendo la sensación de que puede conectar mejor con su entorno, abrir más su actividad y hacerse más presente en la vida local. No se trata solo de tener más alumnado, sino de lograr que el campus sea percibido como un espacio más vivo, más integrado y con mayor capacidad de influir en su territorio.

También hubo espacio para hablar del modelo general de universidad. Más allá de Pontevedra, las candidaturas pusieron sobre la mesa cuestiones como la calidad docente, la investigación, la transferencia de conocimiento o la simplificación de la burocracia. Son debates que afectan a toda la UVigo, pero que en un campus en expansión adquieren una importancia especial, porque condicionan la manera en que ese crecimiento se puede sostener en el tiempo.

En el debate también quedó flotando otra cuestión menos visible, pero igual de importante, la del peso político e institucional de Pontevedra dentro de la propia UVigo. Más allá de las infraestructuras o de la oferta académica, el campus quiere dejar de vivir en una lógica de espera permanente y ganar capacidad para decidir su rumbo, defender sus proyectos y negociar inversiones con más fuerza. Ahí se juega otra parte de su futuro, porque no basta con tener potencial o demanda si luego las decisiones estratégicas llegan tarde o quedan diluidas en el equilibrio entre los tres campus.

A todo eso se suma un elemento que da más urgencia al debate. El campus de Pontevedra ha demostrado en los últimos años capacidad para atraer alumnado y mantener un perfil propio, pero ese tirón obliga a acompasar el crecimiento con recursos y planificación. Cuando aumenta la demanda, también lo hacen las exigencias en servicios, instalaciones y oferta académica, y ahí es donde el margen de improvisación se reduce al mínimo.

En el fondo, lo que se vio en el debate es que muchas de las reclamaciones de Pontevedra han dejado de sonar a reivindicación periférica para convertirse en asuntos centrales. La residencia ya no parece un complemento, sino una pieza estratégica; la reorganización del espacio ya no es una hipótesis, sino una necesidad, y la discusión sobre nuevas titulaciones ya no mira solo al corto plazo, sino al encaje del campus en el futuro de la universidad.

Las diferencias entre candidaturas están en el ritmo, en las prioridades y en el modelo de gestión, pero el diagnóstico tiene bastantes puntos en común. Pontevedra necesita más estructura, más planificación y una hoja de ruta más definida. El próximo mandato no solo tendrá que administrar el presente, sino decidir si el campus sigue creciendo a base de impulsos aislados o entra por fin en una fase de consolidación real.

Visto así, el debate dejó una campaña con menos ruido del que podría esperarse y con un mensaje bastante reconocible. La UVigo se juega en Pontevedra una parte importante de su futuro inmediato, y ese futuro pasa, en buena medida, por resolver tres palabras que resumen casi todo lo discutido: residencia, espacios y titulaciones.

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