Entrevista | Julio Villaverde González Reelegido juez de paz de Vilaboa
«Me veo con fuerzas: hay personas de 80 años que están mejor que otras de 40»
«Vemos casos como alguien que movió un marco de una finca, situaciones pequeñas que pueden generar enfrentamiento», explica a sus 78 años

Julio Gabriel Villaverde González, ante la casa consistorial de Vilaboa, donde se encuentra el juzgado de paz. / GUSTAVO SANTOS
Julio Gabriel Villaverde González (78 años) tomó posesión el pasado martes como juez de paz titular de la Oficina de Justicia en Vilaboa, perteneciente al partido judicial de Cangas. Repite en el puesto por segunda vez consecutiva, tras una primera elección en 2022.
—Repite otros cuatro años como juez de paz de Vilaboa. ¿Cómo es el proceso de selección?
Sí, es mi segunda vez en el puesto, porque los juzgados de paz se renuevan cada cuatro años. Es el pleno del Concello quien propone a la persona, a petición del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia. Previamente se saca la plaza a concurso para que se presente quien quiera. Puede hacerlo cualquier persona que cumpla los requisitos, no solo alguien de Vilaboa. Después, el pleno vota y elige por mayoría absoluta.
— ¿Hubo más candidatos en esta ocasión?
Sí, se presentaron diez personas. El Ayuntamiento trasladó que había diez aspirantes, pero consideró que debía continuar quien ya estaba, porque el trabajo se había hecho bien durante estos cuatro años. Salió adelante por mayoría absoluta. Hubo un voto en blanco, pero no hubo ningún voto en contra.
—¿Qué requisitos hay que cumplir para ser juez de paz?
Hay que ser una persona de buena conducta, con una trayectoria solvente. En mi caso, fui suboficial del Ejército hasta los 36 años, en el cuerpo de ingeniería, y después trabajé en la administración sanitaria, en el Sergas, donde saqué plaza; me jubilé en la Casa del Mar a los 65 años. También influye que seas una persona conocida y con buena relación con la gente.
—¿Por qué se animó a dar el paso en la primera ocasión, en 2022?
Porque salió la plaza y el alcalde de Vilaboa me preguntó si quería presentarme. Lo pensé y me pareció una buena forma de seguir activo, sentirme útil y, además, tener un complemento económico.
—¿Qué le empujó ahora a renovar, camino ya de los 80 años?
Pues precisamente que me encuentro bien. Hay personas de 80 o de 90 que están mejor que otras de 40. Yo me veo con fuerzas, con ganas y en perfectas condiciones para seguir trabajando.
—¿Qué le dijeron en casa cuando decidió continuar?
En casa me dicen que haga lo que quiera. Mi familia, al principio, decía que me metía en problemas, pero problemas los hay en cualquier trabajo y también en la vida diaria.
"Vemos asuntos cotidianos, muy pegados a la vida del municipio"
—¿Cómo es el día a día en un juzgado de paz?
Hay una secretaria, que es quien lleva gran parte del trabajo administrativo. Antes había más carga porque se firmaban certificados de defunción, matrimonios y otra documentación. Ahora casi todo eso sale telemáticamente firmado, así que ya no hace falta ir todos los días.
—Entonces, ¿con cuánta frecuencia acude usted?
Sobre todo cuando hay actos conciliatorios, que ahora son obligatorios antes de acudir al juzgado de primera instancia. Ahí es donde intervenimos más directamente.
—¿Qué tipo de asuntos llegan con más frecuencia?
Sobre todo conflictos entre vecinos: reclamaciones de cantidades monetarias, problemas de fincas, marcos movidos, pequeños hurtos o daños... También casos de animales que invaden una finca ajena y causan desperfectos, o situaciones parecidas. Son asuntos cotidianos, muy pegados a la vida del municipio. Hay asuntos que se pueden resolver aquí siempre que no superen los 2.000 euros. Si pasan de esa cantidad, ya corresponden a otra instancia judicial.
—Ponga algún ejemplo de caso que hayan visto en el juzgado de paz.
Por ejemplo, un conflicto porque alguien movió un marco de una finca, o porque unas ovejas entraron en la parcela del vecino y le comieron las coles. Son situaciones pequeñas, pero que pueden generar bastante enfrentamiento si no se atajan a tiempo. En determinados casos se pueden imponer sanciones pequeñas, de hasta 200 euros. Por ejemplo, en asuntos de insultos o faltas leves, siempre que se puedan acreditar.
"Muchas veces se trata de rebajar la tensión y hacerles ver que un arreglo puede ser mejor para todos"
—¿Hace el juez de paz una labor de mediación, casi de psicólogo?
Sí, claro. En los actos conciliatorios intento que las partes lleguen a un acuerdo. Les explico que, si siguen adelante, será otro juez quien decida, y que tendrán que pagar a un abogado, lo que les saldrá caro. Muchas veces se trata de rebajar la tensión y hacerles ver que un arreglo puede ser mejor para todos.
—En este trabajo ayudará mucho conocer bien el municipio y a sus vecinos...
Muchísimo. A veces conoces el lugar, el camino, la finca o incluso el origen del problema. Eso no significa tomar partido, pero sí entender mejor el contexto. Cuanto más cerca esté el juez de paz de la realidad del municipio, mejor.
—¿Vilaboa es un municipio tranquilo?
En general sí, aunque hay de todo, como en cualquier sitio. La mayoría de los asuntos son los normales de convivencia. No es lo habitual encontrarse con situaciones graves.
—¿Un juez de paz tiene que estar siempre disponible?
Antes más, porque había que firmar documentación incluso si surgía una defunción en fin de semana. Ahora eso ha cambiado mucho con la tramitación telemática. De todos modos, este no es un puesto para vivir de él, sino para alguien jubilado, con disponibilidad y con ganas de seguir aportando.
—O sea, que es compatible con la pensión.
Sí, claro. En mi caso lo es. Esto no da para vivir solo de ello; es más bien una ayuda y una forma de seguir trabajando.
Suscríbete para seguir leyendo
- Muere Gabi Ben Modo, símbolo del Teucro y referente del balonmano gallego
- Pontevedra y Sanxenxo se quedan fuera de las ayudas de la Xunta para socorristas este verano
- Atascos en la AP-9 en Pontevedra por un accidente bajo el puente de A Barca
- Protesta contra la retirada de la balaustrada del paseo de Silgar este viernes
- O nos sacan a la fuerza o no salimos de nuestras casas', advierten los vecinos de San Mauro
- El histórico edificio Varela de Pontevedra tendrá un uso turístico y contará con 17 apartamentos
- El dispositivo para La Vuelta Femenina se exhibe en Pontevedra
- Un profesor de Belas Artes de Pontevedra, premiado por su documental sobre «los mitos del subsuelo»