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Amor por las plantas

Un curioso jardín de bambú amarillo en Pontevedra

Manuel Hermida Rivas siente un respeto y admiración por la naturaleza absolutos. En la finca de su casa en la parroquia pontevedresa de Santa María de Xeve cuenta con más 80 variedades diferentes de camelia repartidas en 250 plantas, pero también con una rareza: una plantación de bambú amarillo

Manuel Hermida, junto a una de las zonas con bambú amarillo en su finca.

Manuel Hermida, junto a una de las zonas con bambú amarillo en su finca. / GUSTAVO SANTOS

Pontevedra

En Santa María de Xeve, en el rural pontevedrés, hay una finca que es un paraíso. En ella, Manuel Hermida Rivas, vecino de la parroquia y presidente de la asociación SondeXeve, cuenta con un pequeño reino vegetal en el que conviven más de 250 plantas de camelia de 82 variedades, pero, sobre todo, destaca una curiosa y poco común plantación de bambú amarillo, que él sepa, la única de la comarca, «e incluso me atrevería a decir que de Galicia, porque verde sí que hay, pero el amarillo es una rareza de Asia».

Manuel Hermida compró hace años en un vivero un bambú amarillo en una pequeña maceta. «Lo tuve primero en el piso de Pontevedra, pero pronto las raíces apretaban tanto que llegaban a deformar el plástico, como si quisieran reventarlo. Me lo traje entonces a Xeve; lo coloqué junto a un muro y ahí empezó a crecer», explica.

Hoy esa plantación se ha convertido en uno de los elementos más llamativos de la finca. Aunque él habla con admiración de ella, también lo hace con cautela: «Es una variedad foránea, de gran fuerza, y hay que tenerla muy controlada», insiste, «porque puede llegar a reventar incluso estructuras de ladrillo y cemento si se le deja avanzar a su aire». Afortunadamente, el bambú está contenido dentro de la finca, sin posibilidad de expandirse fuera de ella.

En este sentido, recuerda que el bambú es una hierba, no un árbol ni planta, de crecimiento espectacular, capaz de pegar un estirón en muy poco tiempo, «diez o doce metros en un mes».

Un brote de bambú de pelo, todavía en crecimiento.

Un brote de bambú de pelo, todavía en crecimiento. / Gustavo Santos

Además de su valor ornamental, el bambú también le despierta interés por sus posibilidades prácticas. En la gastronomía, por ejemplo, ya que los brotes son comestibles y existe toda una cultura alrededor de su aprovechamiento culinario. Él mismo llegó a congelarlos y a probarlos, aunque admite que no le resultan especialmente sabrosos.

«Y después están otros usos, ya que el bambú, por su fuerza, se utilizó como instrumento de tortura para espetar a reos», añade.

Galicia es un lugar favorable para su crecimiento por la humedad, por lo que apenas necesita riego salvo en circunstancias extremas de sequía.

Pero la historia de este jardín empezó antes con las camelias que con el bambú. Hermida recuerda que algunas de las primeras llegaron desde una antigua finca que tenía en Bueu. En concreto, de una de ellas, a la que él mismo bautizó como «la Gran Mamá», fue naciendo buena parte de lo que hoy puede verse. Ese crecimiento natural, sumado al cuidado de años, acabó por convertir su finca en un espacio singular y el germen de una iniciativa colectiva: la Mostra da Camelia de Xeve, que se celebra en marzo. Fueron otras personas, sobre todo vecinas de la parroquia, las que le hicieron ver que aquella riqueza no podía quedarse encerrada en la finca. «Esto hay que enseñarlo», recuerda que le decían. A partir de ahí fueron implicándose más vecinos, se compartieron plantas y se extendió el gusto por la camelia en la parroquia.

El pontevedrés muestra una de las flores de camelia que cultiva. | GUSTAVO SANTOS

El pontevedrés muestra una de las flores de camelia que cultiva. | GUSTAVO SANTOS

Eucalipto arcoíris

La finca de Manuel no termina aquí. Su interés por la botánica le ha llevado también a experimentar con especies menos habituales en estas latitudes. Entre ellas, el eucalipto arcoíris (Eucalyptus deglupta), del que conserva dos ejemplares tras plantar un centenar. Le llegaron a partir de semillas compradas a un vivero de Inglaterra, y espera que con el tiempo alcancen la vistosa coloración por la que son conocidos.

También habla con especial cariño del maracuyá y del ceibo, ambos hermosos por sus flores.

Manuel Hermida Rivas habla de las plantas, de los animales y de las personas como «coetáneos», seres que comparten el mismo tiempo vital y que por eso merecen respeto y atención. «Parece que somos grandes, pero no somos nada», reflexiona. En su visión, el ser humano vive con la ilusión de controlar lo que le rodea, cuando en realidad la naturaleza tiene fuerza suficiente para seguir sin nosotros.

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