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Sector del vino

Más de 50 viticultores de varios países se darán cita en «Vinos a Piñón 2026»

La segunda edición de este evento que reúne a profesionales y a amantes del vino se celebrá el próximo día 20 en las instalaciones del Náutico de Sanxenxo

Vendimia en una bodega de O Salnés.

Vendimia en una bodega de O Salnés. / Noe Parga

Pontevedra

Hay momentos en los que el vino pierde su redoble de esnobismo y vuelve a ser lo que siempre fue: tierra, sudor humano y celebración compartida. Ese retorno al origen, a la verdad agrícola que mancha las manos, es el que busca apoderarse de los salones del Real Club Náutico de Sanxenxo el próximo día 20 de abril. Allí, donde el Atlántico impone su propia añada de salitre, la segunda edición de «Vinos a Piñón» propondrá, entre las once de la mañana y las ocho de la tarde, derribar la barrera de cristal que a menudo separa al que poda la cepa del que levanta la copa.

Pablo Piñón lleva dos décadas acodado en la trinchera de la hostelería y la distribución. Sabe bien que las modas pasan, pero la sed de autenticidad permanece. Su apellido da nombre a una cita que, más allá del juego de palabras, es una declaración de intenciones. Ir «a piñón» no es correr a ciegas; es la constancia terca del viticultor, el ritmo implacable de quien persigue un horizonte claro y no le tiembla el pulso frente a la incertidumbre del clima. Se trata de ponerle rostro y fatiga física a cada botella, alejando el foco de las producciones industriales para iluminar a los pequeños productores. Esos que, a base de riñones y madrugones, embotellan paisajes de verdad.

«Viños a Piñón nace de una forma muy especial y natural», confiesa echando la vista atrás. «Después de veinte años en el sector, teníamos un poco la necesidad de crear algo más que la distribución; un punto de encuentro en un espacio donde productores, hosteleros y amantes del vino pudiesen probar, compartir y entender mejor lo que para nosotros es un vino».

Más de medio centenar de estos productores de vinos, llegados de dentro y fuera de nuestras fronteras pero con un fuerte acento gallego, tomarán el Náutico, en una cita cuyas entradas están a la venta a 25 euros. No traen enormes volúmenes de litros estandarizados, sino proyectos minúsculos cosidos a una filosofía gigantesca. «Es necesario poner en valor y darle nombre a esas personas que hacen las cosas con intensidad, con compromiso, con ritmo», reflexiona. «Al final, eso es un poco ir a piñón. No es ir rápido sin más, es tener claro hacia dónde vas y hacer las cosas con constancia», señala en este punto el impulsor.

Piñón lo tiene claro: el mundo del vino arrastra demasiadas veces un aura elitista, un lenguaje técnico casi hermético que llega a intimidar al consumidor de a pie. Este encuentro huye del silencio sepulcral de las catas de etiqueta para reivindicar el bullicio de la cercanía, la charla cómplice entre el creador y el bebedor, buscando el equilibrio exacto entre la exigencia profesional y el puro goce emocional.

Para apuntalar este puente directo entre el viñedo y el paladar, la cita se reserva tres ases en la manga en forma de catas magistrales. Tomarán la palabra figuras que no solo hacen vino, sino que han ayudado a reescribir su historia reciente. Es el caso de Raúl Pérez, el enólogo visionario (elegido el mejor del mundo en 2014 y 2016) que le devolvió el orgullo a las cepas del Bierzo y de la Ribeira Sacra ante los exigentes ojos del mundo; Telmo Rodríguez, un incansable arqueólogo del terruño empeñado en recuperar la memoria líquida y los territorios olvidados de España; y la viticultora francesa Delphine Cazals, que descorchará la sensibilidad y el peso de la tradición familiar que late en el corazón de la Champaña.

Todo esto sucede mientras la viticultura gallega atraviesa un momento dorado, una época de efervescencia y cambio de paradigma. Piñón asume que quizás se beba menos volumen, pero las gargantas de hoy exigen una calidad incuestionable. El consumidor actual hurga detrás de la etiqueta buscando la historia del paisano que cuidó la viña, reclamando una honestidad que obliga a bodegueros, distribuidores y hosteleros a afinar el tiro. Y es precisamente esa autenticidad sin filtros la que se servirá a discreción este lunes a orillas de la ría, recordando, con el sonido de los mástiles de fondo, que los mejores tragos son aquellos que saben a esfuerzo y a vida compartida.

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