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Jornada tradicional

La ciudad vibra al son de la Aña Urbana

Decenas de bailarines de distintas agrupaciones recorrieron Pontevedra en una jornada repleta de artesanía, gastronomía, baile y música tradicional

La Aña Urbana celebra su duodécima edición en Pontevedra.

Rafa Vázquez / Edgar Melchor

Pontevedra

Las panderetas, el baile y lo tradicional volvieron este sábado a abrirse paso en pleno centro de Pontevedra. La Aña Urbana celebró su duodécima edición transformando la Gran Vía de Montero Ríos y las calles del casco histórico en un escaparate vivo de música y tradición, con decenas de bailarines de distintas agrupaciones protagonizando una jornada en la que el folclore dejó de ser exhibición para convertirse, una vez más, en una práctica compartida por todo el pueblo lerezano.

Desde la mañana, el movimiento fue constante. Bailarines de todas las edades fueron ocupando el espacio con piezas tradicionales y recorridos por las calles y plazas de la ciudad que atrajeron la atención de vecinos y visitantes. La imagen más repetida durante horas fue la de varias generaciones mezcladas en un mismo compás, desde los más pequeños hasta los adultos, en una sucesión de actuaciones que reforzó uno de los rasgos más visibles de la cita: su capacidad para reunir a públicos y participantes muy distintos alrededor de una herencia cultural común.

La memoria de lo tradicional tomó las calles de la ciudad. | RAFA VÁZQUEZ

La memoria de lo tradicional tomó las calles de la ciudad. | RAFA VÁZQUEZ

El evento se apoyó en una carpa instalada en Montero Ríos, prevista como medida preventiva ante la amenaza de mal tiempo. Finalmente, la lluvia dio una tregua y fue el sol el que acompañó gran parte de la jornada, aunque con rachas de viento que marcaron el ambiente en algunos momentos.

Junto a la música y el baile, la programación se extendió también a los puestos instalados en el recinto, donde hubo espacio para la comida, la bebida, los postres e, incluso, diferentes productos de artesanía, además de libros de segunda mano que buscaban una nueva estantería.

Ese componente ferial amplió el perfil de una cita que no se limitó al escenario o a los pasacalles, sino que convirtió el centro urbano en un lugar de estancia, encuentro y paseo para todos los pontevedreses.

La décimo segunda Aña Urbana volvió así a tender un puente entre la ciudad y el mundo tradicional y rural del que toma su inspiración. Lo hizo desde lo concreto: cuerpos en movimiento, sonido en directo y tradición transmitida de generación en generación a pie de calle.

Más que una evocación nostálgica, la jornada dejó en las calles la impresión de una cultura popular que sigue encontrando en el presente una forma natural de ocupar el espacio público y de convocar, sin solemnidad, a quienes todavía saben bailarle a sus raíces.

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