Comercio local
Cuatro generaciones volcadas con el caballo en Pontevedra
Marta y Catrina Pérez Mouriño son las dueñas de un negocio que ya tiene 128 años: Guarnicionería Mouriño, un clásico del comercio local pontevedrés con vistas a la capilla de A Peregrina

Marta y Catrina Pérez Mouriño, propietarias y cuarta generación de «Guarnicionería Mouriño». / GUSTAVO SANTOS
Guarnicionería Mouriño, una de las tiendas más antiguas de Pontevedra, sigue manteniendo viva una historia comercial que se remonta a 1898. Al frente están hoy Marta y Catrina Pérez Mouriño, hermanas y cuarta generación de una familia ligada desde hace más de un siglo a un negocio que nació de la mano de su bisabuelo, Vicente Mouriño.
La tienda abrió sus puertas en la calle Oliva, «vinculada en sus orígenes a los curtidos, los aperos de campo y todo lo relacionado con el caballo, entonces un animal esencial para el trabajo y el transporte». Con el paso de los años, esa actividad fue evolucionando al ritmo de los cambios sociales: el caballo dejó de ser una herramienta de trabajo para convertirse sobre todo en un vínculo con la hípica y el ocio, y el negocio supo adaptarse a esa transformación.
Aunque ambas crecieron cerca del comercio familiar y ayudaban en vacaciones, su incorporación fue «bastante natural» y no especialmente planificada. Marta llegó primero, al terminar sus estudios universitarios, como una opción laboral que acabó convirtiéndose en su camino. Catrina se sumó después, también tras acabar la carrera, en un momento en el que la familia la necesitaba más de cerca. Durante años compartieron etapa con sus padres, hasta quedarse ellas al frente del establecimiento.
Hoy, Guarnicionería Mouriño mantiene su especialización en el mundo ecuestre, pero también ofrece complementos y artículos artesanales de cuero para un público más amplio. Las hermanas destacan que, aunque pueda parecer un ámbito minoritario, «la afición a la hípica sigue teniendo mucha presencia en el entorno de Pontevedra», con escuelas y clientes fieles de varias generaciones.
Recientemente, su trayectoria fue reconocida con un premio al emprendimiento femenino, una distinción que recibieron con sorpresa y agradecimiento. Para ellas, el valor de la tienda no está solo en su antigüedad, sino en una forma de entender el comercio: cercana, especializada y basada en el conocimiento del producto.
Esa es, precisamente, la idea que reivindican en un momento en el que el pequeño comercio afronta cada vez más dificultades. Aunque se han adaptado a los nuevos tiempos con página web, WhatsApp e Instagram, Marta y Catrina defienden que nada sustituye la experiencia de entrar en una tienda, ver, tocar y dejarse aconsejar por quien conoce bien lo que vende. En esa combinación de tradición, oficio y adaptación está, probablemente, la clave de la larga vida de este negocio familiar.
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