Entrevista | Francisco Hermida Bouzas Coautor de «Llueve sobre Intxaurrondo»
«No es posible concebir el final de ETA sin Intxaurrondo»
«Todo lo que se narra en esta novela sucedió tal cual y lo he vivido en primera persona», afirma el teniente de la Guardia Civil

El teniente de la Guardia Civil Francisco Hermida Bouzas, coautor de «Llueve sobre Intxaurrondo». / Gustavo Santos
Teniente de la Guardia Civil y coautor de Llueve sobre Intxaurrondo, Francisco Hermida Bouzas presentó la novela durante un encuentro que se celebró ayer en el Liceo Casino. Bajo la etiqueta de la ficción literaria, esta obra firmada con Juan Manuel Fernández Millán esconde una crónica cruda y visceral de la lucha antiterrorista en los años de plomo, páginas en las que perdura la memoria de quienes se jugaban la vida mirando los bajos del coche cada mañana.
—Sabiendo que es usted teniente de la Guardia Civil, una deduce que hay mucho de autobiografía en esta novela.
—Todo lo que se narra en esta novela sucedió tal cual y lo he vivido en primera persona. Elegí el formato de ficción por una sola razón: debía preservar los nombres de algunas personas que participaron en operaciones complicadas y que, todavía hoy, correrían cierto peligro si se desvela su identidad.
—¿Cómo era la vida en el cuartel de Intxaurrondo? Desde fuera daba la sensación de ser a la vez la gran fortaleza del Estado y un gueto humano asfixiante.
—Intxaurrondo ha sido muy desvirtuado por parte de la sociedad vasca. Le llamaban el acuartelamiento de los terrores y muchas otras cosas, pero en realidad es un barrio de San Sebastián, hoy muy apetecible y lujoso para vivir, a tres kilómetros del centro. Allá por el año 75 o 76, la Guardia Civil se quedó pequeña en su sede céntrica y se decidió construir esta nueva comandancia. Para los años 81 o 82 ya albergaba casi todas las unidades. Fue el epicentro clave, la base de operaciones de la lucha del Estado contra ETA en los años de mayor violencia. Desde allí se desactivaron muchísimos comandos. Me atrevería a decir que no es posible concebir el final de ETA sin la existencia de Intxaurrondo. Y sí, todos esos profesionales y sus familias tuvieron que soportar una presión y un aislamiento social durísimos para evitar ser asesinados, manteniendo la legalidad constitucional.
—El corazón del relato es la Operación Broma-Queso, la caída de la cúpula de ETA en Bidart. Ustedes pusieron la inteligencia en la calle, las noches sin dormir y los seguimientos, pero la foto oficial se la hicieron otros. ¿Qué escuece más: la deslealtad política o la condescendencia del Estado francés?
—Hay cierta controversia con eso. En aquellos primeros tiempos, nosotros trabajábamos en el sur de Francia casi a título personal, en la semiclandestinidad y sin armas, porque Francia consideraba a los terroristas como activistas políticos. Tenían allí un feudo, cruzaban a cometer atentados en España y volvían a refugiarse haciendo vida normal. Afortunadamente, eso cambió con la doctrina Mitterrand hacia el 83 o 84, y empezaron a colaborar. En operaciones como Broma-Queso, aunque la iniciativa y el impulso político fuesen de la Guardia Civil, teníamos claro que las detenciones debían llevarlas a cabo desde Francia por razones de soberanía y seguridad. A nosotros no nos importaba la foto; lo que nos interesaba era detener a cuantos más terroristas mejor para tener menos atentados y bajas en España a final de año.
«En aquellos primeros tiempos trabajábamos en el sur de Francia casi a título personal, en la semiclandestinidad y sin armas»
—La novela soporta claroscuros que no aguanta un atestado policial. La lucha antiterrorista no fue una película de héroes inmaculados; hubo fango y tensión al límite. ¿Escribir este libro ha sido un ejercicio de justicia histórica o una forma de purgar los fantasmas que no cabían en los partes oficiales?
—La novela nace de una deuda. Tenía un matrimonio francés amigo mío y hay ciertas circunstancias especiales sobre la esposa de este amigo. Cuando iniciamos esta operación, ella nos ayudó muchísimo: alquilaba pisos y coches en Francia a su nombre, los ponía en el seguro... Fue la primera persona que identificó a los números uno de ETA en su propio domicilio, haciéndose pasar por vendedora. Como había que mantener su anonimato, el Estado español no pudo reconocer su labor porque la normativa no permite condecorar a personas anónimas. Pasados 30 años, sentí que tenía que hacer algo por ella como reconocimiento. Le dedico dos capítulos en el libro, donde es «la dama». A partir de ahí, fueron apareciendo otros nombres y la obra se convirtió en un homenaje a todos esos servidores del Estado que, con coraje y persistencia, contribuyeron a acabar con ETA.
—En la trama, la figura del confidente es vital. Gente que se jugaba la vida por pasarles una información. ¿Llega uno a empatizar con la miseria o la desesperación de quien está al otro lado de la línea? ¿Cómo se construye esa confianza?
—Hemos tenido de todo. Hay informadores que son patriotas y colaboran de forma altruista, como «la dama», manteniendo en secreto su identidad. Y luego hay confidentes que provienen de la propia banda terrorista y colaboran por un interés personal, para suavizar sus condenas obteniendo los beneficios que ofrece la ley, o a veces por puro despecho tras haber alojado a terroristas en sus casas. ¿Si se llega a empatizar? Claro que sí, cuando la aportación es noble. La gente cambia de ideas y a veces se vuelven mejores personas tras dar ese paso. En la profundidad de estos temas no traes a colación el odio, sino la resolución y la buena fe.
«La novela nace de una deuda con 'la dama', la mujer anónima que identificó a los números uno de ETA en su propio domicilio haciéndose pasar por vendedora»
—La novela va camino de convertirse en serie. Sabiendo el peligro histórico de la ficción televisiva, ¿qué es aquello que bajo ningún concepto va a permitir que se edulcore o se romantice?
—Efectivamente, hay productoras interesadas y estamos en fase de viabilizarlo. La primera premisa que les he puesto es que la serie tiene que ser un fiel reflejo de la novela, y yo mismo tengo que participar en la supervisión para garantizarlo. El libro está escrito con un auténtico respeto hacia todas las personas, incluso hacia los propios terroristas. No se politiza nada. La serie debe mostrar estrictamente lo que se narra, sin entrar en polémicas ni politizaciones, y dejar la reflexión final al espectador.
—Por nuestras calles pasean jóvenes que nacieron mucho después de que ETA dejase de asesinar y las encuestas arrojan el dato helador de que un amplísimo porcentaje de universitarios no sabe quién fue Miguel Ángel Blanco. Ustedes ganaron la guerra en la calle, pero ¿está desapareciendo la memoria?
—Es una historia reciente y me produce verdadera lástima que se les ampute a los jóvenes la posibilidad de conocerla. A veces el propio Estado no contribuye. En marzo de 2025 se llegó a un acuerdo en el País Vasco, mediante una Proposición No de Ley entre Bildu, PSOE y el PNV, para que a los estudiantes de tercero y cuarto de la ESO no se les hable de ETA en los colegios. Eso es cercenarles una parte fundamental de su historia. La mejor forma de contar la historia es contextualizarla en el momento en que sucede y relatarla tal como fue, guste o no. Solo conociéndola y dándola a conocer evitaremos que se tergiverse y garantizaremos que algo que nunca quisimos que aconteciese, como el terrorismo, no se vuelva a repetir.
Suscríbete para seguir leyendo
- La victoria de la Real Sociedad en Copa complica el deseo europeo del Celta: las cuentas para Champions, UEFA o Conference
- Las familias se rebelan contra los profesores: llegan a Inspección por sanciones a los alumnos en Vigo
- O que nos deixou Samba, o noso veciño
- La música electrónica crece en Galicia: nace un nuevo festival a los pies de la ría de Vigo
- El pesquero de Cangas "Eirado do Costal", primero de la flota gallega en incorporar el modelo de un bote salvavidas cerrado e insumergible para soportar las gélidas aguas de Terranova
- «Quedarán prohibidas las comunicaciones por WhatsApp entre familias y profesores. Se harán a través de un canal oficial y dentro de un horario»
- Clara, la abogada más joven de Ourense: «La vocación me viene desde pequeña; mi abuelo hablaba de Derecho en las comidas familiares»
- Muere el policía nacional Nazario Luis Rodríguez Costa, destinado en Salvaterra y antes en la comisaría de Vigo