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Igualdad en Pontevedra

Jóvenes gitanos que construyen su futuro: «Llevo toda mi vida queriendo ser guardia civil»

Con constancia, el futuro también se construye. Es el pensamiento de Marcos Montoya Salazar y Candela Díaz Giménez, dos jóvenes gitanos de Pontevedra cuyos sueños son entrar en la Guardia Civil y trabajar en el comercio textil, respectivamente. La Boa Vila alzó, por décimo año consecutivo, la bandera del pueblo gitano con motivo del 8 de abril

Los jóvenes Marcos Montoya Salazar y Candela Díaz Giménez, en la Praza da Verdura. | RAFA VÁZQUEZ

Los jóvenes Marcos Montoya Salazar y Candela Díaz Giménez, en la Praza da Verdura. | RAFA VÁZQUEZ

Pontevedra

Pontevedra lleva una década desplegando la bandera del pueblo gitano. Este gesto, que es mucho más que exponer una simple pancarta verde y azul al mundo, se volvió a repetir hoy, 8 de abril, Día Internacional del Pueblo Gitano. El acto, en el balcón de la Casa da Luz, en la Praza da Verdura, reunió a representantes políticos y sociales, así como a miembros y usuarios de la Fundación Secretariado Gitano en Pontevedra.

Al pie del edificio, jóvenes gitanos leyeron un manifiesto con el que dijeron bien alto «no queremos caminar solos», en clara referencia a todos los actores sociales.

Asimismo, recordaron que «conocer es esencial» y que «no vale con conocer nuestras aportaciones solo en días marcados». Se pidió también un compromiso real de la clase política, «que no se quede solo en buenas palabras».

Entrar en la Guardia Civil

Marcos Montoya Salazar, de 18 años, fue uno de los lectores del manifiesto. En conversación con FARO al concluir el acto, este vecino del barrio pontevedrés de Estribela, confesó que sueña con formar parte de la Guardia Civil.

Su camino formativo comenzó en el colegio Sagrado Corazón de Placeres, donde terminó la ESO. Después inició un ciclo medio de instalaciones frigoríficas en el IES Chan do Monte, en Marín, aunque pronto se dio cuenta de que aquel no era su sitio. «No me sentí a gusto», resume sobre una etapa que dejó atrás a los pocos meses.

Tras esa experiencia, valoró estudiar un ciclo relacionado con la seguridad medioambiental, pensando ya en su gran vocación: ingresar en la Guardia Civil, y más concretamente en el Seprona. «Llevo toda mi vida queriéndolo», asegura. Sin embargo, reconoce que a veces le frenan las inseguridades propias de su edad. «Tonterías, pensamientos jóvenes de ahora, pensar que hay que dedicarle mucho tiempo...», explica. Aun así, no renuncia a ese objetivo. «Con un poco de esfuerzo se puede. Si pongo empeño, sí».

Su aspiración no surge de la nada. En su familia tiene varios referentes en el ámbito de la seguridad y en cuerpos policiales.

El despliegue de la pancarta del pueblo gitano en el balcón de la Casa da Luz de Pontevedra. | RAFA VÁZQUEZ

El despliegue de la pancarta del pueblo gitano en el balcón de la Casa da Luz de Pontevedra. / RAFA VÁZQUEZ

El comercio como pasión

También la joven Candela Díaz Giménez mira hacia adelante con determinación. Tiene 20 años e igualmente que Marcos realiza el curso de paquetería y gestión de paquetes, pero su experiencia laboral ya le ha permitido confirmar por dónde quiere orientar su vida: la venta en el comercio textil.

Candela cursó un ciclo medio de actividades comerciales y, gracias a esa formación, realizó prácticas en Zara, en Pontevedra. La experiencia fue tan positiva que reafirmó su vocación. «El trato con el cliente, la verdad es que me gusta mucho», explica. «El hacer cosas, el estar realizada, da alegría».

Asegura que su paso por la tienda de Inditex fue una vivencia muy satisfactoria. «Me dieron mucho cariño y mucho aprecio. Me sentí muy bien», recuerda al ser preguntada por una posible discriminación en el trabajo por ser de etnia gitana.

Ese balance positivo la lleva a animar a otras jóvenes gitanas a no ponerse límites antes de tiempo. Su mensaje es claro: «Que lo intenten, que no todo es como pensamos». Para ella, las oportunidades llegan con esfuerzo, constancia y ganas reales de hacer las cosas bien. «Puedes llegar a hacerlas, pero teniendo tu constancia y queriéndolas hacer».

Candela tiene claro que le gustaría seguir vinculada al comercio en el futuro. A esa meta suma otro paso importante en su autonomía personal: está sacándose el carné de conducir. Se siente en una etapa de crecimiento. «Estoy realizada», reconoce.

En un momento en el que todavía persisten prejuicios sobre el acceso de la juventud gitana a la formación y al empleo, Marcos Montoya Salazar y Candela Díaz Giménez ponen voz a otra realidad: la de quienes estudian, se forman, trabajan y buscan su oportunidad desde Pontevedra.

Sus historias hablan de formación y empleo, pero también de expectativas, referentes y confianza. Ambos coinciden en una idea: con constancia, el futuro también se construye.

Los mismos derechos

Rebeca Fernández, mediadora intercultural de la Fundación Secretariado Gitano en Pontevedra, reivindicó en declaraciones a la prensa tras el acto institucional en la Casa da Luz la igualdad real de derechos para la comunidad gitana.

«Lo que reivindicamos este año es que tengamos los mismos derechos. Sigue habiendo antigitanismo y nosotros queremos defender que, al final, queremos las mismas cosas que cualquier otra persona: trabajo, dignidad, derechos y educación. Somos un pueblo que ha sido perseguido y marginado, y por eso queremos ser ciudadanos de pleno derecho», señaló. Así, advirtió de que una de las discriminaciones más frecuentes se produce en el acceso al empleo.

Por su parte, el alcalde de Pontevedra, Miguel Anxo Fernández Lores, destacó el compromiso del Concello Pontevedra, pionero a nivel nacional en colocar en un edificio municipal la bandera del pueblo gitano, «algo que facemos desde o ano 2017». Subrayó, además, los avances logrados en el ámbito educativo e instó a seguir trabajando en el acceso al empleo, la clave para la plena inclusión.

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