El eco de la tiza y la libertad: Carracedo, en Caldas, rescata del olvido a sus maestros represaliados
La asociación cultural Carracedo Fala rinde homenaje a Pilar Pozo Juncal y a Agustín Álvarez con el descubrimiento de una placa en la fachada de la escuela unitaria
El acto se celebrará el próximo domingo en el marco de una jornada que incluirá un ciclo de conferencias y una sesión de cine documental

Alumnas de la Escuela de Niñas de Carracedo con Pilar Poza. / Carracedo Fala
Huele a tierra mojada y a memoria contenida en los caminos de Carracedo. En los muros de la vieja escuela unitaria todavía parece resonar el eco metálico de la campana y el rumor de unos niños que, en la década de los treinta, descubrieron que el mundo era mucho más vasto que las lindes de su parroquia. Quienes les abrieron las ventanas de par en par fueron Pilar Poza Juncal y Agustín Álvarez. No traían solo cartillas, tinteros y mapas; traían bajo el brazo el aliento fresco y modernizador de la Segunda República. Hoy, esos niños son ancianos de manos arrugadas que todavía pronuncian el nombre de sus maestros con una devoción casi sagrada. Y este domingo, 19 de abril, el silencio espeso que durante décadas cubrió su destierro se romperá definitivamente contra la piedra de la fachada escolar.
Pilar, nacida en Pontevedra en 1896, y Agustín, originario de Marcón dos años más tarde, aterrizaron en las escuelas de niñas y niños de esta parroquia de Caldas de Reis con la convicción de que la educación era el único motor real para dignificar la vida. Convirtieron las aulas en faros. Tradujeron los valores democráticos a hechos tangibles: organizaron excursiones para que los críos pisaran realidades nuevas, abrieron las puertas por las tardes para que los adultos de manos encallecidas por el campo aprendieran a leer, y sostuvieron el pulso de la Sociedad Cultural y Recreativa de la Juventud, nacida en 1935.
Juntos llegaron a reunir y donar a la parroquia una biblioteca entera, presentando los libros como escudos contra la resignación. Pero el verano del 36 trajo consigo el ruido ensordecedor de las botas y la oscuridad militar.

Agustín Álvarez. / Caracedo Fala
El golpe partió Carracedo en dos. Aquel afán por sacudir el letargo rural incomodaba a algunos, que no dudaron en poner el nombre de los docentes en la diana de las denuncias. Fueron depurados, apartados fulminantemente de sus pizarras. En aquellos meses de terror puro, donde la vida valía lo que tardaba en vaciarse un cargador en la cuneta, un grupo de vecinos se la jugó estampando su firma en un escrito para intentar salvar a Pilar del abismo. Fue un acto de valentía inútil frente a la apisonadora represiva. Ninguno de los dos volvería a dar clase allí. Pilar tuvo que sobrevivir en los márgenes hasta 1940, cuando recuperó su oficio en Silleda. Para Agustín, el peaje fue aún más cruento: conoció el frío salado y el hambre del penal de la isla de San Simón, y la dictadura no le permitió pisar un aula hasta 1947.
Tras el golpe ninguno de los dos volvería a dar clase en Carracedo. Pilar tuvo que sobrevivir en los márgenes hasta 1940, cuando recuperó su oficio en Silleda. Para Agustín, el peaje fue aún más cruento: conoció el frío salado y el hambre del penal de la isla de San Simón, y la dictadura no le permitió pisar un aula hasta 1947
Ha tenido que pasar casi un siglo para que su nombre regrese al lugar del que fue violentamente arrancado. La asociación cultural Carracedo Fala ha decidido dar un paso al frente para organizar el primer acto de estas características en el municipio de Caldas en cumplimiento de la Ley de Memoria Democrática. "¿Por qué ahora? Pues sencillamente porque no se hizo antes", zanjan desde la entidad, con la contundencia aplastante de quien es consciente de que la justicia llega dolorosamente tarde. Se trata de saldar una factura emocional y cívica con quienes pagaron con su libertad los derechos que hoy damos por sentados.

Cartel de los actos de homenaje. / Carracedo Fala
Para tejer el contexto antes de dar paso al recuerdo, la jornada arrancará a las once de la mañana en el local social de O Gorgullón (Carracedo). Javier Frieiro, presidente de Carracedo Fala, abrirá el ciclo dibujando la modernización educativa de la República, para ceder el testigo al descenso a los infiernos con el historiador pontevedrés Xosé Álvarez Castro y su crudo análisis de la violencia política post-golpe. La arqueóloga e investigadora del Incipit, Elena Cabrejas, pondrá la lupa sobre la represión en Caldas; y Margarita Teijeiro, creadora de O Faiado da Memoria, cerrará las intervenciones hablando del compromiso cívico.
Será a la una de la tarde cuando la comitiva, respaldada por familiares, representantes políticos del Concello y la Deputación, directivos de la asociación y antiguos alumnos de la escuela, se desplace al Centro Rural Agrupado. Allí se descubrirá la placa que fijará para siempre a Pilar y Agustín en la geografía de Carracedo. El homenaje concluirá a las cinco de la tarde con la proyección del documental “Lola”, del director Antonio Caeiro, galardonado en el Festival de Cine de Ourense, y un coloquio posterior.
Carracedo recupera así el próximo domingo a sus maestros. Nadie les devolverá los años robados, el miedo pasado ni la salud marchitada entre rejas, pero se les restituye, por fin, el lugar de honor en la historia de una aldea que ya nunca más podrá pasar por delante de la escuela sin leer sus nombres.
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