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Campus

Los socorristas se forman fuera del agua

Un proyecto de la Facultade de Ciencias da Educación e do Deporte de Pontevedra valida un sistema pionero de triaje específico para el medio acuático que potencia los resultados de sus estudiantes.

La simulación inmersiva afina la respuesta ante ahogamientos.

La simulación inmersiva afina la respuesta ante ahogamientos. / FdV

Pontevedra

Saber a quién rescatar primero puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte en un incidente acuático con varias víctimas. Esa es la base del método T-Remoss, un sistema de triaje específico para entornos acuáticos diseñado por el grupo de investigación Remoss y validado ahora en un proyecto docente desarrollado en la Facultade de Ciencias da Educación e do Deporte de Pontevedra, que también ha constatado la utilidad de la realidad virtual inmersiva para entrenar este tipo de decisiones.

El método, publicado en la Revista Española de Urgencias y Emergencias, es el único de estas características existente en todo el panorama nacional para escenarios acuáticos.

Su aplicación formó parte de un proyecto de innovación docente seleccionado en la convocatoria del año pasado de la facultad, centrado en la creación de escenarios virtuales para la gestión de contingencias en el agua y en su uso en la docencia del Grao en Ciencias da Actividade Física e do Deporte.

La investigación comparó dos formas de entrenamiento. Un grupo de estudiantes se formó con gafas de realidad virtual a partir de una grabación en 360 grados de un simulacro con cinco víctimas, mientras que otro recibió una sesión tradicional de 30 minutos de duración con explicación, visionado en pantalla y debate posterior. Después, ambos grupos tuvieron que clasificar la prioridad de rescate de las víctimas del simulacro.

Los resultados apuntan a una mejora clara en el alumnado que utilizó realidad virtual. Cuatro de cada cinco alumnos identificaron correctamente como caso de máxima urgencia a una víctima que «nadaba con dificultad». Mientras, en el grupo con formación convencional solo lo hizo uno de cada tres.

También detectó mejor otra situación crítica: el 46,7% clasificó como roja a una víctima agarrada a una plataforma, algo que solo hizo el 6,7% del grupo que aprendió con el estilo tradicional.

«La realidad virtual permite al alumnado vivenciar mejor un incidente y discriminar y seleccionar mejor a quién atender antes», destaca el profesor Marcos Sanmartín, investigador principal del proyecto.

A su juicio, esta tecnología ayuda a percibir matices decisivos «a la hora de ordenar a quién rescato en primer lugar y quién puede esperar antes de recibir ayuda».

El sistema T-Remoss utiliza un código de colores con cuatro niveles de prioridad y fija además un tiempo máximo de rescate en cada caso.

El nivel rojo identifica a personas en riesgo inminente de inmersión que deben ser asistidas en menos de un minuto; el amarillo, a víctimas con flotación básica y desplazamientos precarios, con un margen de menos de cinco minutos; el verde, a personas con desplazamientos fluidos o medios de flotación, con hasta diez minutos; y el negro, a víctimas sin signos aparentes de vida, cuya atención queda supeditada a la del resto salvo que el cese del movimiento sea inminente.

El catedrático Roberto Barcala, coordinador de Remoss, recuerda que en estos episodios suele haber «más víctimas que recursos», por lo que entrenar la toma de decisiones resulta clave en un contexto en el que el ahogamiento sigue siendo «un verdadero problema de salud pública» en España, con unas 400 muertes al año.

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