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Camposanto de Poio

Relevo en el cementerio

Durante más de tres décadas Francisco Martínez Vázquez fue el sepulturero del cementerio municipal de Poio. Su paso por el camposanto es evidente en el cuidado de los jardines, la creación de un pequeño museo con aperos de labranza y del mar y en la plantación de los árboles frutales que crecen en el exterior. Pero, sobre todo, en el trato con la gente. Gonzalo Vázquez ha cogido el relevo en el puesto.

Francisco Martínez y Gonzalo Vázquez, en uno de los jardines del cementerio municipal de Poio.

Francisco Martínez y Gonzalo Vázquez, en uno de los jardines del cementerio municipal de Poio. / GUSTAVO SANTOS

Poio

No es fácil ser sepulturero, pero Francisco Martínez Vázquez, recién jubilado en el cementerio municipal de Poio, lo ha sido durante los últimos 34 años. «Si tengo que empezar de nuevo, volvería a escoger lo mismo», asegura rotundo un hombre que ha dedicado su vida al cuidado del camposanto y, sobre todo, al trato con la gente en los momentos más duros de sus vidas.

Lo cierto es que ha dejado el pabellón bien alto para su relevo, Gonzalo Vázquez, de 54 años, que intenta mantener aquellos detalles puestos en marcha por su predecesor aportando su toque personal. Sabe que el cariño de los vecinos se gana poco a poco y que ocupa un puesto en el que el lado humano está por encima de todo.

Francisco Martínez, Paco para los vecinos de Poio, comenzó a trabajar para el Concello en abril del año 1985. Hasta 1992 se dedicó a servicios varios en los equipos municipales de fontanería, jardinería, albañilería, electricidad, mantenimiento... Y el uno de junio de ese año le propusieron ocupar el puesto de sepulturero, o enterrador.

El homenaje a los fallecidos del «Novo Marcos». | G. SANTOS

El homenaje a los fallecidos del «Novo Marcos». | G. SANTOS

Reconoce que no todo el mundo vale para este trabajo y que en el mismo día en el que tuvo que intervenir en un entierro por primera vez también le encargaron una exhumación. «Para esto hay que nacer, no vale cualquiera», asegura. «Preguntaron a varios trabajadores si querían venir para aquí, pero nadie quiso. A mí me dijeron que había fallecido Pichín, el anterior sepulturero, y que había que enterrarlo. Yo desconocía todo esto y creo que nunca había entrado en un cementerio. Pero me di cuenta de que no era traumático».

Así que empezó solo cuando había algún fallecimiento, pero pronto su presencia se hizo necesaria el cien por cien de la jornada, y de este modo se convirtió oficialmente en el nuevo sepulturero.

«Aquí todos los alcaldes que estuvieron, y concejales, jamás se metieron en lo que yo creía conveniente hacer», celebra contento con el trabajo realizado durante más de tres décadas. Fueron cuatro los regidores locales de Poio que conoció en su puesto: Armando Couselo, Emilio Rey Fonseca, Luciano Sobral y Ángel Moldes, en la actualidad. Y con todos ellos tuvo siempre muy buena relación por el respeto mutuo.

Uno de los aperos expuestos en el cementerio. | G. SANTOS

Uno de los aperos expuestos en el cementerio. | G. SANTOS

El valor humano

Y si la relación con los dirigentes políticos es importante, todavía lo es más con los vecinos del municipio, usuarios del cementerio. «Yo estoy encantadísimo de haber tenido este trabajo por el contacto que tienes con la gente», confiesa Paco Martínez. «Siempre te piden cosas. El simple gesto de cambiarles una bombilla en el panteón lo agradecen muchísimo. Después de que se haga en el entierro lo que ellos piden los ves tranquilos y ves sus caras de agradecimiento. Eso para uno es una satisfacción».

«A veces al acabar el entierro me quedaba con algunas familias y con unas palabras de apoyo en ese momento tan fastidiado lograba sacarles hasta una sonrisa».

Es el principal motivo por el que no se cansa de repetir que «sin pensarlo, volvería a dedicarme a esto».

Hay que destacar también que en su trayectoria en esta profesión han tenido un papel importantísimo tanto su mujer como sus tres hijos, «un apoyo fundamental», sin el cual no hubiera podido llevar a cabo su trabajo con orgullo.

Imagen de exposición de un antiguo panteón reformado. | G. SANTOS

Imagen de exposición de un antiguo panteón reformado. | G. SANTOS

Naufragio del «Nuevo Marcos»

El momento más duro que recuerda Francisco Martínez en el cementerio fue el entierro de los tres fallecidos en el naufragio del «Nuevo Marcos», en la ría de Pontevedra en la primavera de 2017.

«Aquello fue tremendo. Ver ahí delante de esa capilla tres féretros con tres chavales dentro...», dice emocionado.

Por eso decidió hacerles un pequeño homenaje en su memoria, con dos instalaciones en los jardines del camposanto.

Mantener e incluso mejorar

Gonzalo Vázquez coge el relevo, después de un concurso-oposición, con la esperanza de al menos hacerlo tan bien como Paco. También en su caso tiene conocimientos en electricidad, jardinería, mantenimiento...

«Todo el mundo me dice que él dejó el listón muy alto, pero yo quiero hacer lo mismo y, si puedo, mejorarlo», afirma modesto.

Es por eso que ya se afana en arreglar los jardines, cuidar los aperos de labranza y de pesca expuestos por diferentes puntos, las imágenes de santos y vírgenes de panteones reformados e incluso los frutales en el exterior del recinto, para recibir con fruta fresca a las familias. Lo que está claro es que la profesión de sepulturero es mejor entendida, y vista, una vez que se conoce la ilusión de aquellos que la ejercen o la han ejercido.

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