Semana Santa en Pontevedra
La Boa Vila: museo de fe al aire libre
El presidente de la Xunta y la conselleira de Vivenda presiden las procesiones
Lejos de los focos y el protocolo, el verdadero milagro de la Semana de Pasión se forja meses y horas antes de las procesiones. Las hermandades asumen a pulmón el enorme coste logístico y económico de los desfiles

Gustavo Santos
Susana Regueira
En las calles de Pontevedra los fieles viven desde hoy el grueso de la programación de la Semana Santa, un despliegue organizativo que moviliza a cerca de un millar de cofrades para acompañar a sus respectivas imágenes a lo largo del centro histórico. La solemnidad de la procesión de los Pasos marca esta noche el pulso del Jueves Santo. La gran comitiva penitencial, que partió de la basílica de Santa María, contó con una destacada representación institucional, encabezada por el presidente de la Xunta de Galicia, Alfonso Rueda, quien asistió junto a la conselleira de Vivenda e Planificación de Infraestruturas, María Martínez Allegue, y el presidente de la Diputación de Pontevedra, Luis López.
Representantes de la Guardia Civil, la Policía Nacional y la Corporación se suman asimismo al desfile, que presencian cientos de fieles y turistas.
Y es que el paso de las tallas convierte un año más el trazado urbano en un museo de imaginería al aire libre. Abierta por la Cruz Parroquial, la procesión vuelve a hilar de forma visual los momentos centrales de la Pasión a través del Paso de la Cena, custodiado por la Cofradía de Nuestra Madre del Mayor Dolor; la Oración en el Huerto y el Beso de Judas, a cargo de Nuestra Señora del Amor Hermoso; y las imágenes de Jesús Cautivo y la Flagelación, escoltadas por Nuestro Padre Jesús del Silencio y la Orden franciscana seglar.

Las calles de Pontevedra vivieron un multitudinario Jueves Santo. / Gustavo Santos
El relato de fe avanza con la talla de Jesús atado a la columna, amparada por la Cofradía do Corpo Santo, el Ecce Homo del Espíritu Santo, y la Cruz a Cuestas, que porta su cofradía homónima. Cierra el cortejo penitencial el Santísimo Cristo de la Expiración junto a la Virgen de la Soledad, de la Vera-Cruz y Misericordia, seguidos por la representación del clero y los fieles.
Toda esta imponente estructura humana moldea la fisonomía de la ciudad a lo largo de un extenso itinerario que arrancó en la Avenida de Santa María para salir hacia el ensanche y adentrarse hacia la Plaza de España, Michelena y volver al centro histórico por el Paseo Antonio Odriozola. El recogimiento de los nazarenos transita después por calles más estrechas como Naranjo, Pasantería y Sarmiento, desembocando en el entorno de la calle Real, la céntrica Plaza de Curros Enríquez y Fernández Villaverde, para buscar finalmente el regreso a la basílica por Michelena y la Plaza de España.

En el desfile participaron cofrades de entre 3 y más de 80 años. / Gustavo Santos
La cadencia de la Semana Santa pontevedresa no se detiene y alcanzará mañana, Viernes Santo, otro de sus momentos de mayor devoción popular con la Procesión del Encuentro, fijada para las nueve y media, y su respectivo Viacrucis Penitencial.
La singularidad de esta marcha radica en su logística doble: la imagen de Cristo con la Cruz a Cuestas iniciará su camino en solitario desde la Basílica de Santa María, avanzando por Alhóndiga, Don Filiberto y Manuel Quiroga. De forma paralela, la Virgen de la Soledad abandonará la Iglesia de San Bartolomé para discurrir por Sarmiento, Real, Isabel II y Princesa.
La cadencia de la Semana Santa pontevedresa no se detiene y alcanzará mañana, Viernes Santo, otro de sus momentos de mayor devoción popular con la Procesión del Encuentro, fijada para las nueve y media, y su respectivo Viacrucis Penitencial
Ambas comitivas confluirán finalmente en la Plaza de Teucro, donde se escenifica el emotivo encuentro al amparo del sermón. La organización ya había previsto que, en caso de suspensión por mal tiempo, el acto se celebrará en el interior de la Iglesia de San Bartolomé, una medida que finalmente no será necesaria, en una Semana Santa amparada por el buen tiempo, tras dos años en los que la lluvia y el viento obligaron a suspender gran parte de los desfiles.

Cofrades a la llegada de la procesión en la calle Michelena. / Gustavo Santos
Oración de Vísperas
El cierre a esta intensa jornada de Viernes Santo retornará al entorno de la Basílica de Santa María. A las seis y media de la tarde, el templo será escenario de la Oración de Vísperas y el sobrecogedor rito del Desenclavo, preludio directo de la Procesión General del Santo Entierro, que echará a andar a las ocho de la tarde. El luto riguroso se adueñará entonces de un recorrido urbano que enlazará la Avenida de Santa María y la Plaza de España con arterias de fuerte tránsito como Riestra, Oliva, García Camba y Peregrina, retornando por los Soportales y Michelena hasta alcanzar su punto de origen.

Penitente de la cofradía do Corpo Santo. / Gustavo Santos
Esta comitiva estará presidida por la conselleira María Martínez Allegue y la abrirán la Cruz Parroquial y la escenificación del Calvario. Tras ellos, la devoción tomará forma tangible en la talla de Nuestra Señora del Amor Hermoso y la Verónica, celosamente escoltadas por los cofrades de Nuestra Señora del Amor Hermoso.
El leve roce de las túnicas contra los adoquines marcará el avance del Cristo crucificado, alzado por los miembros de la Cofradía do Corpo Santo, que precederá a la desgarradora imagen de la Virgen del Mayor Dolor, arropada por su hermandad homónima, la Cofradía de Nuestra Madre del Mayor Dolor.

Una imagen del desfile del Jueves Santo. / Gustavo Santos
A medida que la hilera de capirotes serpentee por el centro urbano, la Cofradía de Nuestro Padre Jesús del Silencio guiará los pasos de Nuestra Señora de las Angustias.
El epicentro de esta marcha fúnebre recaerá sobre el Cristo yacente, sostenido en su pesado letargo por la Cofradía de Nuestro Padre Jesús con la Cruz a Cuestas. Para cerrar este museo itinerante de la Pasión, caminará la Virgen de la Misericordia al amparo de la Cofradía de la Vera-Cruz y Misericordia.
El punto y final a esta manifestación de recogimiento lo pondrán la Santa Cruz, venerada por la Cofradía del Espíritu Santo, y las autoridades eclesiásticas a través de la obligada representación del clero.
Tras las dos jornadas centrales, la programación seguirá el próximo sábado con el traslado de la imagen del Ecce Homo. La cofradía del Espíritu Santo acompañará esta comitiva a partir de mediodía desde la basílica de Santa María hasta el templo de Santiago Peregrino de O Burgo.
El pulso invisible de la Pasión
Faltaban diez horas para que el primer capirote pisase el asfalto, pero en las naves de los templos pontevedreses o las plazas en donde se montan los pasos ya olían a ceras y a flor recién cortada. Eran apenas las diez de la mañana y el engranaje de la devoción trabaja a destajo. «La clave es empezar a montar lo más temprano que puedas para no llegar a la última hora con problemas», confiesa Ramón Peón, presidente de la Junta Coordinadora, pendiente del reloj para reservar el aliento de sus cofrades antes de dar inicio al desfile de Los Pasos.
Y es que durante la mañana toca armar las pesadas estructuras de los pasos, encajar faroles y disponer los estandartes. Es un despliegue de músculo y también financiero. Aunque la restauración de las imágenes se costea a lo largo de los meses, Peón reconoce que el mayor zarpazo económico de estos días centrales lleva nombre de flor y vela, un esfuerzo que asumen a pulmón hermandades y colaboradores.
«La flor es casi lo que más te cuesta hoy en día, junto a las velas; es un esfuerzo económico para todos, para las cofradías, los cofrades y la gente que nos ayuda», relata mientras a su alrededor se prepara el resto de la ornamentación, desde los cetros hasta los pendones y estandartes.
A la tensión propia de cuadrar estas piezas se ha sumado un vértigo organizativo inédito. La agenda ha forzado este año a mantener el protocolo institucional durante dos días consecutivos, dada la presencia por primera vez del presidente de la Xunta y la conselleira de Vivenda. A mayores, Ramón Peón confiesa que las conexiones en directo y grabaciones de Televisión de Galicia añaden presión logística a la jornada.
Sin embargo, lejos de los focos y las autoridades, la verdadera fuerza de estas horas previas respira en quienes sostienen el legado. En ese trajín de última hora se cruzan las manos curtidas de veteranos que rondan los ochenta años con la mirada inquieta de niños de apenas tres o cuatro, los benjamines de las cofradías. Desde los más pequeños hasta aquellos que desfilan «hasta que el cuerpo aguante», una amalgama vital de jóvenes y mayores confirma, entre faroles y claveles, que el relevo de la Semana Santa está garantizado. «La tradición sigue viva», resume Peón.
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