Nomenclátor de Galicia
O Campo Lameiro debate su nuevo nombre
Una vocal ha quebrado la rutina en la capital del arte rupestre. La oficialización de O Campo Lameiro resuena entre mostradores y peluquerías, dividiendo a unos vecinos que hoy debaten entre la reivindicación de su memoria oral y el enfado por un trámite administrativo que muchos juzgan innecesario

Íria y Jorge, profesionales del restaurante Casa Tito, toda una referencia en la hostelería de O Campo Lameiro. / Gustavo Santos
El olor a las hogazas y barras de la Panadería Mipa o el sonido de los secadores en la Peluquería Susana forman parte del ambiente cotidiano de una mañana cualquiera en la capital del arte rupestre gallego. Sin embargo, el habitual intercambio de comentarios sobre el tiempo a pie de mostrador ha sido sustituido por un debate mucho más terrenal: la Xunta acaba de oficializar la alteración de la toponimia y el municipio amaneció ayer con un artículo extra. El paso de Campo Lameiro a O Campo Lameiro ha aterrizado en los corrillos vecinales provocando una fractura de opiniones que oscila entre la reivindicación histórica, la indignación y el pragmatismo puro.
Para Salomé, nacida en la localidad aunque con residencia intermitente en Pontevedra, la decisión administrativa no es más que un reflejo de la realidad histórica. «Dende o punto de vista lingüístico, ten significado e ten sentido, porque realmente Campo Lameiro é unha composición de dúas palabras», explica. Para ella, la oficialidad viene a dar la razón a la costumbre oral de los vecinos. «De feito sempre decimos aquí O Campo, cando falamos desta zona en concreto, sempre falamos de O Campo, nunca decimos Campo Lameiro», recuerda, aunque admite que el proceso de adaptación visual llevará su tiempo porque «vai chocar un pouco».

Manuel: «Sempre que se faga por ben, está ben» / Gustavo Santos
Es una postura que comparte Manuel, quien encoge los hombros con tranquilidad ante la novedad, argumentando que «parece que ten que ser un pouco máis galego» y que «sempre que se faga por ben, está ben». A Carmen, en cambio, la vocal añadida le rompe los esquemas tras toda una vida acostumbrada a la vieja nomenclatura. Le resulta «un pouco diferente» y «raro» pronunciarlo, pero asume con resignación el trámite: «Toda a vida sendo Campo Lameiro. A ver, haberá que afacerse, non?».

María Jesús, de la Panadería Mipa, pide un mayor esfuerzo en la promoción turística del municipio. / Gustavo Santos
«Sempre falamos de O Campo, nunca decimos Campo Lameiro», defienden los partidarios de una oficialidad que choca con parte de la calle
Pero basta avanzar un poco por la calle para que el ambiente se caldee. Entre peines y tijeras, Susana no oculta su enfado ante las primeras clientas del día. «A min gústame ser de Campo Lameiro, non de O Campo Lameiro. Eso sona fatal», sentencia la propietaria de la peluquería local. La noticia la sorprendió y ayer era el tema estrella entre los espejos de su negocio. «Non sei quen tivo esa magnífica idea de cambiarlle o nome. Non me gusta nada, non estou de acuerdo», reclama. Su indignación nace, sobre todo, de la falta de consulta popular sobre un elemento que define su identidad. «Tiñamos que ir a votación para que fose así, os de Campo Lameiro, a ver que opinaban todos. Pero somos de Campo Lameiro».

Susana, al frente de la peluquería de su mismo nombre, reconoce que "no me gusta nada" el cambio de nombre. / Gustavo Santos
En la misma línea de rechazo frontal se sitúa Adrián, quien eleva la crítica de lo estético a lo económico. «Paréceme un chiste e creo que en Galicia hai cousas máis importantes ás que atender», protesta. Para él, la modificación se traduce en burocracia, facturas y un desvío de la atención pública. «Non é algo moi razoable hoxe en día con todos os problemas que temos. Haberá que cambiar toda a señalética, os carteis... Eu penso que a Xunta de Galicia non estivo no que tiña que estar», lamenta.
El comercio local pide ir más allá del debate sobre la toponimia y urge a la Xunta a centrar los esfuerzos económicos en atraer turismo al municipio
En medio de este fuego cruzado, los negocios históricos mantienen la templanza de quien lleva décadas despachando al público y tomando el verdadero pulso de la calle. En el Restaurante Casa Tito, una institución de la hostelería de la comarca, el ajetreo de los fogones no ha dejado a Jorge e Íria mucho tiempo para testear la opinión de sus comensales.

Salomé: "Dende o punto de vista lingüístico, ten significado e ten sentido". / Gustavo Santos
«Paréceme un chiste e creo que en Galicia hai cousas máis importantes ás que atender», lamenta Adrián, uno de los críticos ante el inminente gasto en el cambio de señalética
Aún así, desde la barra, Jorge le resta dramatismo a la polémica buscando el punto de equilibrio. «As dúas posturas poderían ser válidas, porque moita da xente que ven ao meu negocio che di O Campo Lameiro», reflexiona.
Una perspectiva eminentemente práctica que remata María Jesús desde el mostrador de la Panadería Mipa. Mientras despacha las ventas del día, insiste en que el debate sobre las letras del cartel de entrada al pueblo desvía el foco de las necesidades reales de la economía local. Para ella, la prioridad absoluta no reside en cómo se llame oficialmente el ayuntamiento en los documentos autonómicos, sino en la urgencia de incentivar el turismo y atraer visitantes que pisen sus calles, consuman en sus locales y mantengan vivo el latido del municipio.
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