Poio
El Armadiña Rock se apoya en su gente
El festival de Combarro abre una campaña de micromecenazgo para sostener su edición de este verano y reforzar su característico modelo gratuito, autogestionado y ligado al pueblo pontevedrés

El Armadiña vuelve a mover ficha y opta por la opción del micromecenazgo para sostener su edición de 2026. | FDV
El Armadiña Rock ha puesto en marcha una campaña de micromecenazgo con la que busca reforzar la viabilidad de su edición de este verano y apuntalar su particular modelo de festival gratuito, abierto y autogestionado. La iniciativa, activada a través de Verkami bajo el lema «O teu apoio sostén o festival, o festival fai comunidade», llega después del parón de 2025 y con el objetivo de garantizar la continuidad del proyecto.
«Es para darle un impulso al festival. Los recursos son pocos y los precios muy altos», resume Diego Piñeiro, organizador del certamen, aunque se autodefine como un voluntario más. La idea, añade, no es solo cubrir gastos, sino ofrecerle al público una vía directa para implicarse en un evento que, desde sus inicios, ha querido mantenerse como una cita vinculada a Combarro.
La organización asume que sostener hoy un festival independiente en Galicia es mucho más difícil que hace unos años. «Vemos que muchos que empezaron siendo gratuitos ahora tienen entrada, o cuentan con muchísimo apoyo de las administraciones o empresas», señala Piñeiro. Añade que desde el Armadiña no se plantean cerrar la plaza ni alterar su carácter, porque «para nosotros es un emblema ver esa plaza abierta y llena de gente».

Parte del equipo de voluntarios que participaron el pasado verano. | FDV
El parón de la pasada edición tuvo mucho que ver con el desgaste acumulado. Según explican, el festival llevaba tiempo apoyándose en un núcleo reducido de personas y el cansancio acabó pasando factura. Ahora, el regreso viene de la mano de gente que ya había formado parte del proyecto junto a nuevas incorporaciones para reactivarlo.
No son pocas las que hacen falta. El Armadiña aspira a reunir entre 30 y 40 voluntarios para sacar adelante una cita de tres días que exige mucho más que el horario de los conciertos. Montaje, barras, tickets, carga, descarga y recogida forman parte de un trabajo casi invisible que recae, en su mayor parte, sobre la organización. Solo las áreas más especializadas, «las que no controlamos, como el sonido», quedan en manos de personal contratado.
A ese esfuerzo se suma un modelo de programación que quiere seguir dando protagonismo a la música gallega. «La mayoría del cartel va a ser de aquí», avanza Piñeiro. El entorno hace el resto. El casco histórico, la cercanía del mar, los distintos espacios del festival y las actividades paralelas, también pensadas para público infantil, forman parte de una fórmula que ha convertido al Armadiña en una cita singular dentro del verano musical.
La meta, a medio plazo, pasa por recuperar la dimensión que el festival tuvo antes de la pandemia. Para lograrlo, la organización reclama estabilidad y más continuidad. «Nos gustaría volver a lo que había antes, pero para eso hacen falta años seguidos y más apoyo», resume Piñeiro. Mientras tanto, el Armadiña vuelve a empezar por donde mejor se reconoce: pidiendo a su gente que lo empuje.
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