Tradición en cacao
Pascua creativa en chocolate
El aroma a cacao fundido envuelve el obrador pontevedrés La Artesa, donde Lidia Fariña reinventa la Pascua. A mano y sin moldes industriales, transforma el chocolate en iconos de la cultura pop

Lidia Fariña con algunas de las monas de Pascua que salen en estas fechas de su obrador. / Rafa Vázquez
La tradición de la Pascua y sus sabrosas «monas» o figuras de chocolate se resiste a quedar anclada en el pasado. En el corazón de Pontevedra, un pequeño obrador ha demostrado que la clave para mantener viva esta costumbre es fusionar la artesanía con las tendencias más actuales de la cultura pop. Al frente de La Artesa, que el próximo mes de junio celebrará su undécimo aniversario, se encuentra Lidia Fariña Temprano, una apasionada del cacao que ha convertido esta campaña anual en un evento de creatividad y diseño a medida.
Para la profesional, la Pascua no es solo una fecha en el calendario; es el momento de mayor ebullición creativa del año. El boca a boca ha consolidado a este establecimiento como un lugar de peregrinación obligatoria para padrinos y madrinas que buscan dejar a sus ahijados boquiabiertos.
Esta lealtad, sin embargo, viene acompañada de un alto nivel de exigencia. «Hay un poco de presión por superar las expectativas de otros años», confiesa Fariña. «Los chavales esperan y se preguntan: ‘¿Y este año qué vais a hacer?’».
La respuesta siempre pasa por la personalización absoluta y el rechazo a lo genérico. Aquí no hay producción en cadena, sino imaginación aplicada al chocolate.
El catálogo de La Artesa se dicta, en gran medida, por las modas que consumen las nuevas generaciones. La planificación comienza en Navidades, momento en el que se decide la temática del año para poder adquirir con tiempo juguetes de alta calidad que acompañarán a las monas, huyendo de los clásicos y económicos peluches.
Este año, los grandes protagonistas son Stranger Things, con recreaciones en chocolate del temible huevo del Demogorgon o la icónica pared de luces de la primera temporada; el universo K-Pop, con composiciones inspiradas en logotipos y películas de los ídolos musicales surcoreanos; y la saga Harry Potter, de la que destaca una espectacular Snitch dorada elaborada con chocolate Gold que aporta un acabado brillante, aunque es totalmente adaptable a chocolate con leche o negro según el gusto de cada cliente.
Aquí no hay una fábrica, hay huevos hechos uno a uno con puro cariño y mucho tiempo
La paleta de sabores también se ha expandido para adaptarse a todos los paladares, incluyendo opciones de chocolate negro, de pistacho o de fresa, garantizando que hasta los hermanos de los ahijados tengan su figura personalizada a escala.
El alcance de esta pequeña tienda trasciende las fronteras de Galicia. Las herramientas digitales han transformado la forma en la que los padrinos en la diáspora mantienen viva la tradición.
A través de WhatsApp y pagos por Bizum, La Artesa gestiona encargos internacionales. Padrinos que residen en el extranjero, como una fiel clienta desde Irlanda o compradores desde Londres, reservan sus figuras personalizadas para que sus ahijados pasen a recogerlas directamente por el local en Pontevedra. «Es muy fácil y muy cómodo para todo el mundo, puedes mandar fotos de lo que tienes y el cliente elige», explica Fariña.
A pesar del éxito, La Artesa se mantiene fiel a su filosofía de trabajo 100% manual. El año pasado, el obrador produjo alrededor de 160 monas de gran formato (excluyendo figuras pequeñas). Este número representa, en muchos sentidos, el techo de cristal de la verdadera artesanía, tanto que la profesional lanza el mensaje de un posible crowfunding para estrenar un local más amplio.
Con todo, Fariña es clara sobre las limitaciones físicas y humanas del negocio: «Detrás de esto no hay una fábrica, no hay huevos hechos en masa. Hay huevos hechos uno a uno con cariño, con amor y con tiempo». Aunque tuviéramos más espacio, llegaría un número que no podríamos sobrepasar simplemente porque esto es todo manual: atemperas el chocolate, le das las capas al molde, lo ensamblas y haces las piezas para que se parezca al personaje.
La limitación de espacio en la tienda también obliga a una logística estricta: los clientes deben recoger sus encargos rápidamente para dejar hueco a las nuevas creaciones que salen de la cocina, donde un bloque de chocolate se transforma en una obra de arte comestible y personalizada.
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