Entrevista | Xulio Teixeira Rodríguez Escritor, abogado y profesor
Xulio Teixeira, escritor y abogado: «Todos albergamos diferentes yos en nuestras cabezas»
El abogado y profesor de la Univesidad de Vigo profundiza en la enfermedad mental en su nuevo poemario, Viaje al otro, que presentó en el Museo

El abogado, profesor y escritor Xulio Teixeira. / Rafa Vázquez
Cuando se quita la toga, sale de clase o apaga el ordenador del despacho, Xulio Teixeira, empuña el bolígrafo para adentrarse en el territorio más resbaladizo y oscuro de todos: la mente humana. Tras sembrar de cadáveres la ciudad con su thriller As vidas do río y explorar el mercado juvenil a cuatro manos con sus hijas, ahora desnuda la ansiedad, la depresión y las fracturas invisibles en su nuevo poemario, Viaje al otro, que tras su debut en el Museo se presentará el próximo día 10 de abril en el Círculo Recreativo Cultural de O Porriño.
—Abogado de profesión y profesor de Derecho, un hábitat acostumbrado a la rigidez de la norma. ¿En qué momento un jurista decide que necesita la literatura para explicarse el mundo?
—Más que una decisión vital rupturista, diría que es un refugio que siempre ha estado ahí. Llevo escribiendo a la sombra mucho tiempo. Lo que ocurre es que, íntimamente, un día me dio una especie de ataque, me atreví a ordenar y publicar esas cosas que tenía guardadas, y resultó ser una experiencia profundamente agradable y reconfortante. Aunque he transitado la novela, e incluso me he estrenado publicando con mis hijas, si tuviera que definir mi faceta más pura te diría que escribo poesía. Para mí es el camino más sencillo: me permite plasmar una idea, un pensamiento o una emoción en muy pocas palabras y, de esa manera, resolver el problema. La novela, en cambio, te exige una arquitectura temporal y una capacidad de engrosar la trama que resulta mucho más pesada.
—Su nueva obra, Viaje al otro, huye de la complacencia para meter el bisturí en la ansiedad y la depresión. ¿Qué resorte salta para que decida exponer algo tan crudo, y a la vez tan a flor de piel en la sociedad actual, a través de los versos?
—Tenía una serie de poemas sobre cuestiones que afectan al ámbito psíquico y psicológico y decidí darles estructura. Lo que pretendo es exponer realidades como la ansiedad o la depresión, que hoy están, por desgracia, a la orden del día. El libro traza el trayecto de una persona desde que percibe esa primera pequeña llamada de atención interna que te avisa de que algo no va bien, pasando por la negación de los síntomas y la ciénaga de la duda, hasta chocar de bruces con la aceptación. Al final, no deja de ser un diálogo íntimo. Parto de la base de que no tenemos un solo «yo». Todos albergamos diferentes yos en nuestra cabeza: el cuerdo, el pausado, pero también el atrevido que comete locuras. Y es precisamente esa pelea entre todos nuestros yos por ganar la partida la que construye este libro.
—Hace no tanto lo veíamos sembrando cadáveres en plena Semana Santa pontevedresa con As vidas do río. ¿Resulta más fácil mirar a los ojos a un asesino de ficción que enfrentarse a esos demonios internos que nos boicotean frente al espejo?
—En el fondo, ambos mundos se tocan. En As vidas do río también hay trastornos, y cuando llegas al final te das cuenta de que quien comete esos actos actúa mediatizado por problemas psicológicos y por unas creencias que le hacen pensar que hace lo correcto. Pero es cierto que la perspectiva cambia radicalmente. En la novela, observas el sufrimiento desde fuera, en una tercera persona, empaquetado como entretenimiento para quien busca un thriller. En este poemario, la trinchera es la primera persona. Es la lucha cruda contra uno mismo, un terreno más restringido para quienes quieren adentrarse en esas contradicciones personales que todos vivimos y que afectan directamente a nuestra salud mental. Es vital poner este tema en el foco de la sociedad.
A lo largo de los años vivimos situaciones que nos dejan marcas vitales indelebles, pero son precisamente esas cicatrices las que nos ayudan a sobrevivir. Somos el fruto de todo lo que hemos vivido
—Como autor que escarba en la psique y como padre que ha trabajado creativamente con sus hijas, ¿qué diagnóstico hace de esta nueva generación, sometida a un nivel de exposición pública inédito y que ha normalizado en sus conversaciones la palabra ‘ansiedad’?
—Soy profundamente optimista. Es cierto que se han exteriorizado y visibilizado mucho más enfermedades como la depresión o la ansiedad, pero creo que eso es un avance enorme. Hasta la llegada de este siglo, el sufrimiento mental se mantenía oculto en las casas. Hoy, afortunadamente, ya empieza a hablarse en los colegios y en los institutos de la necesidad innegociable de cuidarnos a nosotros mismos, no solo al prójimo. Los jóvenes se enfrentan a retos nuevos y complejos, como el impacto agresivo de la tecnología y unas relaciones sociales cada vez más virtuales, pero estoy convencido de que van a saber darles solución. Están más preparados de lo que lo estaba nuestra generación para afrontar sus problemas, igual que nosotros resolvimos los que heredamos de nuestros padres.
—Al final de este Viaje al otro, y tras ponerle luz a las sombras, ¿escribir sobre las heridas cura de verdad o solo nos sirve para constatar que todos caminamos por la calle un poco rotos por dentro?
—Las heridas están ahí, todos arrastramos nuestros traumas, sean grandes o pequeños. A lo largo de los años vivimos situaciones que nos dejan marcas vitales indelebles, pero son precisamente esas cicatrices las que nos ayudan a sobrevivir. Somos el fruto de todo lo que hemos vivido. No se trata tanto de buscar una cura mágica como de conocerse a uno mismo. Lo que busca Viaje al otro es que nos detengamos a reflexionar sobre qué ocurre en nuestra cabeza, que entendamos la necesidad de autorregularnos y, sobre todo, de querernos y sentirnos bien con nosotros mismos. Evidentemente, no soy especialista en psiquiatría ni psicología, pero me atrevo a escribir sobre lo que he sentido y sobre lo que veo a mi alrededor porque todos tenemos cerca a un amigo o a un familiar lidiando con estas batallas. Darles visibilidad es el primer paso ineludible para poder ayudar.
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