Turismo
Las reservas de última hora disparan la ocupación hotelera en las Rías Baixas
Los principales hoteles de Sanxenxo esperan rebasar holgadamente el 80% de pernoctaciones durante la Semana Santa. Las reservas para los días centrales ya superan el 90% en la actualidad

Un grupo de peregrinas, ayer en la Praza da Estrela. / Rafa Vázquez
Los teléfonos de las recepciones hoteleras apuran sus timbres y las miradas se cruzan, irremediablemente, con las pantallas de las aplicaciones meteorológicas. Arranca la primera gran prueba de fuego para uno de los grandes motores económicos de la comarca. La Semana Santa dibuja este año un escenario de nerviosismo contenido y reservas de última hora, marcado por un calendario que ha adelantado la festividad y obliga al sector a exprimir al máximo el reclamo del buen tiempo. En Sanxenxo, buque insignia del turismo en las Rías Baixas, y en la capital de la provincia, los profesionales toman posiciones.
Leonardo López, director del hotel Carlos I Silgar de Sanxenxo, pone voz a la tónica general que respira el sector. «Es una Semana Santa marcada por la fecha, cae un poco más pronto que el año pasado y eso siempre repercute en la venta», explica. En los mostradores del establecimiento que encabeza, la tendencia es idéntica a la que comparten otros recintos de su grupo como el Gran Talaso Hotel Sanxenxo o el Nuevo Astur Spa: una comercialización compulsiva en los días previos.
El tiempo es el factor decisivo para empujar a los indecisos de última hora. Con todo, las expectativas son sólidas. López confirma una ocupación para los días principales que ya supera el 90%, con la confianza de rebasar holgadamente el 80% de media semanal y rozar el lleno técnico en el fin de semana, con picos del 96%. El cambio de hora de la pasada madrugada juega a favor, alargando las tardes y animando el consumo.
«El jueves está un poquito más ralentizado, pero el viernes está prácticamente lleno y al sábado le quedan dos habitaciones», desgrana López, anticipando que rozarán el ansiado cien por cien en los días grandes. La memoria del sector es implacable y las comparaciones, inevitables. Cuando la festividad cae a mediados de abril —como el año pasado, en el entorno de los días 18 y 19—, la primavera está más asentada, los días son más cálidos y el cliente reserva con tiempo. Ahora, con la cita encajada en marzo, cada grado en el termómetro y hasta este cambio de hora, que regala tardes más largas y luminosas, se celebran como un empujón vital que anima a la gente a salir.
¿Quién ocupa esas habitaciones que se reservan contrarreloj? No hay un molde único. Se trata de esa ansiada «escapadita en el medio del invierno» o «inicio de primavera» que atrae lo mismo a una familia joven, a una pareja en busca de desconexión o a un matrimonio adulto. Los que planificaron con tiempo llegan con el maletero cargado desde Madrid o Asturias para instalarse cuatro días; los que se dejan llevar por el impulso del buen tiempo de última hora tienen un perfil de estricta proximidad, son fundamentalmente gallegos y vecinos del norte de Portugal que deciden su viaje casi de hoy para mañana.
A veinte kilómetros, Pontevedra mide su pulso turístico sobre la piedra monumental. En la ciudad del Lérez, el fantasma de los dos últimos años, cuando los cielos plomizos obligaron a suspender las procesiones en la calle, todavía sobrevuela las previsiones. Pero esta Semana Santa el sol promete indultar a las cofradías y aliviar al comercio. En la oficina de Turismo de la Plaza de España la prudencia es la norma; saben que la ocupación real de los hoteles de la capital solo se constatará en las estadísticas una vez pase el aluvión. De momento, su plataforma online ya registra las primeras reservas para las rutas guiadas que arrancan el próximo día 30 y se extenderán hasta el 6 de abril, con horarios variables de mañana y tarde que obligan al visitante a mirar con lupa el cartel informativo.
El Camino Portugués adelanta la temporada alta en Pontevedra con la llegada masiva de peregrinos extranjeros
A pie de mostrador, sin embargo, ya hay cifras tangibles que invitan al optimismo. Paula Lourido, al frente de la Asociación de Hoteleros de Pontevedra, sitúa el nivel actual de ocupación en la ciudad «entre un 60 y un 70%», según los establecimientos. La presidenta de la patronal fía el tirón definitivo a esa misma inercia de última hora que se respira en la costa y confía en que la semana «se va a animar» para redondear el balance.
El contexto económico aprieta, pero el deseo de hacer las maletas pesa más en la balanza. «Evidentemente la gente tiene miedo, a las subidas de precios, a cómo está el gasoil... Pero también tiene muchas ganas. Y eso es un punto a nuestro favor», radiografía Lourido.

Turistas, ayer en la plaza de A Peregrina. / Rafa Vázquez
A ese empuje anímico se suma un cambio de dinámicas en el mapa turístico, en el que «mucha gente que otros años viajaba a otros sitios» optará ahora por exprimir los destinos nacionales. Esta confluencia de factores dibuja una sonrisa en el sector en el arranque de la temporada grande. «Creo que será un buen año», subraya Lourido, que no oculta su satisfacción al asomarse a los libros de registro a medio plazo: «Hay muchísimas reservas para 2026 y confío en que sea un buen año».
El volumen de camas ocupadas se sitúa en la Boa Vila «entre el 60 y el 70%», según los establecimientos
La calle, impulsada por este movimiento, ya vibra con una energía propia. María Blanco Miguélez, guía turística que encabeza rutas por el centro histórico desde 2023, conoce bien la elasticidad de este destino. «Una jornada arranca con diez visitantes confirmados y, de repente, el grupo se multiplica hasta la treintena» de forma sorpresiva, explica. Su consejo para los visitantes, por si el cielo amenaza con torcerse, es toda una declaración de intenciones: «Les animo a vivir como un gallego bajo la lluvia». Al fin y al cabo, «los soportales pontevedreses ofrecen refugio constante» para quien sabe mirar.
Pero si hay un termómetro que no engaña en la ciudad del Lérez es el de las mochilas y las botas de montaña. El Camino Portugués ha despertado del letargo invernal y sus arterias empiezan a saturarse, anticipando los llenos absolutos que se registrarán de mayo a septiembre. A los caminantes nacionales se suma ahora un aluvión de acentos que borra fronteras: hay alemanes, estadounidenses e italianos compartiendo trazado con aventureros llegados de Corea, Japón, Australia o Nueva Zelanda, tal y como constatan los albergues.
Este flujo constante oxigena de forma directa los grandes emblemas del patrimonio local, y las Ruinas de Santo Domingo son el mejor ejemplo de este magnetismo; solo el pasado sábado, 400 personas cruzaron sus muros desprovistos de techo, un volumen de máxima afluencia que confirma que la temporada grande ya ha echado a andar. Y lo hace pisando muy fuerte.
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