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Las palmas toman A Ferrería

La concurrida bendición general de palmas y ramos en A Ferrería fue esta mañana el acto central de una jornada eminentemente familiar en la que los niños fueron los grandes protagonistas. Los pequeños de la casa, «armados» con sus palmas, renovaron la tradición de golpear la popular imagen de «La Borriquita», cuya procesión estrenó recorrido, con dos pases por la céntrica plaza.

Cientos de pontevedreses recibieron en A Ferrería a la poular «Borriquita».

Cientos de pontevedreses recibieron en A Ferrería a la poular «Borriquita». / Rafa Vázquez

Pontevedra

El sonido seco y rítmico de las palmas contra la madera y las risas de los más pequeños marcaron este domingo el pulso en el epicentro de Pontevedra. Eran las manos y voces de decenas de niños que, fieles a la tradición, golpeaban la imagen de «La Borriquita» para rubricar que la Semana Santa ya está aquí. El Domingo de Ramos tomó las calles de la Boa Vila en una jornada de marcado carácter familiar que, en esta edición, trajo consigo novedades: la procesión estrenó un recorrido que abrazó hasta en dos ocasiones la plaza de A Ferrería antes de buscar cobijo definitivo entre los muros de la iglesia de San Bartolomé.

La mañana arrancó con el bullicio propio de las grandes citas y una mezcla del olor a las ramas de olivo, el tránsito de las familias y la expectación de los más pequeños, convertidos en los absolutos protagonistas de la jornada. Antes de que la comitiva echara a andar para desembocar en la eucaristía dominical y dar paso a los tradicionales almuerzos familiares, el espacio público fue el escenario de la concurrida bendición.

El padre Floriano impartió la bendición.

El padre Floriano impartió la bendición. / Rafa Vázquez

El párroco de Santa María, Javier Porro, tras agradecer el trabajo silencioso que la Junta de Cofradías realiza durante todo el año, cedió el testigo de la celebración al padre Floriano. Este sacerdote diocesano nicaragüense, que lleva más de un año residiendo en la ciudad tras huir de su país, puso rostro a la persecución que sufren clérigos y religiosos en distintas partes del mundo. Su presencia sirvió de anclaje para recordar a las comunidades que tienen prohibido celebrar públicamente esta tradición católica.

Los niños, grandes protagonistas  de la jornada.

Los niños, grandes protagonistas de la jornada. / Rafa Vázquez

El padre Floriano, sacerdote nicaragüense exiliado, puso rostro a la persecución religiosa

Con las palmas alzadas hacia el cielo y tras la lectura del Evangelio de San Mateo, el canto del «Hosanna» de los niños dio paso a una reflexión sobre la naturaleza de la fe. El padre Floriano recordó la fragilidad de la condición humana, esa misma que hace más de dos mil años recibió a Jesucristo con vítores un domingo para exigir su crucifixión apenas cinco días después. «Somos frágiles, somos barro», advirtió el sacerdote ante la multitud congregada. Su intervención cerró con una petición directa para encontrar firmeza y dignidad ante las tribulaciones cotidianas, instantes antes de que los fieles, ya bendecidas sus palmas y ramos, acompañaran el caminar lento de la procesión hacia su destino.

Tras este populoso arranque, la programación religiosa continúa mañana con la procesión del Cristo de las Caídas. Los cofrades de la Vera-Cruz y Misericordia acompañarán a la imagen, que saldrá a las 20.30 horas de la iglesia de San Bartolomé para recorrer el centro histórico. Se interpretarán motetes en distintos puntos del recorrido.

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