Reclamación
La ausencia del nombre de la madre de Belén en el cementerio de Marín prolonga un duelo familiar tras un año y medio
Belén Veiga denuncia que lleva año y medio esperando a que coloquen el nombre de su madre en la lápida del panteón familiar en el cementerio de Mogor, en Marín, una demora que ha convertido ese trámite en una herida todavía abierta

Belén Veiga muestra la lápida sin nombre en el panteón familiar del cementerio de Mogor. / Rafa Vázquez
Hay duelos que no terminan de cerrarse por una llamada pendiente, un papel sin resolver o un gesto que nunca llega. En el caso de Belén Veiga, la espera tiene una forma muy concreta: la de una lápida sin el nombre de su madre en el cementerio de Mogor, en Marín.
La madre de Belén falleció a finales de noviembre de 2024. Desde entonces, asegura, sigue esperando a que se coloque la placa con su nombre en el panteón familiar. Ha pasado ya más de un año y, según relata, las respuestas han sido siempre parecidas: que hubo un olvido, que hay que consultarlo, que se resolverá más adelante. Pero el tiempo ha seguido corriendo y la inscripción sigue sin aparecer.
No es solo una cuestión material. Tampoco un detalle menor. Para Belén, se trata de algo mucho más profundo: poder ir al cementerio y encontrar la sepultura de su madre debidamente identificada, como corresponde a cualquier familia que acaba de atravesar una pérdida. «Parece mentira que, después de tanto tiempo, siga igual», viene a resumir.
La familia llevaba décadas pagando el seguro funerario, como tantas otras familias de otra generación, que dejaban resueltos estos asuntos durante años pensando precisamente en evitar problemas cuando llegara el momento. El padre de Belén había muerto antes y, en su caso, todo se hizo con normalidad. Fue incinerado, se colocó la placa correspondiente y el trámite quedó cerrado sin incidencias. Con su madre, sin embargo, todo ha sido distinto.
La situación resulta todavía más dolorosa porque no se trata de una sepultura aislada o poco visible. Es el panteón familiar de Mogor, un lugar en el que descansan varios miembros de la familia y en el que la ausencia del nombre de su madre se hace más evidente. Allí están sus padres, sus abuelos y otros parientes. Todos tienen su referencia. Ella, no.
Belén no reside habitualmente en Marín, pero intenta acudir con relativa frecuencia al cementerio. Fue hace poco más de una semana, en su última visita, cuando volvió a comprobar que todo seguía igual. La escena le produjo una mezcla de tristeza e impotencia. Porque el problema no era nuevo, ni inesperado, ni desconocido para la empresa con la que estaba tramitado el servicio. Simplemente, seguía sin resolverse.
A partir de ahí, decidió volver a llamar y pedir explicaciones. Lo que más le duele, cuenta, no es solo la demora, sino la sensación de que nadie le ofrece una respuesta clara ni una solución definitiva. La placa está pagada, pero el nombre de su madre sigue sin estar en su sitio. Y eso, para quien intenta cerrar una pérdida, no es un detalle administrativo, es una ausencia que se prolonga.
El caso habla también de algo más amplio. De cómo un trámite aparentemente pequeño puede adquirir una enorme dimensión emocional cuando se produce tras una muerte. La lápida no devuelve a nadie, pero nombra, señala, reconoce, da forma pública al recuerdo y ayuda, de algún modo, a situar a esa persona en la memoria familiar y también en el espacio compartido del cementerio. Cuando eso no sucede, el duelo queda suspendido en una especie de paréntesis extraño.
Belén pone el acento en la sensación de abandono, en la frustración de tener que reclamar durante meses algo que considera básico y en el malestar de llegar al cementerio y seguir encontrando el mismo vacío. Porque, a veces, el dolor no está en los grandes gestos, sino en estas demoras silenciosas, en una placa que no llega, en un trámite que se eterniza o en una tumba que, año y medio después, sigue esperando ser nombrada.
Suscríbete para seguir leyendo
- La victoria de la Real Sociedad en Copa complica el deseo europeo del Celta: las cuentas para Champions, UEFA o Conference
- Las familias se rebelan contra los profesores: llegan a Inspección por sanciones a los alumnos en Vigo
- O que nos deixou Samba, o noso veciño
- La música electrónica crece en Galicia: nace un nuevo festival a los pies de la ría de Vigo
- El pesquero de Cangas "Eirado do Costal", primero de la flota gallega en incorporar el modelo de un bote salvavidas cerrado e insumergible para soportar las gélidas aguas de Terranova
- «Quedarán prohibidas las comunicaciones por WhatsApp entre familias y profesores. Se harán a través de un canal oficial y dentro de un horario»
- Clara, la abogada más joven de Ourense: «La vocación me viene desde pequeña; mi abuelo hablaba de Derecho en las comidas familiares»
- Muere el policía nacional Nazario Luis Rodríguez Costa, destinado en Salvaterra y antes en la comisaría de Vigo