Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entre palmas, olivos y tradiciones

El entorno del Mercado de Abastos de Pontevedra acoge una vez más una costumbre familiar que cada año vuelve a florecer en vísperas del Domingo de Ramos, la instalación de puestos callejeros de venta de palmas y ramos de olivo

Uno de los puestos de venta de palmas y ramos de olivo frente al Mercado de Abastos.

Uno de los puestos de venta de palmas y ramos de olivo frente al Mercado de Abastos. / RAFA VÁZQUEZ

Pontevedra

Hay tradiciones que no necesitan alzar la voz para seguir vivas, basta asomarse al entorno del Mercado de Abastos para comprobarlo. Entre palmas blancas, ramas de olivo y familias que se detienen a elegir con calma, Pontevedra recupera una de esas estampas que regresan cada primavera con una familiaridad intacta. La feria instalada hoy viernes y mañana frente a la Plaza no es solo un mercadillo al aire libre, sino una escena reconocible, casi doméstica, en la que la ciudad se prepara para el Domingo de Ramos a través de un rito sencillo y lleno de memoria.

Aunque pueda parecerlo, no es solo una compra. Es, para muchos, un gesto aprendido desde la infancia. Los abuelos siguen siendo a menudo quienes se acercan a escoger la palma para los nietos, con esa mezcla de mimo y fidelidad a lo de siempre que acompaña tantas tradiciones populares. También los padrinos mantienen viva esa costumbre de regalar la palma o el ramo, mientras los niños viven la cita con una ilusión especial, sabiendo que mañana les espera una de las procesiones con más encanto de la Semana Santa pontevedresa.

La escena se repite cada año con una naturalidad que dice mucho de su arraigo. Hay quien busca la palma más sencilla, quien prefiere una pieza más vistosa y quien se inclina por la sobriedad del olivo. En ese pequeño mercado al aire libre caben gustos distintos y también maneras distintas de habitar la tradición. Unos compran pensando en la procesión del domingo y otros lo hacen movidos por la costumbre, por no dejar pasar una fecha señalada o por mantener un rito familiar que sigue teniendo un valor sentimental mucho mayor que cualquier precio.

En cuanto a los precios, este año han subido ligeramente con respecto a 2025, y es que las palmas y los olivos no son ajenos a la inflación que se está experimentando a nivel mundial por los diferentes conflictos internacionales que encarecen el día a día. Las palmas más pequeñas se mueven entre los 2,50 y los 3 euros, mientras que las lisas para adultos llegan a los 15 euros. En el caso del olivo, las ramas se venden desde 50 céntimos y pueden alcanzar los dos o tres euros, según el tamaño. Son cifras que rondan en el mercado pontevedrés, donde los puestos ofrecen formatos variados y compradores de todo tipo.

Porque nunca hay una única opción que mande con claridad sobre las demás. De momento, con las ventas todavía algo lentas, ya que la jornada fuerte será la de mañana, sábado, se están llevando palmas de distintos tamaños y estilos, en una feria donde conviven las piezas más discretas con otras más llamativas. Esa variedad también habla de la buena salud de una costumbre que se adapta, que cambia en los detalles, pero que conserva intacto su sentido más profundo. Cada familia encuentra su manera de participar en una tradición que sigue uniendo devoción, infancia y recuerdo.

Los vendedores confían, además, que el buen tiempo favorezca y termine de animar unas ventas que siguen muy ligadas al pulso de la calle. Al mismo tiempo, dejan entrever una preocupación compartida, la de que la pérdida de tradición pese más que cualquier otra competencia y que hoy haya menos niños implicados que hace años. Aun así, el mercado vuelve a demostrar que estas fechas todavía conservan una fuerza especial. Pontevedra se mira en sus palmas, en sus olivos y en ese puñado de gestos heredados que este Domingo de Ramos volverán a cobrar todo su sentido.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents