Entrevista | Javier Casal Periodista
«En la era del ‘streaming’, el rigor es mucho más valioso que la inmediatez»
El director de Hora 14 reivindica la credibilidad y la pausa como antídotos contra la desinformación y la polarización política

El marinense Javier Casal Ferreira, al frente del informativo Hora 14 de la Cadena Ser. / jparis
Pocos custodian mejor la esencia sonora de la radio como Javier Casal, que en 2022 asumió el desafío de tomar los mandos de Hora 14 y heredar el micrófono de una leyenda como José Antonio Marcos. Curtido en el periodismo local y en la jefatura de informativos de Madrid, este marinense ha impuesto su sello en la Cadena SER, mezcla de análisis, defensa del sonido puro y una inconfundible retranca gallega.
—Heredar Hora 14 de una voz histórica como José Antonio Marcos es casi un traspaso de patrimonio sonoro. ¿Qué balance hace de este periodo al frente?
Lo primero que sentí fue la responsabilidad y, por qué no decirlo, el riesgo. Asumir un reto así impone. Piensa que tomé el relevo en 2022 de un periodista que ha sido un referente informativo en España durante los últimos 40 años. Marcos es una persona con muchísimo criterio que ha contado los grandes acontecimientos de nuestra historia reciente. Sustituirle tenía un punto de riesgo elevado y exigía estar a la altura.
—Vivimos en la era del «streaming» y de las cámaras dentro del estudio. ¿Corre peligro la esencia de la radio?
Hora 14 sigue teniendo la esencia de la radio de toda la vida: es un informativo convencional. Es cierto que hacemos incursiones en vídeo, tenemos nuestros pódcast y salida digital; no te puedes cerrar al mundo multimedia en el que la imagen es vital. Pero defiendo el valor de los elementos sonoros. La radio no debe perder su esencia, que es el sonido: la palabra, la música, los efectos, pero también el silencio. Hay que saber callar y guardar ese misterio. A veces, el mensaje entra mejor por el oído que por la vista.
—En su cuenta de X (antes Twitter) suele ser muy activo desmintiendo bulos y aportando contexto. ¿Se ha convertido el periodista en un verificador de hechos a tiempo completo?
A la radio siempre se la conoció como el medio de la inmediatez, pero creo que ese papel ha perdido fuelle, y para bien. Ahora somos el medio del rigor. Quizás hace 15 o 20 años, antes de las redes sociales, llegar primero era lo vital. Hoy, tal y como corre el mundo, a demasiada velocidad, en la era del «streaming», el rigor es mucho más importante y valioso que la inmediatez. No sirve de nada ser el primero si lo cuentas mal. Hay que ser un medio fiable.
—Desde el micrófono de la SER tiene un termómetro privilegiado de la sociedad. ¿Percibe que la calle está tan polarizada como el Congreso o es una burbuja que alimentamos los medios?
Va por territorios. Yo, que soy gallego pero llevo muchos años en Madrid, detecto que aquí la vida política está mucho más agitada, aunque esa polarización se ha ido contagiando a otros lugares. Tengo una opinión muy particular: el objetivo de la política es ganar votos y el de los medios, además de informar, es tener audiencia. Pero no todo vale. Creo que nos hemos excedido. Se han utilizado recursos para llevar al oyente o al votante a extremos ideológicos, bien para agitar el voto o para reafirmar a una audiencia que solo quiere escuchar lo que ya piensa. Eso no es bueno. Desde posiciones más templadas se dialoga, se entiende y se aprende más. Un medio que no ofrece voces críticas ni permite reflexionar no está cumpliendo su labor.
Se han utilizado recursos para llevar al oyente o al votante a extremos ideológicos, bien para agitar el voto o para reafirmar a una audiencia que solo quiere escuchar lo que ya piensa. Eso no es bueno
—Ha citado sus orígenes. ¿Cuánto hay de esa calma de Marín y de retranca gallega en su forma de afrontar la actualidad?
Todo. Hora 14 es un informativo muy vivo, pero está escrito en un 80% o 90%. Yo redacto mi propio informativo de principio a fin y me encanta escribir con retranca. Tengo mucha ironía, algo que heredé de mi padre, y la utilizo dentro y fuera del micrófono. Esa retranca la llevo en el ADN.
—A menudo se dice que quien no ha hecho calle no sabe de periodismo de verdad. ¿Qué aprendió cubriendo la actualidad local en Pontevedra que le sirva hoy en el escenario estatal?
El periodismo local es el periodismo con mayúsculas. Empecé en Pontevedra y luego estuve 12 años como jefe de informativos de la SER en Madrid, que no deja de ser un «pueblo grande». Lo local te curte. Te obliga a estar cerca de las fuentes, a conversar con la gente, a sacar tus propias noticias sin depender tanto de la agenda política. No digo que quien no haya hecho local sea peor periodista, pero es una faceta donde te sientes realmente recompensado porque ves que tu trabajo sirve a la gente de forma directa.
El periodismo local es el periodismo con mayúsculas... Te curte. Te obliga a estar cerca de las fuentes, a conversar con la gente, a sacar tus propias noticias sin depender tanto de la agenda política
—Los jóvenes consumen información en clips de 15 segundos en TikTok. ¿Cómo se les convence para escuchar 45 minutos de informativo lineal? ¿Es una batalla perdida?
El apagón demostró que no. Ese día, sin redes ni internet, muchos redescubrieron la radio. Es evidente que la información llega a los chavales por otras vías, no por los medios convencionales, pero no me preocupa tanto el formato, si es fugaz o no, como el qué consumen. Las redes son un instrumento válido, pero el problema es el contenido que circula, que a menudo carece de rigor o intención sana. Cuando un algoritmo busca modificar tu opinión o conducta, se convierte en un riesgo. Me preocupa más la manipulación que la vía de consumo.
—Si solo pudiera salvar un sonido o una cobertura de toda su carrera, ¿cuál escogería?
Es muy complicado, porque en cada cobertura hay un aprendizaje profesional y una experiencia personal. Pero, por tenerlo muy reciente, me quedo con la DANA de Valencia. Me impactó profundamente en lo personal. Ver miles de personas rotas, pueblos destrozados... A veces sentías hasta pudor por entrometerte, no sabías ni cómo consolar. Pero la gente, que lo había perdido todo, te lo daba todo. Me han marcado otras cosas, como la catástrofe del Prestige (por ser en mi casa), unas elecciones en EE. UU. o la muerte de un Papa. Pero, quizás por mis inicios en el periodismo local, me marcan mucho más las coberturas que están pegadas a la calle y a la gente que los grandes eventos abstractos.
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