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Ría de Pontevedra

Las mariscadoras no quieren «vivir de la pena», sino que se compense su trabajo

Proponen a la Xunta asumir las labores de regeneración de los bancos del fondo de la ría en lugar de que se contrate a empresas externas

Mariscadoras en los trabajos de limpieza de los arenales en Poio en el mes de febrero.

Mariscadoras en los trabajos de limpieza de los arenales en Poio en el mes de febrero. / RAFA VAZQUEZ

Pontevedra

Las cofradías del fondo de la ría de Pontevedra han trasladado a la Xunta su preocupación por la delicada situación que atraviesa el marisqueo, marcada por una importante mortandad de almeja, berberecho y otras especies, una caída casi total de la producción y el fuerte impacto económico que ya sufren tanto los profesionales del mar como las entidades que dependen de esta actividad.

Así lo expone Mari Carmen Vázquez Nores, patrona mayor de la Cofradía de Lourizán, quien advierte de que los últimos muestreos realizados en los bancos marisqueros constatan un empeoramiento de las condiciones respecto a controles anteriores. Aunque la mortandad no fue total en todas las zonas, sí se detectaron puntos en los que la afección fue muy elevada, especialmente en el berberecho, una especie más sensible, y en algunos enclaves donde prácticamente no apareció producto.

Pese a ello, la actividad extractiva continúa de forma muy limitada. Según explica Vázquez Nores, los bancos siguen siendo amplios, pero no presentan el estado que deberían tener, por lo que la extracción actual es mínima y solo se mantiene para no abandonar completamente unas zonas de trabajo que necesitan vigilancia, movimiento y seguimiento constante.

La patrona mayor subraya que dejar los bancos abandonados no es una opción, entre otras razones porque eso favorece el asentamiento de producto foráneo en el mercado y agrava todavía más la pérdida de control sobre el recurso.

Ante este escenario, las cofradías insisten en que no piden «vivir de la pena ni de las subvenciones», sino que demandan que se compense el trabajo que ya están realizando y que se arbitren medidas extraordinarias para sostener al sector mientras se intenta recuperar la producción. En este sentido, recuerdan que, además del golpe directo a las mariscadoras y mariscadores, la crisis está afectando también a las propias cofradías y a la Lonja de Campelo, cuya actividad depende en gran medida del marisqueo. De hecho, aseguran que el pasado mes prácticamente no hubo ventas y que la comercialización actual es mínima, con la consiguiente repercusión sobre trabajadores, servicios y estructura de las entidades.

Una de las principales demandas del sector es que se permita a las propias cofradías asumir los trabajos de regeneración de los bancos marisqueros. Vázquez Nores defiende que sean los profesionales del mar quienes ejecuten estas labores, en lugar de recurrir exclusivamente a empresas externas contratadas para este tipo de actuaciones.

«Somos quienes mejor conocemos el terreno y quienes vivimos de él», resume la responsable de Lourizán, que plantea que las mariscadoras y mariscadores puedan encargarse de tareas como la remoción, acondicionamiento y recuperación de los bancos, recibiendo una compensación económica por ello.

La propuesta pasa por convertir esas labores de regeneración en una vía para mantener actividad, empleo y presencia en el mar mientras se trabaja en la recuperación del recurso. Para las cofradías, se trata de una fórmula que permitiría aprovechar el conocimiento directo que tiene el sector sobre cada zona productiva y, al mismo tiempo, ofrecer un incentivo real para que los profesionales puedan seguir vinculados a una actividad que, en muchos casos, constituye su medio de vida principal.

Los informes sobre la situación de los bancos ya han sido remitidos a la Consellería do Mar, que deberá ahora valorar el alcance de la crisis en las distintas rías gallegas y decidir qué medidas adopta. Mientras tanto, las cofradías del fondo de la ría de Pontevedra reclaman una respuesta urgente que combine apoyo económico, mantenimiento de las estructuras del sector y participación directa de los propios mariscadores en la regeneración de unos bancos de los que depende su futuro.

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