Memoria en femenino
Las fotógrafas que la historia dejó fuera del encuadre
El Museo de Pontevedra rescata en la exposición «Debuxar coa luz» la huella de varias pioneras del siglo XIX, entre ellas María Rodríguez, Cándida Otero y Generosa Carballo, nombres casi borrados de la memoria visual de la ciudad

Retrato de mujer de María Rodríguez. / DIPUTACIÓN DE PONTEVEDRA
Durante mucho tiempo la historia de la fotografía en Pontevedra se contó en masculino, pero detrás de algunos estudios, de muchos retratos y de no pocos negocios familiares también hubo mujeres. El Museo de Pontevedra ha decidido ponerles nombre y devolverlas al relato.

«Nena vestida de peregrina» de María Rodríguez. / DIPUTACIÓN DE PONTEVEDRA
La exposición «Debuxar coa luz. A fotografía en Pontevedra no século XIX», abierta en el Edificio Castelao hasta el 5 de abril, no solo reconstruye los inicios de la fotografía en la ciudad entre 1843 y 1900, sino que también corrige una omisión histórica, la de las primeras mujeres que trabajaron en este oficio en la Boa Vila. Comisariada por Cristina Echave Durán y Reis Camiña Castro, la muestra reúne unas 300 fotografías y más de un centenar de objetos de época para explicar cómo la cámara pasó de ser una novedad técnica a convertirse en una herramienta de memoria, negocio y representación social.

Cartel del negocio fotográfico de María Rodríguez. / DIPUTACIÓN DE PONTEVEDRA
El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, el Museo recordó a tres pioneras de las que existe constancia documental: María Rodríguez, viuda de Bocconi; Cándida Otero, viuda de Prósperi, y Generosa Carballo. El gesto tenía algo de reparación simbólica. No se trataba solo de recordar nombres olvidados, sino de subrayar hasta qué punto la historia del medio dejó a muchas mujeres en los márgenes, incluso cuando sostuvieron talleres, continuaron negocios o llegaron a firmar su propia obra.

Retrato que se conserva realizado por Generosa Carballo. / DIPUTACIÓN DE PONTEVEDRA
En la exposición, el Museo recuerda que, a partir de 1870, el crecimiento del oficio en Pontevedra vino acompañado por la instalación de nuevos profesionales, muchos de ellos foráneos, pero también por la aparición de autores locales. Entre ellos cita expresamente a Generosa Carballo Silva, a la que identifica como «una de las primeras pontevedresas dedicadas a esta profesión». La muestra inserta así su nombre en un relato del que hasta hace poco apenas formaba parte.
El caso de María Rodríguez, conocida como viuda de Bocconi, ilustra bien ese mecanismo de invisibilidad. El Museo explica que, tras la consolidación del oficio en la ciudad, entre los profesionales asentados en Pontevedra estuvo Patricio Bocconi y, posteriormente, «su viuda e hijo». La fórmula es reveladora, porque durante décadas el apellido del fotógrafo absorbió también la identidad profesional de la mujer que quedó al frente del estudio tras su muerte. Otras fuentes históricas recogen que María Rodríguez continuó el establecimiento ayudada por su hijo, lo que confirma su papel activo en la continuidad del negocio fotográfico familiar.
La trayectoria de Cándida Otero, por su parte, permite ir un paso más allá. Nacida en Pontevedra en 1846 y fallecida en Vigo en 1915, trabajó profesionalmente en fotografía durante 45 años, alcanzó prestigio entre la clientela y la crítica y se especializó en retrato femenino e infantil. La documentación reunida por el proyecto MAE y por el Álbum de Galicia del Consello da Cultura Galega muestra que no fue una mera acompañante de Felipe Prósperi, sino una profesional con recorrido propio, aunque su figura quedase durante mucho tiempo escondida bajo la marca comercial del estudio y bajo la condición de «viuda de».
Aún más frágil es la huella de Generosa Carballo. Según la información difundida por el Museo, se formó con Juan Caramés e intentó independizarse hacia 1898-1899, aunque esa tentativa no prosperó. De ella solo se conservan dos fotografías firmadas, dos retratos masculinos que el Museo exhibe como piezas excepcionales no solo por su rareza, sino porque son casi la única prueba material de una carrera que apenas dejó rastro.
Ahí aparece una de las ideas más poderosas de toda esta historia. El Museo señala que ni siquiera se conoce ninguna imagen en la que las retratadas sean María Rodríguez o Generosa Carballo. Han sobrevivido, en parte, sus trabajos, pero no sus rostros. Es una paradoja reveladora: mujeres que ayudaron a fijar la imagen de los demás y, sin embargo, quedaron fuera del encuadre de la memoria pública.
Ese rescate cobra todavía más valor dentro del conjunto de «Debuxar coa luz». La exposición no se limita al retrato de estudio, sino que recorre también la llegada de los daguerrotipos, ambrotipos y talbotipos, la expansión de la tarjeta de visita, la fotografía urbana, la documentación patrimonial, los usos científicos de la imagen y la irrupción de la prensa ilustrada local. Entre sus piezas destacan la vista de la plaza de Tetuán realizada hacia 1859, considerada una de las imágenes más antiguas conservadas de Pontevedra, y trabajos de autores como Francisco Zagala, cuya serie «Pontevedra Artística y Pintoresca» ayudó a construir la memoria visual de la ciudad.
Pero quizá la aportación más valiosa de la muestra no sea solo enseñar fotografías antiguas, sino cambiar la manera de leerlas. Porque al devolver al relato nombres como María Rodríguez, Cándida Otero o Generosa Carballo, el Museo de Pontevedra no añade una simple nota al pie, sino que reescribe el marco, y recuerda que la historia cultural de la Boa Vila, como tantas otras, estaba incompleta mientras ellas siguieran sin aparecer.
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