Impacto económico de la guerra de Irán
El gasóleo ahoga al sector pesquero, que avisa de que la situación «es inasumible”
Las cofradías de las Rías Baixas afrontan el encarecimiento del combustible tras casi dos meses de parón por el mal tiempo, con menos capturas, precios a la baja y nuevos sobrecostes en material

Barcos de pesca de bajura en la ría de Pontevedra. | GUSTAVO SANTOS
En el sector pesquero ya no se habla solo del invierno, de los temporales o de las semanas sin salir al mar. Ahora, cuando parte de la flota intenta recuperar la actividad, el problema viene en forma de factura. El gasóleo se ha disparado en pocos días y el golpe llega en el peor momento, con muchas embarcaciones saliendo de un parón largo y con campañas que ya han perdido su tramo más rentable.
El patrón mayor de Raxó, Iago Tomé, reconoce que el estado de ánimo es muy malo. «Esto ahora mismo es inasumible. Después del invierno que pasamos, con casi dos meses sin trabajar, nos encontramos con que el gasóleo, incluso en Portonovo, que es de los sitios más baratos, estaba ya a más de un euro, cuando hace una semana estaba a 60 céntimos». A ese sobrecoste se suma, explica, que el pescado tampoco acompaña. «Aunque el precio del pescado se mantuviera, ya sería un problema, pero es que además el choco, por ejemplo, bajó bastante con respecto a las primeras semanas», apunta.
Desde la cofradía de Portonovo, Martín Domínguez retrata una sensación parecida. «A parte del tiempo, que sigue siendo malo, y que llevamos sin salir al mar dos meses, ahora con esta subida del gasóleo a un euro y pico... Venimos de un invierno muy malo y ahora esto es un golpe duro», lamenta.
En la costa pontevedresa, además, el calendario juega en contra. Tomé recuerda que diciembre, enero y febrero eran meses fuertes para el choco y que ese momento ya quedó atrás. Se sigue yendo a esa especie, sí, pero donde antes había jornadas de 100 kilos ahora muchas veces se queda en 20 o 30. La centolla tampoco ha dado alivio. Según describe, la campaña ya fue floja y lo que queda ahora es apenas residual.
La raíz de esta nueva sacudida está lejos de Galicia, pero el impacto ha llegado de lleno a los puertos de aquí. La agencia de Naciones Unidas para el comercio y el desarrollo (UNCTAD) advirtió el 10 de marzo de que la escalada militar en torno a Irán ha alterado el tráfico por el estrecho de Ormuz, una ruta por la que pasa alrededor de una cuarta parte del petróleo transportado por mar. Ese atasco está elevando el precio del crudo, las primas de riesgo, los fletes y también el combustible marino, con un efecto que se extiende a toda la cadena de transporte y suministros.
En España, la subida se ha notado casi de inmediato. Los datos oficiales del Ministerio para la Transición Ecológica difundidos el 10 de marzo sitúan el precio medio del diesel en 1,759 euros por litro, frente a los 1,435 euros del 27 de febrero, el día antes del inicio de los ataques. Eso supone un alza del 22,6 por ciento en menos de dos semanas. La gasolina pasó en ese mismo periodo de 1,525 a 1,71 euros por litro.
En la bajura, esa diferencia no tarda en convertirse en un problema de viabilidad. «En mi caso llevo 1.000 litros de gasóleo, pero hay barcos que llevan 2.000 o 3.000. Se gasta una media de 100 litros diarios y eso son 100 euros al día solo en combustible», señala Tomé. En el cerco, añade, hay embarcaciones que pueden consumir 200 o 300 litros en una sola noche, según las horas de trabajo y la ruta.
El repunte del combustible, además, amenaza con arrastrar a otros precios. La disrupción en Ormuz puede repercutir también en la energía, fertilizantes, transporte y mercancías sensibles a los costes logísticos.
Por eso, en la ría de Pontevedra la reclamación ya no suena a advertencia, sino a urgencia. «Lo normal sería que toparan el precio del combustible, que le pusieran un máximo y no lo dejaran seguir subiendo», plantea Tomé. Después de dos meses con los barcos parados por el mal tiempo, la guerra se mide aquí en algo mucho más concreto que los partes internacionales, se mide en cada salida que deja de compensar, en cada red que cuesta más y en cada patrón que tiene que decidir si le sale a cuenta encender el motor.
Transporte
La subida del gasóleo no está golpeando solo a la pesca de las Rías Baixas. También el transporte por carretera empieza a advertir de que muchos viajes han dejado de ser rentables por el encarecimiento del carburante, hasta el punto de que parte del sector ya se plantea parar o seguir trabajando a pérdidas. En comarcas como Arousa, donde pesca, transporte y distribución están estrechamente conectados, el problema amenaza con extenderse a toda la cadena de actividad.
El impacto, además, no se limita al depósito de los vehículos o de los barcos. El encarecimiento del petróleo también se está trasladando al mantenimiento, a los suministros y al movimiento de mercancías, con el riesgo de que el golpe acabe repercutiendo en los costes de producción y en el precio final de los productos. Para un tejido económico ya muy castigado por semanas de mal tiempo y falta de actividad, el combustible se ha convertido en una nueva fuente de presión.
Redes y aparejos, también al alza
El problema tampoco acaba en el depósito. Iago Tomé avisa de que la subida del petróleo ya se nota en las redes y en los derivados del plástico, dos gastos que pesan especialmente en un oficio con márgenes estrechos y mucha dependencia del material. El sobrecoste no se queda en la energía y termina filtrándose también a mercancías, repuestos y aparejos que llegan de fuera.
Ese encarecimiento añade una nueva presión a embarcaciones que ya venían tocadas por el parón del invierno. En la pesca de bajura, cualquier aumento en redes, cabos, plásticos o piezas de recambio acaba teniendo un efecto directo sobre la rentabilidad, sobre todo en un momento en el que muchas salidas siguen pendientes de recuperar el ritmo perdido durante semanas de mal tiempo.
A esa presión económica se suma la incertidumbre sobre cómo llega el recurso después de tantos temporales. Domínguez insiste en que todavía es pronto para comprobarlo con certeza, pero en el sector existe la sensación de que hasta recuperar una salida más regular no habrá una foto real de la campaña. Tomé sí apunta a un efecto visible de tanta lluvia, ya que cuando el agua está «muy dulce» el pescado se va a más profundidad en busca de salinidad, lo que complica todavía más la faena.
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