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Entrevista | Mateo González Presidente de la Asociación de Vecinos de Mollavao

«El transformador simboliza el deterioro, pero también refleja el potencial de Mollavao»

La constitución oficial del colectivo marca un nuevo paso en la movilización vecinal que celebra mañana una reunión para exponer sus principales demandas

Mateo González, a la izquierda, junto a Roberto Leandrez, secretario de la asociación.

Mateo González, a la izquierda, junto a Roberto Leandrez, secretario de la asociación. / Rafa Vázquez

Pontevedra

La nueva asociación vecinal de Mollavao se presentará públicamente este jueves en una reunión abierta a las 20.00 horas en el edificio de la Xunta en Campolongo. El encuentro servirá para dar a conocer este nuevo colectivo, surgido a partir de la antigua agrupación informal de vecinos, y para exponer las principales inquietudes del barrio de la mano del presidente, Mateo González y el resto del equipo de la asociación.

—Hasta ahora existía un colectivo vecinal en Mollavao, ¿qué cambia con esta nueva asociación?

Lo que había era una agrupación informal de vecinos. Nunca llegamos a constituirnos legalmente como asociación. Ahora, parte de esas personas y también gente nueva decidimos dar el paso con estatutos y una estructura formal. Eso nos da otra solidez y otra capacidad de interlocución ante el Concello, la Xunta, la Diputación o la Subdelegación del Gobierno.

—¿Por qué han decidido dar este importante paso ahora?

Fue algo que empezamos a hablar el pasado noviembre, a raíz de conversaciones con el edil Xaquín Moreda durante la presentación de la reforma de parte del barrio. Ya era un consejo que nos habían dado otras administraciones para defender mejor los intereses de Mollavao. Además, eso permite ir más allá de la queja puntual y poder organizar actividades, solicitar subvenciones o incluso gestionar en el futuro algún equipamiento sociocultural.

—¿Con cuántas personas arranca la asociación?

De momento, la hemos constituido siete personas. En la etapa anterior éramos tan solo tres vecinos los que movíamos la agrupación informal. Ahora se suma gente nueva. Veremos cuál es la respuesta del barrio a partir de la presentación pública de mañana.

—¿Qué previsión tienen de participación vecinal ?

Mollavao tiene un perfil sociodemográfico bastante envejecido, así que muchas veces el apoyo no se nota tanto en redes sociales como en otros barrios. El feedback personal que recibimos es bueno. En las reuniones que hacíamos antes solía venir una decena de personas, así que todo lo que supere eso ya sería una buena señal de cara al futuro de la asociación.

—Uno de los temas que pondrán sobre la mesa es el antiguo transformador, ¿Cuál es su posición ?

Estamos absolutamente a favor de que el Concello lo adquiera y le dé un uso sociocultural. Es un edificio centenario, muy singular, y podría incluso llegar a ser considerado patrimonio. Lleva abandonado desde 1990 y su estado es ruinoso. Creemos que simboliza muy bien el deterioro y el abandono que sufre Mollavao y el potencial que tendría una recuperación bien hecha.

—¿Hay precedentes de una actuaciones similares?

Sí. En Santiago está el ejemplo de la Casa da Luz, en Galeras, que también era un antiguo transformador eléctrico reconvertido en centro cultural. Aquí ya hubo movimiento en torno a este edificio. En 2017 llegó a tener orden de derribo, pero el Concello la paralizó. Por eso creemos que es un inmueble recuperable y con valor.

—¿Cómo reciben los trabajos de reforma previstos en el barrio?

La reforma ronda los 3,5 millones de euros, es bienvenida. Va a actuar sobre un tramo de Rosalía de Castro y a crear un nuevo vial siguiendo el modelo urbano de Pontevedra. Nosotros, en general, estamos a favor, aunque también planteamos dudas y propuestas de mejora. Lo que subrayamos es que se trata de una actuación planteada hace casi una década. Es positiva, pero llega tarde.

—¿Cuál es su postura ante el derribo de los chalés militares?

Nos parece bien porque son un foco de insalubridad y degradación. El problema es qué ocurrirá después. Se ha hablado de una plaza pública, un edificio o un vial, pero a día de hoy no hay nada oficialmente planificado ni presupuestado. Ahí la asociación quiere exigir información y participar en el debate sobre el futuro de ese espacio.

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