Jornada inclusiva
Deporte para todos
En la pista la inclusión no se explicó, se jugó. Cientos de escolares descubrieron, a través del deporte adaptado, que la discapacidad no es una realidad ajena, sino parte de la vida cotidiana

Las sillas de ruedas protagonizaron gran parte de las estaciones del recorrido preparado por ENKI. / Rafa Vázquez
En el Pabellón Municipal de los Deportes de Pontevedra no hacía falta que nadie explicara demasiado lo que estaba pasando, bastaba con abrir los ojos. Más de 200 escolares de toda la provincia corrían de una estación a otra probando materiales deportivos adaptados, dejándose guiar y aprendiendo «casi sin darse cuenta», explica Sara González, directora del proyecto de la Fundación ENKI que busca que la discapacidad se entienda desde la experiencia compartida. Entre el ruido del juego y la curiosidad de los niños, la inclusión dejaba de ser un concepto abstracto para convertirse en algo concreto, físico y cercano.
Thais Pazos, estudiante de Terapia Ocupacional y una de las monitoras que participa en la actividad durante sus prácticas, lo resume con claridad: «Se trata de visibilizar el deporte adaptado, los diferentes tipos que hay y cómo se pueden adaptar». En su mirada, el valor de la jornada no está solo en enseñar reglas o materiales, sino en algo más profundo, ya que «para los niños es un gran paso, sobre todo para que lo normalicen», sostiene. La discapacidad está en la calle, en el deporte, en todos los ámbitos, y lo que se haga a estas edades es «imprescindible», concluye Pazos.

El voleibol fue una de las disciplinas que más disfrutaron. | RAFA VÁZQUEZ
La escena le da la razón. Los niños juegan, preguntan y se mueven sin parar, aprendiendo mientras se divierten. «Cuando les propones jugar, se lo pasan bien siempre, es totalmente distinto que desde el aula».
Sin embargo, antes de llegar a la pista hay un trabajo previo. Sara González cuenta que el proceso empieza en clase, con charlas de deportistas con discapacidad que relatan en primera persona su experiencia. «Antes de nada vamos al cole, porque así cuando vienen ya lo hacen con más predisposición, naturalidad y con menos prejuicios», señala González, que insiste en que una de las barreras más frecuentes sigue siendo la compasión mal entendida.
«Muchas veces lo primero que aparece es la pena», reconoce. «Pero es algo que se rompe muy rápido cuando escuchan, preguntan y ven que el deporte también es disfrute y autonomía». Ahí, argumenta, está la semilla más importante para solucionar los problemas del futuro, ya que también explican su aprendizaje en casa.
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