Previsiones de ocupación
El clima bélico arroja incertidumbre sobre una Semana Santa pendiente de reservas
Pontevedra parte con una ocupación hotelera en torno al 60 %, mientras Sanxenxo aún está a la espera del tramo final de contrataciones, marcado por la meteorología y el contexto económico

Grupo de turistas en las Ruinas de Santo Domingo, en Pontevedra. / GUSTAVO SANTOS
A poco más de quince días del inicio de la Semana Santa –este año el Domingo de Ramos es el 29 de marzo–, las Rías Baixas afrontan una campaña turística marcada por la cautela. El sector detecta movimiento, pero todavía no definitivo. A la habitual dependencia de la meteorología se suma en esta ocasión otro factor de peso, la incertidumbre económica derivada de la guerra de Irán y de una posible subida general de precios, un contexto que puede frenar decisiones de viaje, acortar estancias o retrasar reservas hasta el último momento.
En Pontevedra, los establecimientos parten con una base relativamente sólida. La presidenta de la Asociación de Hoteleros, Paula Lourido, sitúa en torno al 60% la ocupación estimada en estos momentos, una cifra que permite encarar el periodo festivo con optimismo contenido. «Las previsiones son positivas, aunque todavía moderadas debido a que nos encontramos en una fase intermedia de reservas», resume.
Y es que el escenario está todavía lejos de estar cerrado. «A día de hoy, el sector maneja una ocupación estimada en torno al 60%, con un ritmo de reservas que sigue creciendo progresivamente y que previsiblemente se reforzará en las próximas semanas», explica Lourido. Buena parte del resultado final dependerá, como ocurre cada año, del comportamiento de la demanda en los días previos a las vacaciones.
«Esperamos un volumen relevante de reservas de última hora, condicionado por la meteorología y la evolución del contexto económico», señala la representante hotelera. Por ahora, el mercado no está trasladando señales de alarma. «Las cancelaciones se mantienen dentro de niveles normales y no reflejan una preocupación específica del mercado», apunta la presidenta de los hoteleros pontevedreses, que resume así el momento actual: «Incertidumbre sí, pero queremos ser optimistas».
En Sanxenxo, donde la Semana Santa también suele decidirse en el último tramo, la lectura es parecida, aunque con más cautela a la hora de poner cifras sobre la mesa. El presidente del Consorcio de Empresarios Turísticos de Sanxenxo (CETS), Alfonso Martínez, admite que todavía no existe una previsión cerrada de ocupación porque el grueso de las reservas aún no se ha activado. «Ahora mismo estamos viendo que hay reservas, pero todavía no tenemos una cifra concreta de previsión. El grueso de las reservas suele llegar cuando faltan una o dos semanas, incluso diez días», explica.
Lejos de interpretar esa situación como una anomalía, Martínez la enmarca dentro del comportamiento habitual del destino. «Se están recibiendo reservas a un ritmo normal para lo que suele ser una Semana Santa a estas alturas», afirma. En su análisis conviven dos perfiles claros: el cliente que reserva con tiempo porque tiene decidido viajar y el que aplaza la decisión hasta contar con una previsión meteorológica más fiable. «El éxito de la Semana Santa depende mucho del tiempo», recuerda.
Pero este año, insiste el sector, no solo pesa el parte meteorológico. También cuenta la incertidumbre económica que puede arrastrar la guerra de Irán, sobre todo en un destino muy apoyado en el turismo nacional y en los viajeros que se desplazan por carretera. «Cualquier situación de inestabilidad económica preocupa», reconoce Martínez. «Nuestro grueso es turismo nacional, gente que se desplaza en coche, y todo influye», añade, aunque deja abierta una posible lectura favorable, «si la gente decide no viajar al extranjero por prudencia, puede optar por destinos dentro del país».
Con Pontevedra avanzando sobre una base ya visible y Sanxenxo pendiente del último acelerón, las Rías Baixas vuelven a afrontar una Semana Santa que se resolverá casi sobre la bocina. Como tantas otras veces, el desenlace dependerá del tiempo, pero en esta ocasión también del impacto que pueda tener en el ánimo y en el bolsillo de los viajeros un escenario internacional marcado por la guerra y por la amenaza de nuevos repuntes de precios.
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