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Entrevista | Irene Aschero Ruibal Cantante y profesora de canto

«La voz es el único instrumento que tiene la capacidad de sanar»

La nieta de la célebre coreógrafa argentina María Fux encabezará el 24 de mayo un espectáculo de sus alumnos en la sala Zennet

Irene Aschero durante el espectáculo que ofrecieron sus alumnos en la sede de la Asociación de Vecinos San Roque.

Irene Aschero durante el espectáculo que ofrecieron sus alumnos en la sede de la Asociación de Vecinos San Roque. / FdV

Pontevedra

Hija de la diáspora y el arte, Irene Aschero Ruibal es lo que ella misma define como una «gallega retornada». Criada en Argentina y de vuelta en Pontevedra desde hace un año, lleva la música y el movimiento en el ADN: su madre es cantante, su padre músico y su abuela fue María Fux, la célebre coreógrafa creadora de la danzaterapia en Argentina.

Tras celebrar recientemente una emotiva muestra con sus alumnos en la Asociación de Vecinos San Roque, la profesora encabezará el 24 de mayo en la sala Zennet un espectáculo que reunirá a sus alumnos, con edades comprendidas entre los 11 y los 70 años.

—Su vocación fue heredada

Totalmente heredada. Mi madre es cantante, gallega de aquí, de apellido Ruibal; mi abuela era bailarina y mi padre músico. La verdad es que no había muchas opciones en mi vida, nunca iba a ser abogada (risas).

—Pero no se limitó a subirse a un escenario, sino a enseñar. ¿En qué momento descubrió que su camino pasaba por ayudar a otros a encontrar su propia voz?

Creo que el puente me lo dio mi abuela, María Fux. Verla dar clases desde muy pequeña, estudiar con ella y observar cómo cambiaba los cuerpos de la gente a través de la danza me hizo entender que el canto también podía ser para todos. Me di cuenta de que no era algo elitista ni exclusivo para personas con un talento especial. La magia de la palabra unida a la música produce beneficios reales en la gente, y eso es lo que verdaderamente me gusta enseñar. Me gusta cantar, sí, pero me apasiona mucho más darle esa posibilidad a quienes creen que no tienen talento. Todos podemos cantar y comunicarnos. Tiene un poder terapéutico enorme: ayuda a transitar enfermedades, problemas familiares y a desbloquear sentimientos.

—¿Se relaciona el estado emocional y la capacidad vocal?

Están absolutamente vinculadas. Yo siempre digo que la voz es la palabra del alma; es el único instrumento que tiene la capacidad de sanar. Cuando estás mal, tu voz cambia; a veces escuchas a alguien por teléfono y, sin verle la cara, ya sabes que le pasa algo. Si estás enojada, contenta, si te has peleado, si estás enamorada o tienes problemas en el trabajo... todo se refleja en la voz. Por eso hay personas que llegan a clase con bloqueos de timidez, que sienten que les duele o les pica la garganta solo por el hecho de intentar expresarse. A mí no me importa en qué condiciones técnicas venga un alumno; lo que me importa es que durante esa hora que está conmigo se vaya feliz y logre sacar lo que lleva dentro.

—Vivimos en una época donde la industria musical abusa de herramientas digitales como el Auto-Tune. ¿Qué valor le otorga a la crudeza y la imperfección del canto orgánico?

Yo fui la primera profesora de canto de María Becerra durante dos años, cuando era muy pequeña, y hoy es una de las cantantes con más reproducciones. Ella trabaja mucho con lo digital y el Auto-Tune. Personalmente, no estoy de acuerdo y no me gusta la voz tratada, pero entiendo que hay géneros que utilizan esas herramientas para conseguir un sonido concreto o, a veces, para disimular deficiencias vocales. La música mueve mucho dinero y hoy existen otros caminos, como el de los influencers o los grandes compositores, que no son puramente vocales. Respeto muchísimo carreras como la de María, pero a nivel personal me interesa lo real.

El canto no es solo virtuosismo; en la música popular, el canto es comunicación. Yo quiero que un artista me emocione, que se cree un vínculo... No hay una sola regla que dicte que el virtuoso es siempre el mejor

—¿Es decir, prioriza la emoción sobre la técnica pura?

Exacto. El canto no es solo virtuosismo; en la música popular, el canto es comunicación. Yo quiero que un artista me emocione, que se cree un vínculo. Whitney Houston era una cantante maravillosa con una voz innegable, pero Camarón de la Isla también era un artista increíble, y ni Camarón podía cantar como Whitney, ni ella podía cantar flamenco. Hay millones de matices en el folclore, el cante jondo, el jazz o el blues. No hay una sola regla que dicte que el virtuoso es siempre el mejor.

—¿Cree que en nuestro entorno se le da a la educación musical la atención que merece, especialmente desde las instituciones?

Aquí en España veo que hay bastante vínculo con los conservatorios, tengo muchas alumnas que asisten a ellos. Intentan darle importancia, pero para mi gusto, a veces tienen un enfoque demasiado catedrático y poco personal. Cuando voy a ver coros o muestras de escuelas institucionales, noto que se centran mucho en cumplir a rajatabla los puntos del programa oficial. Tanto aquí como en Argentina la gente busca hacer actividades artísticas, pero el enfoque oficial a veces podría ser más humano.

—Después de tantos años guiando voces y educando oídos, ¿qué le sigue sorprendiendo del instrumento vocal humano?

Somos seres en evolución y, lamentablemente, cada vez es más difícil sorprenderse porque parece que ya está casi todo inventado. Pero cuando aparece algo genuino, me encanta. Lo más hermoso de la voz sigue siendo su capacidad de comunicación: sirve para amar, para llorar, vincularse con el otro, pero también para la resistencia y la política. Y tiene una cualidad maravillosa: es universal. A veces escuchamos una canción sin entender el idioma en el que está cantada y, aun así, nos llega directamente al corazón. Eso todavía me sigue emocionando.

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