Casco histórico
Malestar vecinal en el barrio pontevedrés de Santa María por la vuelta del trapicheo
Temen que el uso de edificios en ruinas para el menudeo haga regresar el barrio a la década de los 80

Uno de los edificios que se han utilizado puntualmente para el trapicheo. / RAFA VAZQUEZ
Los vecinos del barrio de Santa María están preocupados por el uso de algunos edificios en ruinas en la zona monumental para el trapicheo. Concretamente, en uno de los portales del inmueble donde en tiempos se ubicaba el bar «O Cortello», en un lateral de la basílica, se han colado en más de una ocasión personas para practicar el menudeo de drogas. Ahora, su puerta, sellada con una cadena, impide ese paso, pero la alerta vecinal ya está encendida, porque se pueden buscar otras ubicaciones.
«No queremos otra vez drogas por aquí», asegura una de las vecinas, que recuerda aquellas décadas pasadas en las que el Campillo de Santa María se convirtió en un gueto.
Y es que más de una vez han sido testigos de prácticas ilícitas, ya que se usa la calle de Isabel II como punto de encuentro para el intercambio de mercancía.
Hay que destacar que esta zona en concreto ha sufrido un cambio espectacular en los últimos años, con numerosas rehabilitaciones de edificios enteros y viviendas particulares para el uso residencial, lo que dio giro positivo tanto visual como social al barrio.
Los propios vecinos se han tenido que enfrentar a los individuos pidiéndoles que no usen la zona como un lugar de trapicheo, a la vista de los encuentros que mantenían.
El recuerdo de los «tirones»
Las décadas de los ochenta y los noventa marcaron la historia reciente del Campillo de Santa María. Durante los ochenta los vecinos de Pontevedra apenas cruzaban esa zona del casco histórico, ya que era la época dura de las drogas en Galicia y eran frecuentes los robos con tirón. Los sufrían incluso las amas de casa cuando se dirigían al Mercado por Arzobispo Malvar.
En los noventa ese problema continuaba, y a él se unió el auge del «botellón», con cientos de jóvenes bebiendo en la calle que impedían el normal descanso de los vecinos.
El punto de inflexión fue el año 2008. Después de una lucha vecinal importante, se consiguió que entrase en vigor una ordenanza municipal que impedía que se bebiese en la calle y se trasladó el «botellón» a las inmediaciones del Recinto Ferial.
Muchos de los vecinos que entonces apoyaron esa pelea por lograr la calma en el barrio ya no viven, pero otros todavía siguen disfrutando de los espacios públicos a pie de sus viviendas. Lo que menos desean ahora es que Santa María vuelva a convertirse en un lugar de menudeo, con las consecuencias que eso conlleva.
«El ambiente ahora es muy distinto. Nos gustaría que eso siguiera así. No queremos que vuelvan tiempos pasados, porque no es bueno para nadie», dice a FARO uno de los vecinos.
Por el momento, la situación está controlada, pero seguirán atentos para que no vaya a peor.
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