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Bienestar animal

Esterilización sin piloto automático

Cada vez más, deja de ser una medida improvisada y se convierte en una decisión informada y preventiva. La veterinaria Sandra Novo, de la clínica Peluxa, defiende un enfoque individualizado para cada caso

La esterilización deja de ser una solución de urgencia para convertirse en una decisión meditada.

La esterilización deja de ser una solución de urgencia para convertirse en una decisión meditada. / RAFA VAZQUEZ

Pontevedra

La esterilización en veterinaria está dejando de entenderse como una medida de urgencia tras una camada inesperada para convertirse en una decisión preventiva, informada y planificada. Así lo perciben profesionales como Sandra Novo, de la clínica Peluxa, que nota «mucha más responsabilidad» entre los propietarios y menos consultas motivadas por «camadas indeseadas». En la misma línea, Cristina Monroy, de la Clínica Noso Can & Cat, observa una mayor concienciación, especialmente por la salud de los animales.

Ambas veterinarias coinciden en que el debate no debería formularse como «castrar a todos» sin matices, sino valorar cada caso de forma individual. Novo insiste en que el asesoramiento debe adaptarse a la especie, el tamaño, la madurez y la conducta del paciente. Recuerda que las hormonas sexuales cumplen funciones importantes antes de la pubertad, por lo que lo ideal es evitar las castraciones prepuberales. Aun así, existen pautas orientativas. Monroy señala que una referencia general es esterilizar alrededor de los seis meses o tras el primer celo para reducir el riesgo de cáncer de mama. En perros muy grandes, sin embargo, recomienda esperar más —entre nueve meses y un año— por motivos médicos y de desarrollo.

El criterio se ha afinado en parte por lo aprendido tras el «boom» de esterilizar demasiado pronto. Novo explica que, en perras grandes, una cirugía precoz se ha asociado a más riesgo de incontinencia y a mayor prevalencia de tumores óseos. En machos intervenidos antes de completar su madurez, se han observado más conductas problemáticas. Por eso, en perros la recomendación depende del perfil de cada animal. En hembras sin problemas de conducta, Novo suele aconsejar esperar al primer o segundo celo y entonces valorar la intervención.

En gatos el enfoque es distinto. Novo afirma que la castración es «prácticamente necesaria» en la mayoría de casos por control poblacional y abandono. Las gatas pueden encadenar celos con desajustes hormonales y presentan mayor riesgo de tumores mamarios o infecciones uterinas si no se interviene. A ello se suman conductas como el marcaje, que muchos propietarios identifican rápido. Además, Monroy destaca un motivo frecuente de urgencia: durante el celo aumenta el riesgo de caídas desde ventanas, el llamado «síndrome del gato paracaidista».

Los beneficios sanitarios son claros: en hembras se previenen infecciones de útero y se reducen tumores mamarios; en machos disminuyen tumores testiculares y problemas prostáticos.

En paralelo, han cambiado las opciones. Monroy recuerda que pastillas y pinchazos se dejaron de fabricar por sus efectos secundarios, aunque hoy existen implantes subcutáneos temporales para casos seleccionados. En Peluxa, además, apuestan por laparoscopia, una cirugía mínimamente invasiva con pequeñas incisiones, menos trauma y recuperación más rápida, útil incluso en colonias felinas para intervenir y devolver gatas ferales en el día. Pese a que es más costosa, Novo subraya que, con buena información, la esterilización pasa a ser una decisión meditada por salud y bienestar.

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