Consecuencias de los temporales
Deshumidificadores al rescate
La humedad se ha convertido en el gran problema de este invierno en Pontevedra. Con las casas cerradas durante más tiempo, la condensación se acumula en cristales y paredes y la ropa tarda días en secarse

Deshumidificadores de diferentes capacidades. / Rafa Vázquez
La lluvia y, en consecuencia, la humedad se han convertido en las grandes protagonistas del invierno en toda la comarca. Tras semanas de precipitaciones casi ininterrumpidas, muchos vecinos se han visto empujados a buscar un aliado doméstico: el deshumidificador.
En las tiendas de electrodomésticos lo notan desde que el cielo decidió no dar tregua. La escena se repite: ropa que tarda una eternidad en secarse y cristales llenos de condensación en el lado interior.
«Lleva muchísimo tiempo lloviendo y la humedad es brutal. Los porcentajes rozan el 90% de humedad relativa», resume Benito Domínguez, responsable de Euronics Mardy. Para él, la etiqueta de este invierno está clara: «Este año no ha sido frío; ha sido húmedo».
Y esa sensación se traslada a las ventas, con una demanda que no afloja pese a que se acerca marzo. «Antes, en enero se dejaban de vender; este año seguimos vendiéndolos a diario», asegura. El pico, añade, se ha alargado y se reparte entre «deshumidificadores y secadoras».
En Star Electrodomésticos, José Alberto Gago confirma la misma tendencia argumentando que «el pico normalmente suele ser entre finales de octubre y principios de enero, pero este año no está siendo normal».
La razón es simple, ya que, con este clima, «las casas pasan más tiempo cerradas y se acumula más humedad». Por eso, el aparato acaba siendo una compra «casi obligatoria» para aliviar el exceso de condensación en el hogar.

La secadora es la mejor opción para la colada. / Rafa Vázquez
Los clientes suelen llegar con dos problemas recurrentes. «La gente viene por la ropa y por la humedad en casa», resume Gago. «Te cuentan que aparece condensación en los cristales o que, en las esquinas de las paredes, empieza a salir un poquito de humedad», describe.
A la hora de elegir la máquina, ambos coinciden en que la clave es acertar con la capacidad de extracción diaria. En pisos, se demandan sobre todo modelos de entre 10 y 12 litros al día; para viviendas más grandes, recomiendan saltar a los de 20 litros para un rendimiento óptimo.
Sobre los precios, Domínguez sitúa los de 10 litros «entre 120 y 150 euros» y los de 20 litros «a partir de 200, según la marca». Gago aconseja comprar pensando en el espacio más amplio de la vivienda. «Debemos escoger un deshumidificador que cubra el hueco más grande de nuestra casa», cuenta, ya que luego se puede mover sin problema por el resto del inmueble.
Pero comprar no lo es todo: usarlo bien marca la diferencia. Domínguez insiste en el error más habitual: «Si pongo un deshumidificador y abro la ventana, la humedad se equipara rápidamente». Por eso advierte de que ventilar en exceso «es malísimo en días de lluvia».
Gago, en cambio, apuesta por el equilibrio. «No ventilar no es bueno, pero hacerlo en exceso tampoco», porque la humedad exterior entra con facilidad y echa a perder el trabajo previo. Además, recuerda que en viviendas muy bien aisladas, «si hay humedad dentro, no se va con facilidad», de modo que termina condensándose.
La secadora gana enteros
Cuando el problema principal es la colada, entra en juego otro electrodoméstico: la secadora. Domínguez lo plantea sin rodeos: para secar la ropa, sigue siendo lo más eficaz.
En ese apartado, explica, la eficiencia pesa más que el precio inicial. «La gente opta casi siempre por la bomba de calor», porque además de ser «la mejor opción», consume «mucho menos»: modelos de entre 600 y 900 vatios frente a «más de 2.000» en los de resistencia.
Mientras que la demanda de calefacción se mueve «más o menos como siempre», en palabras de Gago, este invierno deja un titular distinto al de otros años: la humedad se ha colado en las casas y ha cambiado la lista de la compra.
Así, el deshumidificador se ha convertido en el aliado más buscado para recuperar la comodidad en los hogares y para que la ropa vuelva, por fin, a secarse.
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