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Efectos del temporal

Los mariscadores de la ría temen un año peor que 2023

La baja salinidad del agua por las intensas lluvias afecta directamente a la mortandad

Marisqueo a pie en el banco de A Seca y Combarro.

Marisqueo a pie en el banco de A Seca y Combarro. / Gustavo Santos / GUSTAVO SANTOS

Pontevedra

El marisqueo a pie del fondo de la ría de Pontevedra mira al final del invierno con inquietud. Tras semanas de lluvias intensas y temporales, el sector teme que el impacto del exceso de agua dulce y la caída de la salinidad se traduzcan en una nueva crisis en los bancos. «Yo creo que puede ser un año peor que el 23», señala Elena Padín, presidenta de las mariscadoras de Raxó, en una valoración que comparten otras agrupaciones de la ría.

La actividad lleva semanas condicionada por el mal tiempo y, sobre todo, por la prudencia ante un marisco debilitado. Padín explica que, en las comprobaciones realizadas, «de momento parece que no hay mucha mortandad», pero insiste en que la fotografía real todavía está por hacer. «Mientras no vayamos a trabajar y hasta remover el suelo no sabremos exactamente lo que puede haber», explica. El temor es que el problema esté oculto bajo el sedimento y aflore cuando se retomen las labores habituales.

El sector relaciona el riesgo con la entrada masiva de agua dulce, que altera el equilibrio de los bancos. «Está bajando mucho la salinidad del agua» y, con el caudal de los ríos sumado a la lluvia constante, «la cosa no pinta bien», reconoce Padín. A esa presión se añade el mar de fondo, que complica el estado de las playas y puede desplazar ejemplares o cubrirlos con arrastres. «Tanta agua, tanta lluvia y tanto mar de fondo siempre echa algo afuera», advierte.

Con la vista puesta en una breve mejoría meteorológica, las mariscadoras prevén salir este viernes a una zona del fondo de la ría para realizar un primer reconocimiento sobre el terreno. La intención es aprovechar la tregua para comprobar cómo están los bancos y evaluar si hay almeja en condiciones, después de días en los que el temporal dejó restos y acumulaciones en la orilla. En una revisión previa, relata Padín, se localizó almeja japónica viva, un dato que da margen para empezar a medir daños y actuar a tiempo en las áreas más afectadas.

La preocupación no es solo ambiental, también económica. El parón alarga un escenario de ingresos mínimos y gastos que no se detienen, como seguros y cuotas. Padín recuerda que las ayudas, cuando llegan, están ligadas a acreditar niveles de mortandad, algo que ahora mismo sigue siendo una incógnita. «La situación ya sabemos que no pinta bien, pero lo que es la mortandad en sí, hasta que empecemos a trabajar y miremos no vamos a tener datos concretos», insiste. En el sector, el miedo es que, cuando por fin se pueda trabajar con normalidad, la ría confirme el peor pronóstico.

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