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Tecnología social

Inteligencia artificial contra la tristeza

La coach Lucía Lourido lidera una inusual campaña: combatir la «grisura» emocional y la ansiedad social repartiendo canciones creadas con IA que transforman el trauma en ritmos de reguetón, rock y pop

Lucía Lourido, con uno de los carteles que reparte por la ciudad.

Lucía Lourido, con uno de los carteles que reparte por la ciudad. / Gustavo Santos

Pontevedra

En una era donde la tecnología a menudo se percibe como una herramienta que aísla, la coach y escritora Lucía Lourido se propone darle la vuelta al guion. Armada con un taco de folletos y una determinación inquebrantable, recorre comercios y calles con un objetivo claro: regalar verano en mitad del invierno, literal y metafórico.

Su iniciativa, bautizada como «Yo soy el verano, aunque el mundo esté nublado», no es una campaña de marketing al uso, sino una intervención emocional. Se trata de una playlist de canciones creadas mediante Inteligencia Artificial, diseñadas para contrarrestar el mal humor, la falta de propósito y la ansiedad que parecen haberse cronificado en la sociedad actual, en especial en esta época de lluvias constantes, con cielos grises un día tras otro.

«Crear canciones con letras positivas es un sueño que siempre había tenido», confiesa Lourido. Tras años comunicando a través de libros y cursos, la coach encontró en la inteligencia artificial al socio creativo que le faltaba. La tecnología pone la voz y la melodía; ella, la experiencia vital y la lírica de la superación.

Y es que Lourido no compone desde la ingenuidad, sino desde la herida. «He ido mucho a terapia y a cursos de crecimiento personal. Mis historias cuentan mi propia transformación», explica. Así, la depresión, la soledad, el desamor o los desafíos económicos se procesan y se devuelven al mundo convertidos en tracks de rock, dance o reguetón.

La premisa es democratizar la terapia a través del ritmo. «No se trata solo de pensar en positivo», matiza la autora, alejándose del optimismo tóxico. El objetivo es que, entre estribillo y estribillo, el oyente absorba mensajes sobre coherencia, respeto propio y establecimiento de límites. «Al cantarla en el día a día, te vuelves más feliz porque estás actuando más en coherencia contigo mismo», asegura.

Paradójicamente, la distribución de esta «medicina musical» es puramente analógica. Lourido visita tiendas y habla con la gente cara a cara, entregando folletos con un código QR que da acceso gratuito a las canciones. Estas también se pueden escuchar en www.lux.tv.

La respuesta ha sido el mejor termómetro de la necesidad social de este proyecto. «En el primer sitio en el que paré me dijeron: ‘A mí dame 20’», relata Lourido, sorprendida por la acogida. La iniciativa ha resonado especialmente entre personas de diversas culturas, como la comunidad latinoamericana, que según la autora, «están más conectados con la espiritualidad y entienden que esto hacía muchísima falta».

Los comercios se han convertido en aliados inesperados, transformándose en puntos de difusión de bienestar. No hay transacción económica (Lourido financia los materiales), solo un intercambio de energía.

En un momento global marcado por noticias negativas y una sensación generalizada de incertidumbre, «yo soy el verano» se plantea como un acto de contestación pacífica. Lourido consigue que la IA, a menudo temida por su capacidad de deshumanizar, sirva aquí para lo contrario y conecte a las personas con su propia esencia.

La próxima vez que vea un folleto en el mostrador de su tienda habitual, pruebe a no ignorarlo. Quizás al escanearlo encuentre la frase exacta que necesitaba para despejar sus propias nubes. Como dice la autora: «Mi historia de transformación ahora es una canción para que tú encuentres tu propia verdad».

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