Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Religión

Grupos de Portugal y Madrid festejan un siglo de la aparición del Niño Jesús

La Casa del Inmaculado Corazón María acogió un retiro espiritual desde el pasado viernes que dio paso ayer a numerosos oficios

Fieles, ayer, en el patio de la Casa del Inmaculado Corazón de María, donde se sucedieron los oficios durante toda la jornada.

Fieles, ayer, en el patio de la Casa del Inmaculado Corazón de María, donde se sucedieron los oficios durante toda la jornada. / Rafa Vázquez

Pontevedra

Se cumple un siglo que un edificio ordinario en Pontevedra se convirtió para la tradición católica en escenario de lo extraordinario. Ayer los fieles conmemoraron el centenario de la aparición del Niño Jesús a sor Lucía, la vidente de Fátima, en una celebración que desafió al mal tiempo y llenó de vida la Casa del Inmaculado Corazón de María (antes santuario de las Apariciones), atendida por la Familia Religiosa del Verbo Encarnado.

La jornada dominical fue el culmen de un fin de semana intenso que comenzó con un retiro espiritual celebrado el viernes y el sábado, preparando el terreno para la afluencia de fieles. Desde primera hora, grupos procedentes de Madrid, diversos puntos de Portugal y otras regiones se congregaron en el recinto. Destacó la presencia intergeneracional: familias, padres con niños pequeños y jóvenes se desplazaron hasta el lugar, participando en los actos litúrgicos.

La logística para acoger la efeméride fue notable. Voluntarios y religiosas de la congregación acogieron a los peregrinos y además se habilitó una carpa en el patio para esquvar la lluvia. Allí se sucedieron los rosarios meditados, intercalados con la celebración de misas a lo largo del día.

A pesar de que la meteorología de las últimas semanas, marcada por lluvias y tormentas, ha complicado el inicio de este Año Jubilar, el optimismo en el santuario es palpable. «Tenemos muchos grupos ya anotados para este año de todo el mundo, realmente», confirma la madre superiora, María de Iranzu Revilla, anticipando que la afluencia crecerá conforme el tiempo se estabilice el próximo mes.

Explica que la historia comenzó con un acto tan cotidiano como tirar la basura. «Hace 100 años, el Niño Dios se le apareció a Sor Lucía aquí en el patio en dos ocasiones», detalla la Madre María de Iranzu. En el primer encuentro, que Sor Lucía no registró inicialmente en sus memorias con fecha exacta, la vidente se topó con un niño de entre 8 y 10 años. Haciendo gala de su vocación de catequista, Lucía le preguntó si sabía rezar. Ante la timidez del pequeño, ella le enseñó una plegaria específica para recitar en la iglesia de Santa María: «Oh, Madre mía del cielo, dadme a vuestro Niño Jesús».

A pesar de que la meteorología de las últimas semanas, marcada por lluvias y tormentas, ha complicado el inicio de este Año Jubilar, el optimismo en el santuario es palpable. «Tenemos muchos grupos ya anotados para este año de todo el mundo, realmente», confirma la madre superiora, María de Iranzu Revilla

Fue en un segundo encuentro cuando lo sobrenatural se manifestó. «¿Y fuiste a Santa María a pedirle a la Virgen que te muestre el Niño?», le preguntó Lucía al volver a verle. La respuesta del pequeño cambió la historia: «¿Y tú has propagado por el mundo lo que la Madre del cielo te ha pedido?».

«En ese momento se convierte todo en brillante, refulgente, y ella se da cuenta de que no es cualquier niño, es el Niño Dios», explica la religiosa. Fue este diálogo el que impulsó definitivamente la devoción al Inmaculado Corazón de María y la comunión reparadora de los cinco primeros sábados, venciendo las dudas y dificultades que Lucía enfrentaba con sus superiores gracias a la promesa divina: «Con mi gracia lo podrán todo».

Para la comunidad y los fieles, lo vivido en Pontevedra va más allá de la conmemoración histórica. El padre Floriano, durante la homilía matinal, calificó el lugar como «Tierra Santa», recordando que allí donde aparecen Jesús y la Virgen, el suelo se vuelve sagrado.

«Este lugar es un pedacito de cielo aquí en la tierra», destaca María de Iranzu con emoción. «Es fuente de mucha gracia y misericordia. La Virgen y el Niño Dios quieren curar los corazones doloridos por el pecado y las penurias. Todos los que vienen acá con el corazón roto, se van ciertamente con el corazón sanado».

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents