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El sol indulta a la gran cita del Carnaval

Con el sol como celebrado invitado de honor tras semanas de ausencia, la ciudad del Lérez se sacudió este sábado el invierno en el desfile de Entroido. Los pontevedreses se echaron masivamente a la calle para celebrar con música en directo y color el ingenio, la camaradería de los integrantes de grupos y comparsas y su buen humor, demostrando que ni el mal tiempo se atreve a eclipsar el Carnaval.

Pontevedra

El astro rey, ese gran ausente que ha esquivado las Rías Baixas durante semanas, decidió conceder una tregua y erigirse en el invitado de honor del sábado de Carnaval. Aunque el termómetro no acompañó con calidez térmica, la luz solar sí bañó una tarde en la que los pontevedreses visibilizaron masivamente sus ganas acumuladas de celebración. Ya desde el mediodía, el centro de la Boa Vila se transformó en un hervidero intergeneracional donde grupos de amigos y familias enteras caldearon el ambiente. Fue un desfile previo y espontáneo donde abejas, romanos, superhéroes y mosqueteros se mezclaron con bebés en carritos y abuelos que no quisieron perderse la fiesta, anticipando la gran eclosión de la tarde.

La interacción de los grupos y comparsas con el público fue constante. | RAFA VÁZQUEZ

La interacción de los grupos y comparsas con el público fue constante. | RAFA VÁZQUEZ

Puntual a su cita y con la solemnidad que requiere el cargo, el barco patroneado por el Rei Urco, monarca del carnaval local, abrió la comitiva marcando el paso de una marea multicolor. Fue un desfile de contrastes y volumen, donde destacó la participación ciudadana. Agrupaciones multitudinarias como Os 100Tolos, llegada desde Campelo, o la espectacular «A maxia do circo» de Ponte Caldelas, demostraron su gran poder de convocatoria, integrando en sus filas desde veteranos jubilados que llevaban semanas ensayando las coreografías, hasta pequeños que acompañaban a sus madres en el recorrido.

Os das Pistas parodiaron la lucha de los clientes con las gaviotas. | RAFA VÁZQUEZ

Os das Pistas parodiaron la lucha de los clientes con las gaviotas. | RAFA VÁZQUEZ

Sin embargo, el ojo crítico de la ciudad echó en falta la tradicional carga de parodia mordaz que suele definir al Carnaval. Si bien la estética y la fantasía dominaron la pasarela de asfalto, la sátira política y social brilló, aunque con menos intensidad que en otras ediciones doradas. Las excepciones a esta regla, eso sí, fueron notables y celebradas por el público. «La banda del Peugeot» puso la nota de actualidad política estatal con una puesta en escena teatral que incluía a Ábalos, Koldo y Pedro Sánchez al volante, llevando en el maletero a un Puigdemont bien surtido de chistorras.

«La banda del Peugeot» puso la nota de actualidad política estatal . | RAFA VÁZQUEZ

«La banda del Peugeot» puso la nota de actualidad política estatal . | RAFA VÁZQUEZ

No faltó tampoco la referencia local al glamour cinematográfico, con un guiño a los Premios Feroz y una atractiva y elegante Yurena que fue merecidamente piropeada durante el trayecto.

Miles de pontevedreses siguieron en las calles el multitudinario desfile de Entroido, que protagonizaron una decena de comparsas. | RAFA VÁZQUEZ

Miles de pontevedreses siguieron en las calles el multitudinario desfile de Entroido, que protagonizaron una decena de comparsas. | RAFA VÁZQUEZ

En clave puramente local, los pregoneros del Entroido, el veterano grupo pontevedrés Os das Pistas, arrancó carcajadas replicando la terraza de la emblemática cafetería Blanco y Negro, escenificando con humor la eterna lucha de los clientes contra las inoportunas gaviotas ladronas de churros.

El buen humor y el ritmo volvió a definir la comitiva. | RAFA VÁZQUEZ

El buen humor y el ritmo volvió a definir la comitiva. | RAFA VÁZQUEZ

Por su parte, la agrupación Vamos a Todo, otros veteranos del Carnaval local, transformó la actualidad inmobiliaria en comedia con «A Eiriña, la residencia de las tentaciones», bajo la atenta y digital mirada de un Amancio Ortega proyectado en pantalla gigante mientras se cierran los locales de ocio nocturno.

Numeroso público acudió disfrazado. | RAFA VÁZQUEZ

Numeroso público acudió disfrazado. | RAFA VÁZQUEZ

Por su parte, la nostalgia tuvo su espacio estelar de la mano de «Imos xogar», que reivindicó la infancia analógica frente a la digital con un colorido despliegue de muñecas Barbie, trompos, combas y tirachinas. La comitiva se completó con una amalgama de creatividad: desde las ágiles patinadoras de la Escuela de Patinaje de Pontevedra hasta toreros, picadores o modernos riders prestos a entregar comida en sus bicis y patinetes.

Parodia «A Eiriña, la residencia de las tentaciones». | RAFA VÁZQUEZ

Parodia «A Eiriña, la residencia de las tentaciones». | RAFA VÁZQUEZ

Mención aparte merece la originalidad de una pareja de samuráis, cuyas armaduras fueron laboriosamente elaboradas con jeringuillas. Todo ello evidenció un cambio de tendencia sociológica: el bajón del disfraz individual o de parejas y los grupos de parodia ha cedido el protagonismo casi absoluto a la fuerza colectiva de las comparsas.

Tras el paso de la última carroza, la animación se trasladó a la plaza de A Ferrería y a los locales del centro histórico.

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